La cuestión es de diferencias

El silencio de las mujeres, las mujeres no hablan ni participan ni en la vida pública ni política ni económica. El ejercicio del poder es para los hombres. La misoginia del patriarcado.

 

Por Iván Rodrigo García Palacios

Hace pocos días el amigo Gustavo Colorado tuvo a bien hacerme llegar un comentario a un texto que publiqué en mi blog Lector ludi y que también publicó LA COLA DE RATA, en el que hablaba de las mujeres escritoras. Y esto fue lo que él me dijo:

“A propósito de la reciente entrada en tu blog y sobre eso de literatura masculina y femenina, hace pocos días vi en CNN una entrevista a Nubia Escobedo, presidente de BMW en México. Cuando la reportera le preguntó, vindicativa, acerca de cuántas mujeres trabajaban para esa empresa en México, la ejecutiva le respondió, lapidaria: “Eso no es cuestión de género, sino de competencias”.

La lapidaria respuesta de la ejecutiva me pareció que era uno de esos dispositivos ideológicos que funcionan en el discurso para hacer parecer que se dice una cosa que es otra cosa. Por ello le repliqué a Gustavo con una parodia de la citada frase: “no, la cosa no es de género, sino de diferencias”.

Me explico: las diferencias no son si se es hombre o mujer o cualquiera otro género, eso es obvio, sino de las diferencias que se dan cuando una empresa va a seleccionar a un hombre o a una mujer para un puesto de trabajo y los resultados de su proceso de selección son iguales, lo que los colocan en igualdad de competencias y condiciones. Pues bien, lo común es que el puesto se le otorgue al hombre. Además, si por cualquier motivo se le otorga a la mujer, le pagan menos de lo que le hubieran pagado al hombre.

Así queda desmontado eso de las competencias, pues es obvio que cada empresa espera seleccionar los mejores trabajadores para su operación y funcionamiento y para ello establecen los perfiles y requerimientos de cada puesto de trabajo. Eso sí, a menos que se exija que el trabajo lo realice un hombre o una mujer, lo que no es muy común.

Ese mismo dispositivo funciona si se trata de personas blancas o negras o de otros colores de piel o raza.

Y otro punto, y volviendo a lo de la entrevista a la ejecutiva de BMW: claro que si la reportera hubiera sido un poco más hábil, le hubiera contrapreguntado como tiene que ser. Por ejemplo:

“¿Cuántas mujeres con las mismas competencias que los hombres ha contratado en su empresa?”

Pero el asunto que me motiva a esta nota es otro.

Acabo de leer un libro asombroso de Mary Beard, Mujeres y poder. Un manifiesto.

El nombre completo de la autora es: Winifred Mary Beard, lo aclaro para que no se la confunda con la estadounidense y defensora de los derechos de la mujer, Mary Ritter Beard.

Winifred Mary Beard es una reconocida académica inglesa, catedrática en la Universidad de Cambridge y especializada en estudios clásicos. Y ese currículum es importante para esta reseña a su manifiesto sobre Mujeres y poder, porque ella expone, en las un poco más de cincuenta páginas del libro, una revisión a los dispositivos ideológicos con los que se ha marginado, sometido y dominado a las mujeres desde la antigüedad, los mismos que todavía hoy día funcionan con perversa eficiencia y eficacia: el silencio de las mujeres, las mujeres no hablan ni participan ni en la vida pública ni política ni económica. El ejercicio del poder es para los hombres. La misoginia del patriarcado.

Como sé que el amigo Gustavo es padre de una hija, bien le valdría leer este libro y recomendarlo a su hija y todas sus amigas. Lo que es válido para todos los padres, hombres y mujeres que lean esta nota.