Con la salvedad que no salí por ahí buscando ver aquello, sino que cayeron a mis ojos, igual, como cae la unción de las palomas del parque de Bolívar sobre sus visitantes.

 

Por Diego Firmiano

Pereira es una jungla y no es poesía. Estas son algunas cosas que he visto con el pasar de los meses en mi ciudad y que espero, ud también pueda ver, ya que como dijo Marco Polo, que dijo Truman Capote, que ahora digo, ¡Sólo he contado la mitad de lo que vi!

Con la salvedad que no salí por ahí buscando ver aquello, sino que cayeron a mis ojos, igual, como cae la unción de las palomas del parque de Bolívar sobre sus visitantes.

He aquí una pequeña lista de aquello:

Tangas debajo de una de una de las bancas del parque de Bolívar.

Una jovencita de 18 años abrazada con un anciano que no parecía su papá (¿el tío?)

Una motocicleta, literalmente, con forma de caballo (cabeza, cola, silla de montar y lazo… ¡ah! y el piloto con sombrero llanero).

El hijo de un político bajo los puentes de la calle 13.

Un policía comiendo helado de mango verde con sal.

Un bello travesti que alborotó medio centenar de hombres coquetos.

Una prostituta que habla con sus amigas sobre Friedrich Nietzsche (y les enseña su metafísica al son del trasnocho).

Un norteamericano vendiendo aguacates a mil pesos cerca al parque El Lago Uribe Uribe.

Un ingeniero aerodinámico venezolano tomando tinto de 600 pesos en el centro.

El hombre que lleva 15 años con la gangrena en el mismo pie (y él cada vez más gordo).

Un descargue de drogas (narcóticos) en un almacén de pinturas a las 7 de la noche.

Una empresa venezolana (recién creada) con trabajadores colombianos en su nómina.

Un indigente que se tomó una foto con Nikita Jruschov (comprobado por la instantánea que me enseñó).

Un poeta con un poema (valga la redundancia) de tres metros de largo.

La señora que dice: ¿dígame cualquier país que yo le digo la capital? (Pregúntele por la capital de Diego García y la noqueará).

Dos perros (machos) teniendo intimidad canina.

El único candado del amor engarzado en el centro (JyP), al mejor estilo de las novelas de Federico Moccia.

Un parrillero hombre con un casco femenino y una peluca postiza.  (Para engañar a los guardas de tránsito).

Un cantante callejero con un saxofón de bambú.

Un hombre insultando a otro llamándole “Ternero” (¿?)

El embolador que recomienda a los clientes aceite de naranja para preservar el tono del cuero de los zapatos.

Un anarquista rezando en la iglesia “Nuestra Señora de la Pobreza”. (Y un graffiti en la pared del lado derecho: Dios bendiga este negocio).

Una señora que se le cayó un lubricante anal por el andén de la calle 19 con carrera 8ª.

Un concejal comprando leche en ARA.

¿Y ud qué ha visto?