Eso de que “Fajardo era el único que le podía ganar a Duque” lamentablemente era cierto; los votantes de Petro, incluso los menos metidos en la política, serían lo suficientemente sensatos para apoyar al “menos peor”. El otro escenario fue el que vivimos, muchos votantes de Fajardo volvieron al uribismo del que había sido muy difícil sacarlos, y el apoyo a Petro solo lo dimos un porcentaje.

 

Por Eduardo Valencia Guevara

Aclaración: Este texto no pretende elogiar a Sergio Fajardo. Lo que se busca es un mensaje de reflexión que nos permita tomar mejores decisiones como sociedad colombiana.

Sí, voté por Sergio Fajardo. ¿Que si me siento decepcionado? Claro que sí, aunque mi apoyo hacia él fue más por Claudia López y Antanas Mockus, políticos a quienes admiro a pesar de sus errores (siendo el más notable y aún imperdonable, por algunos, el apoyo a la candidatura de Enrique Peñalosa a la presidencia en 2014), pues los considero elementos necesarios para la política del país.

¿Me arrepiento de haber votado por Fajardo? En absoluto, sí me siento completamente decepcionado por sus accionares posteriores a las elecciones, pero sigo creyendo que él era el más indicado para ocupar la presidencia de Colombia hasta el 2022; eso sí, las razones son las menos indicadas, lamentablemente.

Fajardo se quedó con la candidatura del Partido Verde por puro carisma; Mockus, quien había movilizado a los jóvenes 8 años atrás cuando el internet no tenía la fuerza de mover masas de la actualidad, ya estaba viejo y enfermo; en cuanto a Claudia López, su condición de mujer y preferencias sexuales lamentablemente le impiden llegar a la presidencia, no porque lo diga la Constitución, sino la misma sociedad colombiana machista, homofóbica y atrasada.

Sin embargo, Fajardo con su carisma arrastró muchas personas, entre los cuales había científicos, deportistas, artistas, entre otros; pero hubo un sector que sorpresivamente comenzó a apoyarlo, aquellos que antes habían sido uribistas, pero que en ese momento no se sentían tan afines al expresidente y su movimiento, en pocas palabras, Fajardo le estaba quitando gente al uribismo.

Según palabras de la misma Claudia López, el cambio político en el país debía darse gradualmente y no de golpe. La gente creía que Petro cambiaría radicalmente la economía y otros aspectos del país; ese era el temor de algunos votantes con Gustavo Petro, temor infundido por las noticias falsas, la manipulación mediática, entre otros.

A Fajardo había mucho por dónde atacarlo y teniendo en cuenta que el uribismo estaba demasiado ocupado atacando a los petristas, estos últimos se despacharon contra Fajardo. Que el papá era primo del papá de la esposa de Uribe, que en un artículo de hace 20 años elogió a Álvaro Uribe cuando este era gobernador de Antioquia… fueron algunos elementos con los que los seguidores de Gustavo Petro desprestigiaron (merecidamente o no) al candidato antioqueño.

Los ataques fueron desde graciosos memes hasta ataques homofóbicos a la mencionada señora López, quien era la fórmula vicepresidencial de Fajardo. Eran fuertes las cosas escritas en redes sociales y creía que eran mensajes de uribistas radicales (a quienes se les conoce por ese comportamiento), hasta que veía el logo de la Colombia Humana en la foto de perfil.

Ese era el verdadero problema de las elecciones, los seguidores y no los candidatos. Obviamente, ya conocemos el accionar de la extrema derecha, pero el movimiento de Petro se convirtió en una moda para algunos, ya el ideal parecía perdido todos seguían a Petro y aplaudían lo que decía, pero a la hora de aplicarlo… Pocos aparecían.

A pesar de que fue en segunda vuelta, con un Fajardo ya derrotado, cabe resaltar la campaña sucia de los petristas donde buscaban ganar las elecciones a toda costa, compartiendo un video donde invitaban a los seguidores de Uribe a no votar en segunda vuelta. En varias ocasiones algunos les reclamamos por lo poco ético de su accionar, pero la respuesta menos ofensiva fue “Deje el moralismo”.

Este tipo de cosas se han visto desde siempre. De hecho, en la Ola Verde de Antanas Mockus eran muchos los que gritaban consignas sobre la transparecia; pero días después recordaban aquella mal llamada “malicia indígena”, la idiosincrasia colombiana por excelencia y era normal verlos hacer trampa en un examen, meterle billetes falsos al tendero corto de vista o hacer acciones delictivas cuando nadie miraba.

Fajardo era el indicado, aunque algunos lo consideren un “Caballo de Troya” del uribismo, su compañía (Claudia, Mockus, Robledo…) eran esa especie de anclaje que en el peor de los casos garantizarían una traición a lo Juan Manuel Santos y eso es mejor que tener un títere sin una carrera política qué perder.

Eso de que “Fajardo era el único que le podía ganar a Duque” lamentablemente era cierto; los votantes de Petro, incluso los menos metidos en la política, serían lo suficientemente sensatos para apoyar al “menos peor”. El otro escenario fue el que vivimos, muchos votantes de Fajardo volvieron al uribismo del que había sido muy difícil sacarlos, y el apoyo a Petro solo lo dimos un porcentaje.

Aunque quién sabe cuánto sería el porcentaje si el orgullo de Jorge Robledo (y por ende,  sus seguidores) no le impidiera apoyar a Petro, ni se hubieran dado esos ataques de seguidores de Petro a Fajardo… A lo mejor la actualidad sería bien diferente.

Tener a Fajardo en la Presidencia sería equivalente a un empate, o a tener más de lo mismo de Santos; mientras el verdadero cambio, sea liderado por Petro o por Julián Rodríguez, se va gestando en la sociedad colombiana; que cuando un hombre de estos llegue al poder, no tengamos dudas de que nos lo merecemos.

Nota del Autor: Después de escrita esta opinión han surgido más escándalos y situaciones que parecen poner a Fajardo más en la derecha que en el centro del que tanto dijo ser. Su apoyo al Fiscal Martínez y el gravísimo desastre en el río Cauca por Hidroituango, solo por nombrar los conocidos.