MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINACorrea es el presidente que está golpeando la libertad de expresión más fuerte que ningún otro país en América Latina, con excepción de Cuba. Ni el señor Snowden ni el señor Julian Assange (fundador de Wikileaks) representan la auténtica libertad de expresión. Son instrumentos voluntarios o involuntarios de fuerzas profundamente antidemocráticas. Mario Vargas Llosa.

Por: Miguel Ángel Rubio

Latinoamérica se ha volcado, con toda razón, a apoyar a uno de los presidentes más pintorescos y populares del continente, Juan Evo Morales Ayma, debido a la negativa de algunos países europeos para que el avión presidencial del mandatario boliviano cruzara sus espacios aéreos en  su trayecto de Moscú a La Paz, después de su participación en el congreso de países productores de gas.

Las razones que alegan estos países de la zona Euro es la de que había una información de la DEA, la cual afirmaba, sin ningún fundamento, que en dicha aeronave presidencial iba asilado Edward Snowden, el nuevo Assange del espionaje estadounidense, quien se encuentra en un aeropuerto de Moscú desde hace casi 20 días.

Sobre este suceso se vienen diciendo muchas cosas y especulando otras. Que es una ofensa a Latinoamérica, sí.  Que Europa, de acuerdo a la corriente ideológica, al origen económico, al país, pero sobre todo (y esto es un signo permanente en ellos), a su raza, considera, como en la Rebelión en la Granja de Orwell, que hay unos presidentes más iguales que otros, también. Que España, Italia, Francia y Portugal deben disculparse, por supuesto. No solo esos países, toda Europa en general pues hace más de 20 años el accionar de cualquiera de los países de la UE pone en vilo la relación de todos sus miembros con el mundo.

Evo es un presidente elegido constitucionalmente por el pueblo, vía votaciones y, como tal, su potestad le hace merecedor de los privilegios que tal cargo detenta. Sin embargo, quiero mirar las cosas con un lente panorámico, este acto que ha generado tanta rabia en los países de la órbita socialista de Suramérica es un asunto que tiene más largo que de ancho.

Lo primero: la torpeza política de Evo Morales. Es un acto suicida, afirmar en Moscú, frente a todos los delegados del congreso de países productores de gas en su mayoría países desarrollados, europeos y de la órbita  estadounidense,  estar en disposición, como País no alineado,  de dar asilo humanitario a Edward Snowden. ¿Por qué es un acto de torpeza política? Pues Snowden está en tránsito en Moscú, viviendo a costas de los empleados del aeropuerto Sheremetyevo y Putin, en un acto contrario este sí de habilidad política, ha dicho que no puede entregarlo a la justicia, porque se encuentra en una zona de tránsito y que allí la autoridad no actúa. Evo dijo lo que no debía, en el lugar que no era, en el momento equivocado.

Por supuesto, y no estoy justificando a la UE, las paranoicas alarmas de los organismos de seguridad se encendieron, y estos países, sometidos a las órdenes de la DEA, comieron cuento y tragaron entero, se atragantaron con una suposición de que en este avión iba el espía estadounidense. Evo, además, debió aterrizar en Viena y soportar un intento de agresión de España, quien consideró pertinente revisar el avión del presidente, como si el de un narco vulgar se tratara. A aquellos últimos no los tratan con tanto desprecio.

Pero entonces, ¿cómo es posible que Europa toda no sea capaz siquiera de confirmar con sus propios organismos de seguridad esta información apresurada de la DEA, que busca de cualquier modo, obtener  permisos y colaboración de países para detener un personaje del que todo el mundo quiere saber qué información tiene, pero que nadie quiere tener en su territorio por miedo de una confrontación directa con el Tío Sam? La DEA, y los organismos de paranoia europeos, improvisaron y se equivocaron como muchas otras veces, delatando sus deficiencias y poniendo de plano su afinidad ideológica.

Europa irrespeta a Bolivia y a Latinoamérica y no se disculpa.

¿Pero la contracara? ¿De que le sirve y le servirá a Ecuador, tener a Assange en ese país? Gobierno que ha restringido el uso crítico y deliberativo de la prensa para sus intereses,  y en el que cualquier medio, que asuma la oposición, podrá ser intervenido por el Estado. Será que Ecuador sabrá que hacer con la información que Assange le quiera dar, ¿qué más sabe este personaje? ¿Es un verdadero desafío al imperio tener a este hombre en Ecuador, cuya economía es dolarizada, o no pasa de ser una pataleta retórica, y una reverenda parrafada demagógica de Correa, que posa como defensor de las libertades individuales y los derechos humanos?

