imagesEl otoño del patriarca de nuestro venerado Gabriel García Márquez parece haberse inspirado en la vida y muerte de Hugo Chávez Frías, máximo comandante de la hermana república de Venezuela

Por: Nathalia Gómez Raigosa*

Su largo poema en prosa que narra la historia de un general sin nombre, al cual se le pueden acomodar varios, tiene muchas similitudes con la historia del líder de la revolución bolivariana, aunque algunas características o situaciones no se acomodan, otras son verdaderamente idénticas: vivió a orillas del mar Caribe, proviene de la clase popular, no tuvo educación, fue colocado en el poder tras un golpe militar, utilizó métodos agresivos para que se cumpliera su ley, expropió bienes, se le tildó de déspota, es una combinación entre Jesús y Simón Bolívar, rompió y reanudó sus relaciones con el Vaticano, tiene dobles para su protección, murió varias veces para engañar a su pueblo, conspiraron en su contra, su muerte definitiva se da en soledad y lejos del clamor de su patria y el pueblo lo ve como una leyenda.

Obviamente Chávez no tenía todos los años del patriarca, pero igual que él, murió debido a su propia descomposición corporal, por un cáncer que se lo fue carcomiendo por dentro y con el terror latente de que la muerte era la única capaz de arrebatarle su poder.

Tal vez mucho desearon su muerte, posiblemente hasta la hayan planeado, como lo ha asegurado Maduro, quien piensa que su padecimiento fue inoculado por Estados Unidos, quienes pretendían deshacerse de una piedra en el zapato.

Nadie lo sabe, parece que nadie, o por lo menos la opinión pública, nunca lo sabrá. Su persona ha trascendido de lo terrestre a lo mítico por todos los cuentos que se tejen alrededor de su fallecimiento, que como el de Cristo ha sido un misterio indescifrable.

Para algunos la sola comparación es escandalosa, herética o yendo más allá se podría calificar como blasfematoria, pero yo no soy la primera que lo sugiere, el mismo pueblo venezolano ha gritado en su funeral: “Chávez es nuestro dios” y el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, sostuvo que el polémico presidente “volverá a la tierra para traer la justicia en las filas de Mahdi, al lado de Jesucristo”. Eso se puede interpretar como que resucitará entre los muertos, para que reine el socialismo del siglo XXI en las naciones.

Será entonces que el nacimiento del comandante era realmente la segunda venida al mundo del redentor, como lo diría Gabo: eso solo lo saben las aguas premonitorias de los lebrillos de las pitonisas. De ser así, entonces Obama vendría siendo Herodes; Maduro, Pedro; y Piedad Córdoba, María Magdalena.

Seriamente, Venezuela parece haber entrado en otra dimensión después de su deceso, en sus calles se vive y respira el realismo mágico en todo su esplendor, donde tiempos y espacios se confunden y vivos y muertos se comunican y ya no se puede distinguir a ciencia cierta lo real de lo imaginario.

No se sabe cuándo, ni dónde fue con precisión que murió, hay quienes dicen que fue horas antes de la oficial, para el mercado de bonos este habría muerto hace tres meses cuando empezó a caer la rentabilidad de su deuda, en medio de la incertidumbre sobre la forma en que su sucesor enfrentaría los problemas económicos de Venezuela, otros dicen que murió en Cuba tras su última cirugía o días después. El caso es que no se tienen certezas, tan solo preguntas.

Según contaron militares cercanos a las tramoyas gubernamentales al portal abc. es, Chávez murió en isla de los Castro y no en la patria del libertador y el cuerpo fue cambiado en el sótano de la academia militar, cuando el féretro llegó allí después de seis horas de procesión, en la que miles de venezolanos lloraron un ataúd vacío.

