Disfruto más sus textos que los míos. Finalmente, gracias a sus médicos, se recuperó, y le propuse un trato: que escriba ella mis artículos y que continúe yo ocupándome de los suyos.

Por /Camilo Villegas

Una periodista de otro portal alternativo, amiga mía, me contó que por estos días atraviesa una fuerte inestabilidad emocional debido al confinamiento causado por el COVID-19. Dice que no es capaz ya ni de escribir, pero tampoco puede prescindir del dinero que le proporciona su actividad. Se ha puesto en tratamiento con un especialista y me pidió que escriba sus columnas mientras se recupera, firmando naturalmente con su nombre. El favor me perturba y el fraude que me propone me asusta porque soy un tipo correcto. Pero finalmente la solidaridad puede más que la aprensión y acepto.

Durante un tiempo encerrado en casa, estudio y anoto sus rasgos de estilo. Las conjunciones (le encantan las coordinadas ilativas), analizo el horror que muestra hacia los adverbios, también su afinidad por las oraciones de conexo… Después hago un breve repaso de los contenidos temáticos en los que se muestra más cómoda. Me doy cuenta de que, más que virtudes, lo que encuentro en su prosa son patologías. Posiblemente las patologías constituyan sus aciertos, pues se trata de una columnista y mujer a la que admiro mucho.

Pocos días después escribo un primer artículo en el que utilizo con mesura parte del catálogo de hiperplasias verbales descubiertas en mi análisis. Envié el texto a la madre de mi amiga, que a su vez se encargó de hacerlo llegar al jefe de su hija. Y funcionó. Con el tiempo le he cogido gusto a la engaño. La obligación de adaptarme al estilo de esta mujer me excita.

Poco a poco, sin que los lectores lo perciban, voy corrigiendo sus excesos creando un estilo que, sin dejar de ser el suyo, se abre a nuevos horizontes. Disfruto más sus textos que los míos. Finalmente, gracias a sus médicos, se recuperó, y le propuse un trato: que escriba ella mis artículos y que continúe yo ocupándome de los suyos. Esta es la primera columna que ella escribe por mí. Vamos a ver qué pasa.