LEO TOROY digo pareciera porque en multitud las reflexiones se diluyen y ya no importa saber por qué y para qué se está luchando sino luchar por luchar y por mostrar un descontento sin más ni más.

 

Por: Leandro Toro Valencia

Alguna vez un escritor afirmó que estamos en una sociedad líquida, donde todo fluye y no hay de donde sostenernos. Alguna vez alguien murió defendiendo sus ideales y murió orgulloso de ello. Alguna vez sabíamos por lo que luchábamos y, mucho mejor aún, luchábamos por ello. Alguna vez no es hoy, alguna vez ya pasó y parece que no volverá.

En tiempos de movilizaciones sociales, primaveras del pueblo, guerras civiles y levantamientos de la sociedad exigiendo sus derechos, pareciera que las luchas también son líquidas, o al menos así nos lo quieren hacer parecer. Los ideales van y vienen y pareciera que están en un estante como si se tratara de vestidos, diariamente puedo elegir qué ideal voy a tomar con la promesa que mañana todo se olvidará y podré elegir otro. En esto ayuda mucho una ideología que nos quiere fragmentar el mundo y nunca verlo como uno solo, sino como un cúmulo de partes atomizadas que no tienen conexión evidente entre ellas.

Hoy las calles se aglutinan de personas que luchan por muchos ideales: la abolición de la tauromaquia, el restablecimiento pleno de derechos, garantías civiles esenciales, el descontento contra un líder o corriente ideológica, etc; las personas van y vienen y parecieran que asistieran completamente convencidas de su rol protagónico de la historia, conscientes de una reflexión sobre lo que defienden o quieren conseguir.

Y digo pareciera porque en multitud las reflexiones se diluyen y ya no importa saber por qué y para qué se está luchando sino luchar por luchar y por mostrar un descontento sin más ni más.

Sea esta pues una oportunidad para reflexionar sobre aquello por lo que lucho en mi vida. Si bien una vida sin una lucha es una vida sin sentido, tampoco se trata de buscar y buscar sentidos sino convencernos del por qué y el para qué de aquello por lo cual luchamos y dejar hasta el último aliento del alma en la consecución de esa meta. Para tener ideologías desechables es mejor no tener ninguna, y para cambiar de ideologías y de metas con cada puesta del sol es mejor nunca amanecer.