LEO TOROEl verdadero regalo fueron las cápsulas del tiempo que desmitificaron la celebración de lo físico, como lo fuera una calle, a lo imaginario, como lo son sus pensamientos, sus recuerdos, su historia y sus esperanzas.

Por: Leandro Toro Valencia

De manera muy positiva fue acogido el proyecto que, a mi parecer, rescató las fiestas aniversarias de Pereira en su Sesquicentenario. Las cápsulas del tiempo se encargaron de rescatar las historias, los mitos, el imaginario de la población pereirana sobre sus sectores y su ciudad y así construir ciudadanía desde un formato que fue muy bien acogido. El pasado jueves 26 de septiembre se enterró la cápsula mayor en la mitad de la Plaza de Bolívar y será reabierta en 50 años, en el 2063, y será un acontecimiento que genere revuelo y expectativas por la ciudad que tendremos.

Sin demeritar otros proyectos y actividades que durante el sesquicentenario engalanaron la ciudad, como el acto central en la Plaza Victoria cuya asistencia fue considerable y que a través de la cultura celebró los 150 años de la ciudad; este proyecto de la cápsula del tiempo se llevó todos los honores por ser el que cerrará la celebración y además por hacer partícipes a todo aquel que así lo quisiese.

Claro que no existe el lienzo blanco puramente y la mancha a estas celebraciones fue otro proyecto que se convertiría en el regalo que la ciudad no necesitaba: La Calle de la Fundación. Y pareciese que fuera la calle de la perdición, porque colapsó al centro en fechas neurálgicas como lo son sus fiestas, a cada rato vemos como destruyen lo construido y el dinero no alcanzó y el Concejo Municipal debió aprobar recursos adicionales para su terminación. Claro, entidades y muchas personas apostaban a este como el gran regalo para la ciudad, sin darse cuenta que el verdadero regalo fueron las cápsulas del tiempo que desmitificaron la celebración de lo físico, como lo fuera una calle, a lo imaginario, como lo son sus pensamientos, sus recuerdos, su historia y sus esperanzas.

Una inmensa felicitación a la ciudad de mis amores, a la querendona que con su clima acoge a cualquier forastero; a la trasnochadora que trabaja sin descanso por el progreso de su gente; y la morena que bajo tantos estragos de sus dirigentes y conflictos sociales mantiene su belleza, no en lo físico sino en lo inmaterial de cada pereirano. 150 años, y con la esperanza de las cápsulas del tiempo y la reconstrucción histórica que éstas generaron, nos aseguran, mínimo, unos 50 años más. En el 2063 nos vemos.