Durante los tres meses que no apareció en los medios de comunicación, tras someterse a una cuarta intervención quirúrgica en Cuba, no hubo pruebas fehacientes de que estuviera vivito y coleando, si acaso una foto dudosa en la que aparece rozagante al lado de sus hijas, de la cual dicen que es un montaje y se le puede colocar la cara de cualquiera, también se presentaron unas firmas que pudo dejar hechas, pero nadie de incidencia internacional, diferente al gobierno, se comprometió a decir que lo visitó y lo vio con todas sus facultades.

¡Cuál será el objetivo de ocultar su muerte?, ¡por qué la oficializaron el 5 de marzo?, ¡qué tipo de cáncer tenía?, gobernó desde el más allá, todo es demasiado enigmático, hay quienes dicen que es un engendro y no merece una lágrima, hay quienes dicen que no es posible que un ser humano se alegre por su muerte.

La ‘tierra del petroleo’ hoy es el centro de todos los excesos y la figura ferviente del neobarroco caribeño. Las calles de Caracas nunca fueron tan rojas como en su caravana fúnebre. Nunca nadie había sido tan llorado en Venezuela como Chávez, o por lo menos no tan desbordadamente y con tanto sentimiento. De tal manera que ya se insinúa una esquizofrenia colectiva.

Ni el sol abrasador, ni las kilométricas filas, ni el sofoco de los 32 grados de temperatura, impidieron que los desconsolados continuaran con una descomunal romería, que no se ve ni en Semana Santa.

A Chávez se le rindió un funeral que más que de estado, parecía de monarca, armonizado por un robusto coro angelical y el lamento de una orquesta sinfónica. Presidentes de 33 naciones se turnaron para hacerle cuatro guardias de honor y representantes de otros centenares de gobiernos le dieron el último adiós. En un mismo lugar sintieron su muerte tanto el socialismo como el neoliberalismo y hasta las Farc planeaban asistir a su sepelio.

En las afueras de la academia militar, el pueblo acampa mientras realiza las colas infinitas para despedirse de su patriarca. Fueron decretados en Venezuela siete días de duelo, que se convirtieron en diez, en cuba fijaron dos y en Argentina tres.

La imagen de lienzo con su uniforme verde oliva, boina escarlata y ceño fruncido es venerada a gran escala por las multitudes, que la comercializan, junto a otras, en manillas y camisetas como si fueran artículos religiosos.

Chávez ya no es de este mundo, pero sus acciones se siguen multiplicando, su voz se continúa escuchando en el discurso populista de su heredero y en las arengas del pueblo que lo reclama: “Chávez vive, la lucha sigue”, “El comandante estará en nuestros corazones”, “Chávez no se ha ido, su espíritu está con nosotros”.

Y así es, Chávez no se irá, ya que a pesar de que aseguró en el 2009 que “un cuerpo insepulto y exhibido mostraba la descomposición moral del planeta”, al suyo lo planean embalsamar y exponer para “que la gente lo mire toda la vida”. Su figura quedará imperturbable como la de Eva Duarte de Perón, Lenin o Mao Tse Tung, gracias a la magia de la taxidermia y será exhibida en una urna de cristal en un museo dedicado a su revolución, a la altura de los faraones o los santos.

Con tanta idolatría, ‘San Hugo’, tendrá que responder curando enfermos, consiguiendo novios o por lo menos alejando todo lo que huela a imperialismo yanqui del camino de su suplente, para así aspirar a una canonización, poderse declarar patrono de la nación y que en su honor se decrete uno que otro día festivo.

No es de extrañarse que empiecen a ver su rostro en la taza de chocolate o en las hojas de las palmas de plátano, ni descabellado pensar en la posibilidad de una clonación, por lo menos así Maduro podrá cumplir su promesa de “Vivo en todos los tiempos”.

Es claro que Chávez, como siguen repitiendo sus hijos, “dejó de ser un hombre para convertirse en un pueblo”. Debo confesar que lo conocí más ahora que está muerto que cuando estaba vivo, pude comprender por qué continuaba ocupando su silla, por qué era un patriarca garciamarquiano y distinguir sus facciones llaneras en las caras de los millares de afligidos.