De Fe a Fa. Que Fo.

Decía Gilbert Chesterton, con ese humor característico de su prosa, que el ateísmo le resultaba demasiado teológico. Ajá. No sabemos si esta frase era una de sus ironías literarias o realmente lo percibía así y no de otra forma.

Por: Diego Firmiano 

No soy ni mucho menos ateo,

pero no puedo creer

 todo lo que me dicen en contra de mi razón

Napoleón Bonaparte

 

Me lo perdí, sí, confieso, me lo perdí. Para cuando vi el afiche pegado en una pared del centro de la ciudad, ya habían pasado cinco días del evento titulado: “Del catolicismo al ateísmo”, donde un ex-sacerdote, como si fuera un Dan Barker o por qué no, un Jean Meslier (y todo lo contrario de Gilbert Chesterton) exponía con orgullo sus relatos de conversión de la fe católica, apostólica, pereirana, al ateísmo.

Y aunque la temática no me tomó por sorpresa, ya que estos testimonios tautológicos son comunes dentro de cualquier confesión, pensé si acaso no era esto lo que el místico filosofo Ludwig Wittgenstein se había referido en su diario como una actitud penosa, es decir, una conversión monstruosa (sea del bando que sea), sin una base racionalista probable sino emocional.

Y así empezó una idea enana a rondar en mi cabeza, sobre, ¿puede llegar a tener sentido que algo que se vive como “tradición” (la fe derivada del pensamiento de Atanasio, San Agustín y las doctrinas aristotélicas del Doctor angélico) mude, como la piel de un conejo, en otra “fe”, como si se tratara de una convicción? sencillamente, una Reductio ad absurdum.

Y aquí el lector podrá alegar sobre qué autoridad tengo para hablar sobre el asunto, sin ir al evento, ni mucho menos escuchar al orador exponer el “renacimiento” hacia su nueva fe ateísta. A lo que respondo, ninguna autoridad, pero sí conocimiento. El ateísmo es una paporretada predecible y no ha cambiado sus postulados en años (a excepción de añadirle teorías darwinistas o las ideas metafísicas de Carl Sagan o las improbables propuestas de Richard Dawkins).

Y así es que en la madeja del saber aún hay hilo para tener unas cuantas observaciones en el tapete remendado de la razón ateísta.

Primero, me pareció risible el hecho de una conferencia con tal sugestivo título. Respeto el hecho de que el sacerdote por una circunstancia dada y no una creencia, quizá cambió de fe, como lo hizo en su momento el mismo Christopher Hitchens, sino lo cómico de confirmar la tesis que, en el ateísmo de Pereira, hay religión en estado puro. Ya lo mencioné: testimonios, ideas, doctrinas tautológicas inmutables y oradores proselitistas. De ahí que uno de los representantes de esa “orden” quiera relacionar religión con iglesia, me parecería un argumento flácido. 

Decía Gilbert Chesterton, con ese humor característico de su prosa, que el ateísmo le resultaba demasiado teológico. Ajá. No sabemos si esta frase era una de sus ironías literarias o realmente lo percibía así y no de otra forma, aunque una de sus conocidas frases arroja luz al respecto:

mientras los tediosos ateos venían a explicarme que no existía nada más que la materia, les escuchaba con un tranquilo escalofrío de indiferencia porque sospechaba que no existía nada salvo la mente.

Segundo, he encontrado que los militantes de esas filas agnósticas y religiosas del ateísmo, tienen litigios pendientes con asuntos naturales que le llevaron a embroncarse con asuntos divinos. Y aquí surge una serie de contradicciones de este sistema epistemológico que podrían ser listadas, pero que omito por tiempo y espacio en esta nota.  (Ver la biografía Hitch-22 para encontrar las razones del resentimiento de Hitchens con la religión, o la misoginia de Schopenhauer que como caso raro lo llevó a negar a Dios. O el entierro de Héctor Escobar, precedido por una misa católica de la diócesis de Pereira).

Por último, he preguntado sobre quién es el ex-sacerdote apóstata, pero más que el nombre, me interesaría ubicarlo para preguntarle si la motivación para volverse ateo fue una mala racha, o una confrontación de las ideas antagónicas de Erasmo y Lutero, sobre qué es más importante, si tener paz y no libertad, o, libertad, pero no paz. Esto, referido a que en las órdenes católicas y su gran formación jesuita o dominica, u otra, hay paz teológica, filosófica, económica, etc., pero no libertad, contrario a las órdenes “agnósticas” del ateísmo donde hay libertad rayana en el anarquismo, pero no paz de pensamiento ya que no hay una base racional para ciertas dogmas. 

Termino agregando una pinza evolutiva a la cuestión. ¿Se han actualizado los evolucionistas ateos de la ciudad sobre el jaque mate a la hipótesis de la “Reina Roja”? Pues ahí les dejo el dato.

@DFirmiano