FEMINISMO CLASISTA

Con esto no trato de justificar o validar estas situaciones, pero sí de generar reflexiones en torno al verdadero papel que cumple el feminismo y la promulgación de sus ideales. Es, quizás, ¿sentarnos en un computador a dar charlas, o grabarnos y difundir por medios virtuales podcasts, promocionando las autoras, sus libros y páginas webs?

 

Por / Estefanía Orrego Osorio

Hoy me animo a escribir un poco sobre este tema, aprovechando el sinnúmero de escritos, columnas, podcasts y demás que encontramos en las redes sociales, medios escritos y en general en los medios virtuales de unas cuantas “privilegiadas” – aclaro de entrada, que no lo hablo desde la perspectiva del egoísmo o envidia; en realidad tiene una noción económica– que explican cómo debe practicarse el feminismo, de qué manera debemos revelarnos del “patriarcado opresor”, enfatizando la importancia de la independencia, capacidad intelectual, libertad, resaltando e invitando a explotar los dones especiales y únicos de los que gozamos las féminas.

He analizado varios denominadores comunes de quienes infunden con alto grado pretencioso las aseveraciones previamente señaladas. Aquellas, en su gran mayoría, vienen de familias económicamente acomodadas. Su formación se ha dado en los mejores colegios privados del país, así como sus carreras universitarias han sido cursadas en los países europeos o en EE.UU.

Situación que ha permitido una expansión total de su formación intelectual, en el entendido de que han conocido de cerca las grandes corrientes modernas, pues no se puede dejar de lado que la influencia de los países desarrollados en la estructura educativa genera cierto grado de independencia y permite una noción más amplia y estructurada de la realidad, en especial, sí se habla de la progresividad y las nociones feministas.

Entrando en detalle, ¿qué es feminismo?  Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) se denomina: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”, ahondando un poco, podemos decir que ha sido una corriente ideológica que invita o más bien reclama un equipamiento entre hombres y mujeres, un cambio de noción y trato, enfocado en la igualdad de oportunidades, en las esferas sociales, económicas, laborales y familiares.

¿Por qué el título de este escrito,  Feminismo clasista? Simple y llanamente porque considero que quienes han sido “privilegiadas” conocen desde un contexto más teórico, por decirlo de alguna forma, las luchas de quienes no han sido tan afortunadas, resultando un poco contradictorio decirle a un chica de 17 años que vive en un barrio popular, que su mamá es una ama de casa con baja formación académica, su papá un hombre dedicado a los oficios varios (maltratador, con problemas de drogas y alcohol), con más hermanos más, en edades de 5 a 15 años, que debe ser independiente, que debe estudiar, que debe estar con quien ella elija no con quien le toque, que debe leer mucho, que debe  amarse sobre todo las cosas, que debe “irse”, léase bien, “irse”, ante el más mínimo abuso, maltrato u opresión.

Todo esto cuando es claro que quienes se encuentran en situaciones de esta magnitud no tienen acceso a una educación de calidad, y no me refiero únicamente a la escolar o universitaria, me refiero en gran medida a la emocional, a la que define tus bases para defender tus posiciones, a la que te permite entender desde el amor y la determinación cómo, cuándo y en qué momento hay que dar un paso al costado, la que permite con claridad alejarse ante la más mínima posición de limitación o humillación, la que te crea consciencia sobre lo que mereces y no debes permitir.

Resulta contraproducente hablar desde la comodidad de un sofá y sobre todo cuestionar el por qué una mujer permite que la maltraten, cuando ni siquiera se ha entendido lo que es una relación económica- dependiente, cuando no se ha vivido lo que es el hambre, la  sed, la carencia, cuando no has  experimentado nada diferente que la pobreza y el sufrimiento.

Con esto no trato de justificar o validar estas situaciones, pero sí de generar reflexiones en torno al verdadero papel que cumple el feminismo y la promulgación de sus ideales. Es, quizás, ¿sentarnos en un computador a dar charlas, o grabarnos y difundir por medios virtuales podcasts, promocionando las autoras, sus libros y páginas webs?

Quizás, el ejercicio no va más enfocado al trabajo de campo, a brindar oportunidades de crecimiento y transformación, a través de  entidades públicas o privadas, de difundir charlas, talleres de amor propio, de inteligencia emocional, de independencia financiera, de sexualidad, de métodos anticonceptivos,  promulgar oportunidades laborales, oportunidades de formación (técnica, universitaria, etc).

No pretendo con esto establecer o satanizar las labores que muchas desempeñan desde las plataformas digitales, redes sociales y demás, porque sus aportes son necesarios para conocer desde la academia el gran avance que ha habido en las diferentes corrientes que desarrollan el feminismo, pero sí reflexionar un poco sobre lo importante que resulta empatizar y evitar los juicios de valor frente a situaciones de las cuales se puede ser ajena y, dadas las circunstancias en las que se han desenvuelto, ni siquiera se tiene la capacidad de entender  a ciencia cierta lo que significa estar en condiciones de inferioridad, maltrato o sumisión.

El trabajo está allá, en las calles, en los barrios populares, con los menos favorecidos, con los niños,  niñas y jóvenes, que serán el futuro de esta sociedad, aterrizando un poco esa literatura a nuestra realidad,  creando consciencia en esos focos de los menos “privilegiados”; aportando desde nuestra capacidad cambios estructurales que incidan en transformar, así sea, un poco, las condiciones y sobre todo la perspectiva frente a la desigualdad, porque al final de cuentas eso es lo que busca el feminismo, disminuir en gran medida esas brechas entre los unos y las otras.