La nueva normalidad –dicen– y me molesta profundamente. La nueva normalidad se piensa en futuro, pero viene escrita en pasado. Volver es la palabra repetida, la que todos anhelamos. El cuándo es la única incógnita que no nos atrevemos a reconocer, pero todos lo deseamos.

 

Por / Javier Sánchez Pedrera

Hago el esfuerzo de comprender esa frase que ya es casi una misma palabra, pienso en ella, la repaso mentalmente, la [de] construyo, le doy la vuelta, la vuelvo a construir. No hay manera. La nueva normalidad –dicen– y me suena feo, extraño, irreconocible. Quizás porque sea un oxímoron o tal vez porque no hay posibilidad de que lo entienda de otra manera, es imposible.

Como muchas otras cosas que no se entienden, lo dejo estar o creo dejar de hacerlo, entonces reflexiono y comienza un baile de flashes por mi cabeza. Pienso en ese hombre que estuvo a punto de morir ahogado y como si nada hubiese pasado, vuelve a zambullirse –feliz– en el agua, pienso también en la conversación ingenua del amigo con ese amigo que tiempo atrás lo delató, o la mujer que vuelve sin temor a los brazos de su maltratador, como si no supiera de la gravedad, con una sonrisa sincera, una memoria borrada.

Nada de eso ha ocurrido, ni lo hará. Todos ellos, dudo que lo intentaran, no quisieron o no pudieron volver a la antigua normalidad. Sus rutinas cambiaron, sus reacciones cambiaron, sus pensamientos cambiaron, sus vidas cambiaron. Se adaptaron, unos mejor, otros tratan de conseguirlo aún.

La nueva normalidad –dicen– y suena como si quisiera sonarme bien, pero hay algo que desafina, entonces todo se trunca, se rompe y vuelta a empezar. ¿Qué es esa palabra que tanto se dice y no quiere decir nada? La nueva normalidad se habla en futuro: cuando llegue. Mientras, esperamos e imagino que lo hacemos en un espacio entre ambas, en algo llamado anormalidad. Cuando por fin lo haga y cambiemos de plano, supongo que esta normalidad nos habrá hecho más cautos, más responsables, más cercanos, más sensibles.

Pero el camino que nos lleva hacia ella me parece idéntico al de siempre. El hambre no se erradicará, los conflictos seguirán moldeando el mundo, millones de personas seguirán saltando vallas, el petróleo no se agotará, las armas seguirán vendiéndose, la contaminación aumentando, los políticos robando y tantos y tantos “–andos” como puedas imaginar, y pocos de ellos buenos.

La nueva normalidad –dicen– y me molesta profundamente. La nueva normalidad se piensa en futuro, pero viene escrita en pasado. Volver es la palabra repetida, la que todos anhelamos. El cuándo es la única incógnita que no nos atrevemos a reconocer, pero todos lo deseamos. Ansiamos retomar nuestra comodidad. Al fin y fin y al cabo, siempre tuvimos temor a lo diferente. Resulta que después de todo somos conservadores, no hay duda. Leo el diario y ya comienzo a entender: “¿Cuándo podremos volver a viajar al Caribe? ¿Cuándo volverán a abrir los centros comerciales? ¿Cuándo se reanudará la liga de futbol?”.

La nueva normalidad es un invento. La creamos sabiendo que jamás existirá, no hace falta, no aporta. La nueva normalidad es simplemente esperanza, la necesidad de ver un horizonte, de establecer un límite que termine con el llano donde nos hemos asentado estos meses.

IG: @miradacronica