¿Existe un tratado de la soledad? Si lo hay y fue hecho por alguien, este es original, pues lo hizo alguien en soledad. No es un juego lingüístico, sino una referencia a pensar qué somos ante el mundo y ante esta reflexión que sale de un espacio y desde una persona. un diálogo de sombras sobre una rueca rota irreparable.

 

Por: Diego Firmiano

 

“There is another man within me, that´s angry with me”

Thomas Browne

La soledad es la droga del hombre. Pero como en toda droga hay una recreativas y otras destructivas. Hay que saber pues diferenciar como se quiere empezar el viaje, porque hay que aprender a estar solos sin aburrirnos. Solo así alcanzaremos a oírnos a nosotros mismos sin recurrir a palabras humanas, además de huir del ruido que desvanece el espíritu humano.

De igual modo cuando cae la luz del día, cuando los objetos pierden sus colores y sus entornos y se funden lentamente en un gris que poco a poco se vuelve más oscuro, el hombre se siente solo en el mundo. ¿Es esto bueno o malo? Los juicios de valor no recaen en la utilidad sino en la esencia. El viaje comienza.

Cuando se vive solo se se ama más a los humanos y un interés bello nos acerca a ellos.  Eso de que somos millones de personas viviendo juntas en soledad es una verdad. Pero lo que no está dicho es que ser solitario es igual a encerrarse, pero estar solo es abrirse a sí mismo para comprender a los otros.  El primero es una prisión, el segundo un mundo por explorar, ya que la imaginación resucita el alma al rescatarla del gentío y encierra esas pasiones que siempre están en suspendo y supeditadas a error.

Un retiro al aire libre para ver los pájaros acróbatas, oír susurrar un bosque, o sentir el borboteo de un arroyo, unido a un ayuno voluntario de silencio, revitaliza.  Hay palabras que aturden y silencios que hablan, por ello deberíamos desmontar las palabras, limpiarlas y volverlas a insertar para depurar el lenguaje. Indudablemente, hay cosas que no están en el diccionario, pero sí dentro del hombre.

La soledad es ese bedel que nos conduce al reino donde las palabras no existen y así se puede ver lo que el lenguaje nos limita por su finitud. ¿Qué hay detrás de las palabras?, ¿qué es una palabra? Hay que correr una pequeña cortina que nos separa para saber ignorando e ignorar sabiendo (el que tenga ojos que lea). Y aquí la soledad se pone espesa. Por ello acuso a Nicolás de Cusa, recuso a Henry David Thoreau, señalo a Aristóteles, porque hay que ser un dios o un animal para vivir solos sin conocernos. Aquí la comadreja de Sócrates sobra. Ese conócete a ti mismo es tan confuso como el alfabeto de treinta y seis caracteres.

Para conocernos hace falta anhelar el silencio, verdadera esencia del ser humano. Fuera de esto somos ruido y furia. Oda a la soledad, oda al silencio de las palabras y al nacimiento del hombre. Ese anthropos, ese lugar de luz que no es luz sino un guirigay.