Hasta que amaine el temporal

Jhonattan Arredondo (izq gris)No hubo un tiempo más difícil que este al que hoy nos enfrentamos, este desagüe político por el que transitan la desmemoria, la impunidad y la corrupción que impera en todas las cloacas…

 

Por: Jhonattan Arredondo Grisales

Después de padecer muchas décadas las indiferencias y la insensibilidad de nuestros dirigentes, tales como la frialdad y el carácter desatinado con el que han afrontado las problemáticas del país, aun no entendemos que si revirtiéramos la pasividad política de nuestro pueblo, lo que hoy nos aflige sería una fiesta.

Ya es momento de entender que no está en manos de los gobernantes tomar posiciones que fortalezcan y dignifiquen nuestro futuro; aunque, para ser realistas, no el nuestro, más bien el futuro inconcluso de los que vienen, que en un país tan reproductor como lo es Colombia, serán muchos.

Decía una de las pocas conciencias que ha dado esta agazapada nación, antes de morir a la colombiana -el inolvidable Jaime Garzón-, que el mayor problema que tenemos los colombianos es el de no asumir nuestra identidad; decía que no tenemos una “cultura de la propiedad”, y, por cierto, aun no la tenemos. O como recientemente lo dijo el maestro William Ospina en una entrevista realizada a propósito de su más reciente publicación –Pa que se acabe la vaina-: “aun no tenemos el país que nos merecemos”. Y creo que al paso que vamos, no vamos a tener ese país que nos han robado, que nos han desaparecido; ese país del que nos han despojado, y ese país donde no oigamos el sonido de las armas en combate.

Y cuando menciono que no vamos a ver ese país con el que soñamos, es porque no nos ponemos la camiseta si no es cuando juega la selección; ahí sí somos colombianos, ahí si gritamos a todo pecho y con toda el alma ¡Colombia! ¡Colombia!, y eso que utilizo un eufemismo.

No hubo un tiempo más difícil que este al que hoy nos enfrentamos, este desagüe político por el que transitan la desmemoria, la impunidad y la corrupción que impera en todas las cloacas en las que se enriquecen los “servidores públicos”. Sujetos a quienes la gran mayoría de la población ha vendido su voto por dos pesos, para que luego, en el poder, les multipliquen, en cantidades desorbitantes, esos dos pesos en los impuestos. Y hay sí dicen, ese político no sirve para nada, es un ladrón.

¡Sí! El mayor problema lo tenemos nosotros, no ellos que llevan la corrupción en la sangre, no. No permitamos que nos sigan violentando, nosotros tenemos el poder de cambiar mucho; no tan rápido, pero si no nos vendemos tanto, quizá cuando amaine el temporal, renazca esa Colombia a la que no le haga falta la franja amarilla.