¿Hasta cuándo?

Este fin de semana me mostraron dos videos de esos que se comparten en una cadena interminable, rápida y fácil gracias a las maravillas de la tecnología. Uno de ellos era el de un tipo contando un chiste largo y lleno de madrazos, que terminaba con la siguiente frase: mi hermana es dos veces animal, es zorra y cobra. El otro me lo presentaron como “lo que va a dar palo en diciembre”, era el de una canción de esas populares en la que el cantante, vestido muy a lo macho, aparecía “entonando” su “lírica” (burda, simple, maniquea, clasista…) en escenas (grotescas también) en las que se exhibían como sirvientes sexuales y objetos decorativos, a mujeres con muy escasa ropa y movimientos “sensuales”.

Gloria Por Gloria Inés Escobar Toro

Ambos videos son sólo una pequeña muestra de lo que la mujer significa en esta sociedad, del lugar al que ha sido relegada y de la valoración que se ha enseñado a darle. Que a una mujer se le llame zorra parece tan normal que no solo los hombres lo hacen sino que muchas mujeres se refieren a otras de esta manera.

El ejercicio de la sexualidad en las mujeres, algo tan natural, permitido y promovido para los hombres, ha resultado para ellas todo un tabú. A ellas se les obliga de diferente manera a restringir su sexualidad, se pretende de ellas fidelidad absoluta a un solo compañero y cualquier quiebre de esta regla da derecho a todo el que quiera a insultarlas, a degradarlas, a llamar zorra o puta a quien infringe esta absurda ley. Llamar a una mujer zorra no hace más que reproducir la misoginia de una sociedad que ha deshumanizado por completo a la mujer.  

Además, si las prostitutas existen (aquellas que realmente viven del comercio de su cuerpo) es porque tal conducta ha sido promovida por la misma sociedad que por un lado no sólo tolera sino que alienta y aplaude la promiscuidad en los hombres mientras la condena y repudia en las mujeres, y por el otro, convierte a la mujer en objeto de consumo. La mujer que vende sus “servicios sexuales” lo hace porque existe un comercio organizado, manejado generalmente por hombres que se lucran en todos los sentidos de ello, comercio al que muchas son empujadas por la pobreza y el maltrato de la sociedad, y al que otras entran como respuesta a una educación que ha enseñado que la mujer vale por su cuerpo y que con su venta se puede alcanzar todo aquello que también la sociedad le ha enseñado a desear.

De otro lado, y en estrecha relación con lo anterior, está la agresión también deshumanizante de utilizar a la mujer como una masa de carne a la que se pone como gancho para vender de todo y en el caso particular que mencioné al comienzo, canciones carentes del más mínimo valor artístico. En el video de marras como en millones más, muestran a la mujer como una cosa maleable que se puede usar, abusar y desechar de una y mil formas de acuerdo al capricho de su dueño.

Tanto el chiste como la canción mencionados no son “excepciones infortunadas” al trato denigrante que se da a la mujer en la sociedad , al contrario, ambos son representaciones de lo que se vive en la realidad, realidad a las que nos han acostumbrado a percibir como normal e inmodificable, “así es la vida”, se repite; de este modo, “expresiones culturales” como esas resultan tan comunes y corrientes que las vamos pasando de mano en mano, con la consabida recomendación de ”véaselas que son buenísimas”, y así vamos consciente o inconscientemente, enseñando a las nuevas generaciones los “valores” de la mujer en nuestra sociedad porque para desgracia de todos, especialmente de los seres adultos del mañana, la violencia contra las mujeres hace parte de la tradición de nuestra cultura. ¿Hasta cuándo?

 

Noviembre 25 de 2014