Snowden ha pedido asilo a Ecuador, asunto que aún no se define, exaltando a Correa y su gobierno, como mesías de la libertad de expresión:

“Existen pocos líderes mundiales que arriesgarían estar del lado de los derechos humanos de un individuo frente al gobierno más poderoso del planeta, y la valentía de Ecuador y su pueblo es un ejemplo para el mundo”

Ecuador, entonces, se consolida no solo como uno de los países con mayor recuperación económica del continente, sino, también en desafío y confrontación directa con los Estados Unidos. Al menos eso creen ellos, tener a Julian Assange no es una joya de la corona.

De inmediato, Nicaragua, Venezuela y Bolivia han salido a ofrecer, sin consultarlo siquiera, sin reflexionarlo, asilo a Snowden, en una especie de fiebre y ordenanza imitativa, pues la autonomía de estos países con el cono La Habana-Caracas es tan poca, que si Castro estornuda todos estornudan ahí mismo como manifestación de su voluntad revolucionaria.  

Parece como si se tratara de ofrecer planes turísticos a una súper estrella del rock o del cine para que viaje a conocer estos países.

Latinoamérica no ha sido un continente de tradiciones, en dar asilo a  políticos o periodistas perseguidos. Todo lo contrario, al igual que los EE UU, ha sido un alumno ejemplar en el ánimo de perseguir, constreñir y limitar el uso de la opinión si esta afecta sus intereses propios. Recordar la bloguera cubana Yoani Sánchez que tuvo que pedir auxilio de la comunidad internacional ante la negativa de Cuba para salir de ese país.

En Colombia, el estado en complicidad con fuerzas paramilitares, asesinó un símbolo sagrado de la libertad de expresión, a modo de censura: Jaime Garzon. Como el periodista Orlando Sierra también fue asesinado y León Valencia, solo por dar los casos más conocidos, ha sido amenazado por  defender los diálogos de la Habana.

En Venezuela, Chavez cerró medios sin considerar si violaba o no derechos; en Cuba, los medios son castristas, y en los países de órbitas totalitarias los medios están siempre al servicio de los estados imperantes, pero en apariencia, sirven a la libertad de expresión siempre que esta sea revolucionaria.

¿Si surgiera un Assange o un Snowden  a la inversa, la UE o los Estados Unidos le darían Asilo? ¿Dormiría este en un aeropuerto, por ejemplo de México, durante días, a la espera de un carro diplomático que le dé asilo político? ¿La actitud de los países de este supuesto espía a la inversa sería igual de deliberante y abierta? NO.

Por esto, las palabras de Evo, no pasan de ser maquillajes ideológicos, muestras de debilidad y pruebas de su poca habilidad política. Se reencaucha sí, como pretenden hacerlo Ortega, Maduro, Correa y Kichner, pero de fondo, saben ellos que esa información de Snowden o Assange no servirá para cambiar el eje de mando.

Venezuela seguirá vendiéndole petróleo a Estados Unidos a cambio de comida, Ecuador seguirá pagando salarios en dólares y buscando ser sede de eventos de los imperios, como cuando fue sede de Miss Universo; Ortega seguirá siendo jefe de un país que come cuentos chinos, y Evo, seguramente, podrá volver a viajar en su avión por todo el mundo, después de la rabia inicial, recargado, reencauchado, pero en las mismas.

En el Chapare hay miles de Evos, en los aeropuertos del mundo hay solo un Snowden y pueden más que los miles del primero.

ENVÍO. Se me ha pedido rectificación de mi columna anterior, sobre la mención de la Corporación Universitaria Remington, en el caso de los grados en un coliseo de los estudiantes de la UTP. Creo al respecto dos cosas: o el forista no entendió el texto y no encaja el contexto crítico y burlesco del tono de la columna, o dos, no sabe la diferencia entre Universidad, Fundación Universitaria, Instituto de educación técnica o tecnológica y  Corporación universitaria. Sería bueno que diera una mirada a la ley y entendiera desde ahí el contexto que anima la mención.  Y aunque responder a ese pedido sería justificar mis opiniones, pido al  forista Victor H. Aguirre Escobar relea entre líneas nuevamente la columna y sabrá que quien sale desprestigiada es la UTP.