¿Fiesta de la paz?

“…los colombianos depositamos la confianza en la palabra pactada sobre la mesa de la Habana, y esperamos que ningún “incidente” o “accidente” político o guerrillero nos sumerja de nuevo en la desesperanza”.

DIEGO FIRMIANO

 

 

Por: Diego Firmiano

 

 

 

En un bello himno titulado “Patmos”, el poeta alemán Hölderlin lleno de entusiasmo dice: 

“Más allí donde hay peligro, crece

también lo salvador,

de que

desde la mañana,

desde que somos un diálogo y oímos los unos

de los otros,

mucho ha vivido el hombre; más pronto seremos canto”

Himno que celebra la paz y el diálogo entre los hombres. Apertura a la esperanza, a la conciliación, a un coro de unidad y fraternidad humana.  Y precisamente el anuncio del presidente Santos desde la Habana y el apretón de manos con el jefe máximo de las Farc, Timoleón Jiménez (Timochenko), es eso, una “conciliación” un dialogo sincero que permite creer en una Colombia próxima a ser liberada de la guerra y preparada para vivir en paz.

Algunos ya festejan este acuerdo, mientras otros (los moderados o detractores del gobierno) se preparan para bailar y cantar al unísono en seis meses que es el plazo mínimo estipulado para llevar a cabo la dejación de armas y el fin del conflicto armado.  Nuestro país se merece una oportunidad de vivir libre de violencia e inseguridad porque  la razón, el tiempo y las victimas condenan unánimemente está guerra que ya carece de una ideología sincera.

De igual modo, los colombianos depositamos la confianza en la palabra pactada sobre la mesa de la Habana, y esperamos que ningún “incidente” o “accidente” político o guerrillero nos sumerja de nuevo en la desesperanza.

El acuerdo de justicia transicional es lo más justo para solucionar el problema de los crímenes cometidos por los insurgentes. Es un progreso judicial que garantiza la no impunidad y que regula la ley de sangre y muerte de la guerrilla y da paso a la ley de paz y el derecho civil de ser reparado.

La férrea oposición de Álvaro Uribe Vélez no es una amenaza para el proceso de paz, el peligro consiste en perder la esperanza de paz, confundidos por los razonamientos antipatrióticos que usan los detractores del gobierno. Es una gran mentira que la voluntad del gobierno de terminar el conflicto interno, sea, como dijo el expresidente un “poner a los terroristas al mismo nivel de los militares”.

Ya es hora de sanar la verdad en Colombia porque ella, es la primera víctima. Como bien dijo el presidente de Federación de Víctimas de las Farc, Sigifredo López, “La participación política de las FARC no es un obstáculo a la democracia colombiana”.

Definitivamente conseguir la paz provoca muchas disputas, reacciones y preguntas pero hay que confiar, aunque esta virtud sea una de las más traicionadas en nuestro país. Ya esperamos lo más, es hora de esperar lo menos.