No había terminado la primera violencia en el país cuando los cachiporros y los godos de la época derrotados en esta primera guerra llegaron a las tierras del Alto Ariari.

 

Por: Emilio García Gutiérrez*

Hace poco volví a la denominada Región del Ariari. Mucho más moderna  que hace más de treinta y cinco años.  A propósito, es  necesario que cambiemos el paradigma de “ciudad moderna” impuesto en los años de postguerra, que es el que actualmente tenemos y que lamentablemente muchos dirigentes, empresarios y grandes industrias se rehúsan a dejar. Donde las ciudades le dan la espalda al medio natural y los recursos naturales son solo vistos para satisfacer las necesidades de una creciente  pobres agro industrialización y escasa urbanización.

Granada, Meta, en época de verano. Al fondo, el río Ariari y  el puente que lo cruza.

Al cambiar ese paradigma de “ciudad moderna” y ante el surgimiento del discurso del Desarrollo Sustentable; es necesario que la población civil, la academia y el Estado conozcan y se involucren con los nuevos conceptos de Sostenibilidad Urbana, Ciudad Sostenible y Ecourbanismo; caracterizados porque cada uno de nosotros empecemos a entender la manera de relacionarnos entre un sistema construido (Ciudad) y un sistema natural (Medio Ambiente); y que en su relación entendamos que todos hacemos parte de un Ecosistema.

Como  al lado de la vía pavimentada o central, existían unas “matas” de café, este cultivo sirve como columna central para recordar el pasado del café en el Alto Ariari. No había terminado la primera violencia en el país cuando los cachiporros y los godos de la época derrotados en esta primera guerra llegaron a las tierras del Alto Ariari. La mayoría de ellos venían del sur del Tolima, del sur del Huila, otros de Antioquia, del Valle, de Santander y de la región Cundiboyacense.

En su mayoría eran labriegos, hombres y mujeres de campo que lo habían perdido todo y solo tenían una mujer, unos barrigones llenos de lombrices, un perro flaco y una que otra escopeta.

Los acompañaba el “ángel de la guarda”, la cédula, el carné de liberal o conservador y la tierra por montones en las uñas y en las orejas. Tenían una gran verraquera y ganas de trabajar y así se fueron enfrentando al Ariari,  al Guejar, a la noche, a los animales y al monte. A golpe de hacha y machete (sin Héctor Lavoe, quien posteriormente cantó: Pa lante, alta la frente, de frente vamos a demostrar, que lo nuestro no fue  un golpe de suerte, somos hacha y machete y esa es la verdad) fueron abriendo trocha y conociendo a otros pobladores que venían del Sumapaz y así revueltos “fundaron” San Luis de Cubarral, El Dorado y Medellín del Ariari (El Castillo).

Más tarde los caciques de los partidos tradicionales dieron las órdenes y se fueron nuevamente enardeciendo los ánimos y se fueron quedando en el Alto Ariari, separados, sin puente y sin amistad, anticipándose a la salsa del Grupo Niche… del puente para allá…

Estos campesinos pobres desde de la década del sesenta hasta hoy en día con más ganas que apoyo del Estado colombiano, han sembrado y ensayado con la piscicultura, los frutales, el plátano, la maracachafa, el cacao y el café. Solamente con el café y el cacao, y una que otra “bicha” han aguantado las aperturas económicas del sistema, la violencia indiscriminada (de legales e ilegales), la roya y la broca del café (traída por la Federación). Con el “pepeo” de estas dos especies han aguantado, levantado hijos para la vida y dicen los entendidos que han hecho Patria.

En Colombia, y también el Alto Ariari, en los 80 y noventa, se desgranaba el rojo grano entre los ágiles dedos, muy distintos a los de ahora en que se nos desgranan las lágrimas. Era un rito descerezar, secar, despasillar.

Los domingos, desde la vereda salía la recua de mulas o los Carpati o los Willys, silbando “me voy pal pueblo, hoy es mi día”… Hoy, tristemente, el Gobierno nacional, con Duque a la cabeza,  cambió la letra y los campesinos pobres dicen en otros lados: “me voy pal paro, hoy es mi día”.

*Catedrático ESAP.