Si existe un nuevo movimiento ateo en nuestra ciudad, es marginal, doctrinario, no ha progresado mucho. Se enrosca en su propio círculo. Es mi percepción.  Hoy se abre una invitación a debatir pluralmente.    DIEGO FIRMIANO

 

Por: Diego Firmiano

El filósofo Jean Paul Sartre expresó de una manera brillante: “el ateísmo es una ardua tarea. Se la puede encarar o no, pero si se la encara hay que tener en cuenta que no es algo que se pueda arreglar fácilmente. Es mucho más complicado”. Y vaya sinceridad de pensamiento, ya que contiene la idea argumentada de que se necesita cierta inteligencia a la hora de afirmar pecho en alto “Soy ateo”. Porque existe mucha moda y sugestión en el ateísmo moderno de Pereira. Es más, se llega a afirmar con cierto desdén que es innecesario argumentar su no-creencia, lo cual descalifica a un pensador serio y lo pone más en la categoría de creyente que de ateo.

Personalmente no conozco personas en la ciudad que expliquen por qué “no-creen-en“.  Claro que los hay. Lo que no me cuadra es por qué siempre a la hora de argumentar esto, todo desemboca en diatribas  contra la moral y las ideas cristianas o islámicas o budistas  y no, por ejemplo, contra los impuestos, el voto, o la democracia, como ignorando que estos también son obstáculos para la libertad humana.  El verdadero ateísmo que parece ser o agnosticismo o anarquismo dogmático, no solo debe centrarse en la religión. También puede exponer ese “no-creo-en” sobre plataformas científicas, políticas, biológicas y hasta económicas.

El asunto de por qué la religión es fácil objeto de ataque, parece tener un trasfondo más personal y subjetivo que universal, y esto incluye esas grandes figuras como David Hume, el barón D’ Holbach y, no tan lejos, Arthur Schopenhauer, Michel Onfray, Henri Peña-Ruiz, Salman Rushdie o el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Obvio que hay muchas más personas en esa misma categoría y nadie escribe o debate libre de pretensiones o predisposiciones. Amor u odio. Vanidad o lucro. Pienso más bien que estos pensadores-escritores  y otros han descubierto que los peces nadan, y que negar el agua donde nadan vende libros y genera controversia.

Me pregunto si estas personas que militan en las filas del nuevo ateísmo de la ciudad pasan la prueba explicando por ejemplo la evolución a la luz de la era moderna. O la profundidad etimológica del término a-theos; o el verdadero sentido Nietzscheano del “Dios ha muerto” que luego Martin Heidegger explica y reviste de metafísica; o el “Si Dios no existe…” de Dostoievski no es un texto sacado de contexto para armar un pretexto; las cartas místicas de Agnes Gonxha Bojaxhiu (tan mal interpretadas por Chistopher Hitchens); El sentido objetivo del extraño testamento de Jean Meslier; el fuerte sentimiento religioso de Wittgenstein; ¿o el pananteismo (no panteísmo) de Spinoza? No ignoro que lo sepan. Solo que un ateo (a) interesante es aquella persona que expone con claridad sus argumentos, ante la invitación a un debate.

En Pereira faltan propuestas en ese sentido. No tanta para engordar el sprit o el ergo sino para hacer ciudad consolidando ideas presentadas con altura; confrontando argumentos sin caer en la penosa tentativa de atacar la vida personal de nadie;  y polemizando como lo hacían los grandes clásicos sin provocar una disputa vulgar. Si existe un nuevo movimiento ateo en nuestra ciudad, es marginal, doctrinario, no ha progresado mucho. Se enrosca en su propio círculo. Es mi percepción.  Hoy se abre una invitación a debatir pluralmente.