“ Nos han hablado de una reubicación, pero hasta el momento no han cumplido, además hemos solicitado cita con el actual Alcalde y no nos ha atendido por ser habitantes de una invasión…”

caricatura matador

Por: Édison Fabián Osorio Morales

A pesar del cacareo de los distintos gobiernos que ha tenido Colombia, ufanándose de ser los profetas de la prosperidad y el bienestar, con sus políticas de libre comercio lo que  han generado ha sido el efecto contrario a diferencia de los vinos de calidad, es decir, con el pasar de los años la situación política, social y económica es cada vez peor.

Y no es para más, la pobreza se propaga en el  país  como un virus letal que lesiona gravemente la calidad de vida de las personas. Según las cifras del Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado para 2010 por la agencia PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), Colombia tiene un IDH de 0,689 y ocupa el puesto 79 entre 169 países. El gasto en salud por persona es de  516 dólares mientras el de América Latina es de  732;  en el factor de distribución de ingreso estamos entre los siete más desiguales del mundo, superados por Namibia, Angola, Botswana, Belice, Islas Comores y Haití. Estamos  en el puesto 81 entre los 85 de IDH alto en cuanto a población sin acceso a saneamiento básico y el segundo en indigencia luego de Filipinas.

Lo anterior lo vemos palpable en muchos lugares del país. Municipios como Tumaco sobresalen por condiciones que rayan con la ignominia. Allí, dos de cada tres hogares no tienen agua y tres de cada cuatro están sin baño y el 98 por ciento de los habitantes se encuentran en el trabajo informal.

De igual forma,  Santa Rosa de Cabal no se queda atrás, el municipio cuenta con zonas marginadas donde los pobladores viven en condiciones bastante adversas, abandonados por la comunidad y las distintas administraciones locales, como en el caso de La Huesera. Este lugar, ubicado a las afueras del área urbana, conformado por los barrios Santa Elena, Samaria Baja y Alta,  lleva ocupado en invasión más de 20 años, según cuentan sus habitantes. Comenzó en un caserío de entre 15 o 20 casas, pero con el pasar de los años y el aumento de la pobreza, la población fue creciendo, pasando en la actualidad a aproximadamente 300 familias. Las viviendas allí, en más de un 90 por ciento, están construidas en bahareque, y no cuentan con alcantarillado. De igual forma, para obtener el agua sus habitantes la toman  de una quebrada o un pozo, la cual es transportada través de una manguera hasta sus hogares.

El Presidente de la Junta de Acción Comunal de La Huesera, Geover Velásquez, comenta las desatenciones que han sufrido los habitantes de la zona por las distintas administraciones del municipio incluyendo la actual, dice: “Nos han hablado de una reubicación, pero hasta el momento no han cumplido, además hemos solicitado cita con el actual alcalde y no nos ha atendido por ser habitantes de una invasión , igualmente a las personas que han llegado nuevas no le han conectado servicio de energía por este mismo motivo”. Marina Palacio, habitante de La Huesera cuenta que “siempre hemos estado muy abandonados, no hay atención a las personas de la tercera edad, tampoco tenemos puesto de salud cerca, ni caseta de acción comunal. Tenemos una escuela pero queda lejos del sector de Samaria Baja y Santa Elena debido al precario transporte” .

A lo anterior, se suma la informalidad pues un alto porcentaje trabaja la minería artesanal, labor que actualmente ejercen con dificultad al ser tratados como criminales por el Gobierno de Juan Manuel Santos, quien con el decreto 2235 del 2012, autoriza la destrucción de maquinaria y detención a  los mineros informales que no tengan título o licencia ambiental. Y otro grupo muy significativo vive de la caridad pública; para ganarse la vida acude todos los días al casco urbano en solicitud de cualquier ayuda.

Finalizando, para el gobierno de Juan Manuel Santos, muy seguramente los habitantes de La Huesera son prósperos y están saliendo de la pobreza dado el  amañado índice que utiliza para definirla, según el cual si una familia gana al mes 190 mil pesos en adelante deja de ser pobre. Esta resulta ser una jugada truculenta tendiente a invisibilizar a los pobres. Los ciudadanos de La Huesera reclaman más oportunidades laborales, más apoyo en vivienda, cultura, atención en saneamiento básico, por parte de la administración local, y comenzar así ha salir verdaderamente  de las enormes cifras de pobreza que tiene nuestro país.