Todos tenemos derecho a protestar, en especial en un asunto tan importante como es la Educación Pública en Colombia, ojalá pronto gratuita y de calidad; pero no seamos tan doble moralistas para llevar a cabo acciones que generan gastos innecesarios.

 

Por: Eduardo Valencia Guevara

Antes de que los insultos superen los argumentos en cantidad y que el enojo se apodere de quienes leen quisiera dejar en claro que también hice parte de la universidad pública. No, no terminé, por asuntos de salud; si quieren creer que fui vago o uno de tantos que se pierden en el camino de la carrera universitaria, no me interesa.

El caso es que pasé por la universidad pública, así que lo comentado más adelante no es algo que me contó alguien, es una realidad de la que pocos hablamos, de la que justificamos por los duros golpes  que la Educación Superior sufre por parte del Gobierno que prefiere invertir en una guerra que muchas veces solo existe en la cabeza de los de corbata.

Los recortes de presupuesto, los incumplimientos a docentes, entre otros, son un perfecto caldo de cultivo para inculcar un sentimiento de lucha y revolución en el sector universitario. Lamentablemente, en ese mismo sector, pocas veces se dan cuenta de la cara no tan amable de dicha revolución.

Es usual ver que los estudiantes que toman la vocería en momentos de protesta como asambleas y marchas, en ocasiones son personajes que llevan un tiempo considerable en la universidad; se expresan con una elocuencia que uno se niega a creer que sigan ahí por perder y perder asignaturas y hasta semestres enteros; debe haber otra razón.

Esos mismos personajes se quejan de los pocos cupos que hay en la educación pública superior, dan ganas de decirles “Estudien, gradúense y liberen el cupo”, el que estén tan atornillados como Gerlein al Congreso le está quitando el cupo a muchos que sí quieren estudiar.

Ellos tienen derecho a estar en la universidad e incluso a protestar y marchar por sus derechos, pero una verdadera protesta. Lastimosamente, aquellas protestas se suelen transformar en otra cosa, cuando se encapuchan rayando las paredes de los bloques educativos con frases y rostros de asesinos y dictadores (o casi dictadores), eso sí, solo los de países vecinos.

Vaya uno intente hacer un rayón sobre uno local y A Uno Ve cómo comienza a peligrar su vida. Lo mejor que podría pasar sería recibir un montón de insultos de los “compañeros”; el susto llega cuando los dizque movimientos estudiantiles comienzan a mandar mensajes, similares a los de las infames Águilas Negras.

Obviamente hablo de un caso hipotético, nadie haría un rayón del casi dictador local, por más que sea idolatrado por algunos, y así como Chávez (el venezolano) lo catalogan como Presidente Eterno, no creo que el fanatismo llegue a eso… Los fanáticos prefieren a Mao, a Fidel, o al mismo Hugo; como suele ocurrir, inclinándonos por lo extranjero.

Pero volvamos al tema. Aquellos personajes encapuchados, héroes o vándalos se han visto toda la vida, rayando paredes y lanzando rocas y pequeños explosivos (las famosas papas) y un interesante etcétera. Compañeros, eso no es protesta, eso es otra cosa. Ya quisiéramos algunos que pasara como hace poco pasó en la UNAM en México, donde otro universitario confrontó a quienes  pintaban elementos del campus universitario. Obviamente, los encapuchados intentaron justificar lo injustificable.

Video de evidencia.

Si han llegado hasta aquí se preguntarán: ¿cuáles son los gastos de los que el título habla? Pues la respuesta es sencilla. Hagan el ejercicio, pregúntense:

– ¿Cuánto le cuesta al país mantener durante incontables semestres a un estudiante cuya prioridad es la revolución y no la educación?
Entendemos que quieran luchar, pero como egresados pueden defender la universidad pública y aportar para el país desde sus profesiones.

 

– ¿Cuánto cuesta limpiar un rayón de una pared o del suelo? Teniendo en cuenta la pintura (si amerita volver a pintar), la mano de obra y otros elementos logísticos.

Estos rayones no tienen justificación alguna, las paredes en blanco no siempre son mentes en blanco. Las paredes en blanco muchas veces significan mentes pensando en sacar adelante un país entero.

Y sumémosle algo. Acá en Colombia los de corbata son felices haciendo sobre costos, así que fácilmente la mano de obra y la pintura para quitar el rayón pueden facturarla por unos cuantos millones de pesos (ya sabemos para qué bolsillo va la mayoría de esa plata) y ni se diga lo de los estudiantes que tienen prioridades diferentes al estudio.

Todos tenemos derecho a protestar, en especial en un asunto tan importante como es la Educación Pública en Colombia, ojalá pronto gratuita y de calidad; pero no seamos tan doble moralistas para llevar a cabo acciones que generan gastos innecesarios.Ya suficiente es el déficit con el que tienen que lidiar.

Rayando paredes y lanzando rocas no se mejora el país. Cómo me gustaría ver una Colombia justa para que este tipo de actos no tuviera justificación.

Protestemos por la educación, sí; luchemos por lo justo, sí; pero no así.

Nota de la Dirección: la actual protesta que adelantan los estudiantes universitarios, a la que se suman varios profesores y algunos administrativos, se ha caracterizado por algo inédito: la escasa presencia de hechos cuestionables como los mencionados por el columnista, incluso la actitud retadora de los estudiantes cuando se enfrentan a los saboteadores.