Eduardo Arias PinedaDe allí el rechazo cada vez mayor hacia las cabalgatas tal como se conciben y practican hoy en día, pues como ritual social está rodeado por una red símbolos que reflejan un show del exhibicionismo, el exceso, el lucimiento de lo superfluo…

 

Por: Eduardo Arias Pineda*

La consecutiva cancelación de las cabalgatas en las fiestas y ferias de distintas ciudades del país tales como Medellín, Cali, Bucaramanga y Envigado, reabre el debate en torno a la realización de estos eventos, pero sobre todo se convierte en una invitación a pensar en los cambios culturales que una sociedad con mayor conciencia ambiental reclama; por esta razón, la discusión acerca de las cabalgatas no es un tema exclusivo del movimiento animalista, pues pensar en ellas como rituales sociales para transformar, nos acerca precisamente a esos cambios culturales de fondo en función de la pretendida sustentabilidad ambiental.

De lo expuesto anteriormente se entiende la importancia de abrir paso a prácticas culturales distintas, en la que la relación con el otro y los otros –en este caso los caballos–, no esté mediada por esquemas de dominación sino por el contrario esquemas de apoyo mutuo, es decir, rituales sociales cuya visión y propósito sea el conocimiento e interpretación de esa compleja trama de la vida de la que hacemos parte, rituales que nos conecten como estrategia para superar esta crisis civilizatoria, que en su esquizofrenia cultural nos ha conducido a superar los límites planetarios, configurando así la denominada crisis ambiental global. En este sentido, Augusto Ángel Maya, maestro del pensamiento ambiental, siempre planteó que para superar la crisis ambiental es necesaria la formulación de las bases de una nueva cultura.

Este es precisamente el meollo del asunto, el motivo de fondo para oponerse a la realización de las tradicionales cabalgatas, no sólo por parte de las organizaciones animalistas, sino también de otros sectores de la ciudadanía -permeadas por una mayor conciencia ambiental-, que entienden la importancia de promover nuevos eventos o rituales sociales en clave de sustentabilidad ambiental.  De allí el rechazo cada vez mayor hacia las cabalgatas tal como se conciben y practican hoy en día, pues como ritual social está rodeado por una red símbolos que reflejan un show del exhibicionismo, el exceso, el lucimiento de lo superfluo, la ostentación de riqueza y el poder, dejando en evidencia lo que algunos llaman como los vestigios o influencia de la narcocultura en la sociedad colombiana.

A pesar de que ya algunas personas tachen la oposición a las tradicionales cabalgatas como fundamentalismo de los animalistas, es extraño que ante la propuesta de llevar las cabalgatas al sector rural, esta no guste dentro del sector caballista; sin embargo, es lógico pensar que los empleos y la dinamización del comercio que se crean y que sirven de base argumentativa para los organizadores en continuar con las cabalgatas, no pueda ser llevada a poblaciones rurales donde estos beneficios son poco frecuentes. Planteada desde una perspectiva ambiental, tal vez sean las cabalgatas ecológicas rurales parte de una apuesta de transición, que basado en procesos serios de turismo sostenible, se convierta en la alternativa que supere la polémica social de realizar las cabalgatas dentro de las ciudades.

Si se preguntara entonces a los ciudadanos acerca de si: ¿en la realización de las tradicionales cabalgatas durante las Fiestas de la Cosecha se lleva a cabo maltrato animal hacia los equinos participantes?, los resultados seguramente justificarían inmediatamente su terminación; sin embargo, no existe la voluntad política para esto y ejemplos como el de Medellín que mediante Acuerdo municipal reglamentó los desfiles con animales, se muestra el paso a seguir por los animalistas para avanzar en el objetivo de evitar el maltrato animal de los caballos en las cabalgatas.

Para este año la Feria de la Flores de la ciudad de Medellín cerró sus fiestas con un multitudinario ciclo paseo, demostrando como nuevos rituales sociales en concordancia con las exigencias ambientales, pueden responder a las nuevas cosmovisiones ciudadanas producto de una mayor conciencia ambiental.  En el caso de Pereira, la cabalgata seguirá siendo por ahora el ritual de cierre de las Fiestas de la Cosecha, no obstante los cambios culturales ambientales se seguirán gestando, estructurando y creciendo, hasta poner fin al maltrato animal en cualquier clase de evento o espectáculo público.

@eduariaspineda