Las generaciones actuales siguen creando, y aquí hablo con la fe del artista joven, sobre la base de lo que otros, con sufrimiento y lucha han construido. Es imposible ignorar la fuerza literaria que hay detrás como antecedente en nuestra región…

 

Por: Diego Firmiano

Si habláramos de una literatura risaraldense, tendríamos que hablar de una corriente homogénea de creadores, narradores o poetas que han trascendido en el tiempo y han dejado una vanguardia como referente, o por lo menos han establecido una. Pero en nuestro Departamento cafetero esto no existe. El Gran Caldas nos dejó grandes aportes en materia de expresiones situacionales vertidas por medio de la poesía, la narrativa y el teatro.

Con el nacimiento de Risaralda como departamento en 1967, más bien se podría afirmar que hay en los 14 municipios una cultura literaria, lo cual sería más concienzudo y ajustado a un análisis serio.

En los restantes departamentos de nuestro país la situación no ha sido diferente. Es más, tampoco sería justo hablar de una generación literaria, sino de individualidades aisladas inmersas en el quehacer literario productoras de lo que hoy podríamos aunar bajo el término cultura literaria. Y esto, sin tener en cuenta, además, que muchos de aquellos escritores nunca se conocieron o contaron con el apoyo suficiente o el aliciente institucional para publicar sus obras o difundir una especie de literatura que permaneciera en el panorama regional.

El escritor checo Franz Kafka dijo críticamente que la historia de la literatura no es tanto cosa de la historia de la literatura cuando cosa del pueblo, y por ello se encuentra, sino en manos limpias, si en manos seguras.  Y estas manos fueron los cientos sino miles de hombres y mujeres, de diversos credos, razas, capas sociales, estatus político y profesiones, los que escribieron lo que podemos llamar con certeza y timidez “literatura risaraldense”.

Esto es lo valioso. O lo realmente maravilloso. Que nuestra cultura haya florecido como una Dalia a pesar de la carencia, la oposición o para ser justos, la posición desde donde se erigió la sensibilidad para escribir sobre las montañas de Apía, las canteras de Santuario, la flora y fauna de Pueblo Rico, o el industrialismo de Dosquebradas.  El creer que se podía crear para la posteridad, ya que según una tradición medieval, una persona no debía ocuparse de la literatura sino hasta cumplir setenta años, pero en Risaralda desde muy joven se ha venido mostrando con sensibilidad en todos los imaginarios que nos componen.

Y ahí es donde se resalta que, desde el inicio del siglo XX hasta los albores mozos del siglo XXI, no se para de seguir haciendo poesía, cuento, ensayo, crónica y hoy vemos el fruto en aquellos que siguen estudiando literatura en nuestras universidades locales.

Las generaciones actuales siguen creando, y aquí hablo con la fe del artista joven, sobre la base de lo que otros, con sufrimiento y lucha han construido. Es imposible ignorar la fuerza literaria que hay detrás como antecedente en nuestra región, independientemente si fueron profesionales en el arte, o amateurs, o simplemente espíritus libres que cantaron a la vida desde su contexto.

No se puede ser indiferente, ni solipsista a la hora de unir fuerzas para ganar un espacio dentro del canon de la gran literatura nacional. En nuestro departamento hay talentos, que no solo descansan en esos grandes escritores monolíticos con apellidos de alta alcurnia y obras laureadas, sino que se levantaron (y se siguen levantando) de entre los escombros que produjo el terremoto del 1999, y que marcó un antes y un después existencial entre las personas. Esta generación demostró -y sigue haciéndolo- que, como el ave fénix, aun de las cenizas se renace al creacionismo más puro.

Nuestra cultura literaria es extensa e intensa, pero no por ello debemos ufanarnos de tener una identidad definida o representativa. Concursos, publicaciones y premios no garantizan que seamos maduros, literariamente hablando. Ya que esos mismos concursos han creado esperanzas temporales y las editoriales han prometido fama y gloria a los escritores. Y esto, sin contar, que los mecenas modernos son escasos, y los que patrocinan a un artista, siempre median sus intereses más inmediatos.

Sin embargo, ni esto, ni aquello, ni aquí, ni allá, ni en acullá, se ha logrado crear esta continuidad y uniformidad que tanto se necesita entre los artistas de las letras. Lo único que promete salvación, si es que hay una, es la voluntad férrea y la humildad de cada uno de los literatos, para ofrecer una mano abierta y no un puño cerrado, cuando se trate de bajar el ego para que otro pueda surgir.  La palabra está dicha, y no es necesario explicar estos términos, para evitar pontificar. Amigos y amigas, así, solo así, las líneas de fuga apuntarán a un norte que elevará a Risaralda al nivel que se merece literariamente.

@Dfirmiano