En el parque Rafael Uribe Uribe, el mirón que soy se detiene ante una pareja de adolescentes que se tocan con la voracidad de quien duda de su propia existencia y cree recuperarla en la piel trémula del otro.
GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado Grisales

En cierta medida, los parques son la escritura de las ciudades. En ellos, habitantes y visitantes leen o intentan leer los relatos dejados en prados, árboles y bancas por quienes los frecuentan.

Por eso mismo, el parque es el lugar donde la ciudad se concede una tregua en su batalla cotidiana contra el vértigo y la desazón.

Bien vale la pena entonces volver a ellos. Al carácter obvio o impredecible de sus nombres, casi siempre dedicados a próceres que nunca lo fueron. A su aleteo de pájaros exiliados. A su antología de imágenes irrecuperables. A sus pequeños ritos.

En el parque Rafael Uribe Uribe, el mirón que soy se detiene ante una pareja de adolescentes que se tocan con la voracidad de quien duda de su propia existencia y cree recuperarla en la piel trémula del otro.

En el Olaya Herrera, envuelto en una nube de marihuana cultivada en la sierra, un chico de veinte años ensaya, como lo hicieran sus iguales veinte, treinta, cuarenta años atrás, la tonada de Stairway to Heaven, esa cuerda que Led Zeppelin nos tendió para alcanzar lo más abismal de nosotros mismos.

En el parque de La Libertad, entre el mural de Lucy Tejada y una estación de policía, “La puta más vieja del mundo”, como la bautizara el escritor Alberto Verón en una crónica de dos décadas atrás, pasea su escualidez en abierto desafío a los poderes del tiempo y la muerte.

Unos pasos más allá, un anciano de sombrero y líchigo intenta lo imposible: que algún transeúnte se interese por el lorito de la buena suerte, en unos tiempos en que el destino revela sus designios a través de Instagram.

Cruzo el viaducto, camino unas treinta cuadras, y en el lago de La pPradera el último descendiente de los viejos gitanos le pica pasto a un caballo que, a juzgar por el costillar, supo de tiempos mejores.

Estoy en Dosquebradas, una localidad sin plazas, es decir, desplazada: sus primeros habitantes fueron desarraigados que llegaron empujados por las violencias y por la promesa de empleo de las primeras fábricas extranjeras que se instalaron aquí cuando el lenguaje de la corrección política no había inventado la palabra globalización.

Sigo mi ruta y en el parque Guadalupe Zapata, en la ciudadela Cuba, me detengo ante un grupo de desempleados que ensayan números de circo como alternativa para llevar el pan a casa. Después de todo la vida entera es un caminar sobre la cuerda floja.

De vuelta al centro recupero a Bolívar en cueros bajo un sol despiadado. En su vecindario varios hombres juegan ajedrez con el aire adusto de viejos campeones soviéticos. A su manera, son sobrevivientes de su propia Guerra Fría.

Tenemos parques para todas las edades y gustos. Los más viejos prefieren el centro de siempre, allí donde es más probable encontrar un contertulio para compartir un café o jugar una mano de cartas sentado en las bancas cagadas por las palomas. Los muchachos optan por parques recién construidos y adaptados para el patinaje o para la práctica de alguna danza urbana. Las putas de tacón en la pared se inclinan por los parques con claroscuros: cuantas más bombillas fundidas, mejor.

El parque es a la vez jeroglífico y palimpsesto. Orinal público o sucedáneo del correo electrónico: “Odiosa (¡Oh diosa!): no cumples ni años”, leo en un muro junto al monumento dedicado al mexicano Benito Juárez. Si señores: de esas tierras no solo llegaron las películas de Cantinflas y las canciones del gran José Alfredo Jiménez.

Regreso al parque del lago Uribe Uribe. La pareja de adolescentes abandona su precario escondite con un envidiable aire de satisfacción en la mirada. Por lo visto, alcanzaron la recompensa del sosiego. El sosiego que el ciudadano apurado se niega una y otra vez por desidia, por miedo o porque hace tiempo perdió la costumbre de estar vivo.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

 https://www.youtube.com/watch?v=bF0k0Sqv8NM