LAS GAFAS DE SANTRICH

Es hora de quitarse las gafas de Santrich, que parece llevaran puestas los miembros del antiguo secretariado de las FARC  y empezar a  mirar las cosas de forma distinta; pues sin duda el más beneficiado con todo lo que ha venido sucediendo en el orden público en el país es el uribismo, en consecuencia,  cada acción en Tumaco, el  Catatumbo o lo sucedido en Ecuador, justifica su ideología.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Ojalá esta columna levantara más polvo que el que negoció Santrich con el cartel de Sinaloa, o el que hizo Santos con el acuerdo de paz, incumpliendo la mayoría de los puntos del acuerdo de La Habana-Cartagena y el Colón.

Y es que en primera instancia, el desarrollo de los acontecimientos que últimamente son titulares de noticieros, diarios, programas de análisis político y periodístico, y que indiscutiblemente ponen en entredicho la legitimidad de los acuerdos, la solidez de lo negociado, la probidad de los negociadores del bando en conflicto, tanto de parte del  Gobierno –al tener la sartén por el mango en el cumplimiento de los acuerdos– como la Farc, en la desmovilización de las estructuras militares que poseen y las cuentas por declarar, así  como las relaciones indiscutibles con el narcotráfico y el aguante que deben tener en saber que el gobierno agónico de Santos les iba a incumplir uno a uno los acuerdos, tal y como sucedió con las estructuras paramilitares en la época de Uribe, deben poner a circular de nuevo en las agendas políticas de los futuros aspirantes a la Casa de Nariño la necesidad de cumplir el acuerdo de paz a como dé lugar, cueste lo que cueste, económicamente, políticamente e incluso culturalmente, pues solo si el gobierno mantiene su voluntad de paz, cada embarrada militar o narco actuación de la Farc, perderá legitimidad.

Por un lado, está el asesinato de los periodistas ecuatorianos de parte de las llamadas disidencias farianas; asesinato que ocasionó un descontento generalizado en el vecino del sur, de una actuación deliberada y acelerada al ordenar levantar la mesa de negociación con el ELN instalada en Quito, y una airada respuesta militar fronteriza nunca antes existente en tiempos de Correa. No debemos olvidar, además, la sustancial separación y distanciamiento de Lenin Moreno de su exjefe y expresidente, Rafael Correa, buscando quizá el consenso de una derecha arrinconada y el beneplácito de los Estados Unidos.

Y  no menos grave para el contexto en el que pasó, es el caso de Jesús Santrich y su demostrada negociación con el cartel de Sinaloa en México, en este caso, el dirigente guerrillero  dio papaya y no le queda bien aducir montaje, existen audios que prueban su culpabilidad, el recibo de dinero de parte del excombatiente, polémico por el quizás quizás quizás de otrora declaraciones a los medios, y su ahora huelga de hambre, ad portas de la extradición que seguramente deberá firmar el próximo presidente que se posesione el 7 de agosto.

Ahora bien, el caso de la extradición de Santrich es un asunto tanto jurídico como político, no tanto por la discusión de si debe pasar el tamiz de la Justicia Especial para la Paz, la llamada JEP, o si debe ser procesado por el orden jurídico ordinario, pues sigue por definirse la fecha exacta del delito cometido por el acusado, lo que hace de algún modo insustancial y distante de la ciudadanía este asunto; lo que sí es claro, y en esto hay que quitarse las gafas de Santrich y mirar las cosas de manera medianamente objetiva, es que esto es también una jugada política que afecta directa e indirectamente a dos candidatos del espectro electoral actual que pasa ahora en el país.

Estos son: por un lado y directamente a Humberto de la Calle, exnegociador del acuerdo en Cuba, y cerebro político del mismo, quien de inmediato trató de desmarcarse del tema, condenando el hecho y diciendo que debía caer sobre Santrich todo el peso de la ley, declaración que responde a lo meramente coyuntural, desde un candidato que más que su aspiración, que ya se sabe perdida, lo que está intentado salvar es a su partido. El liberalismo tendrá que cargar con la responsabilidad de ser el partido de la paz, esto le costara políticamente puestos, contratos y algunas cuotas de poder, y a De la Calle le costó ya de entrada la presidencia.

El otro candidato, el indirectamente afectado, es Petro, pues la memoria selectiva de la gente (no es que el colombiano no tenga memoria, sino que esta es selectiva) no olvidará jamás la alianza transitoria entre el M19  y Escobar que ocasionó el ataque al Palacio de Justicia y el cual, cuando le conviene a la derecha, lo usa a su favor. Esta selectividad ha hecho que Gustavo Petro también se vea en la necesidad de mostrarse fuerte  y de línea dura, al decir que también extraditaría al ex dirigente fariano.

Es hora de quitarse las gafas de Santrich, que parece que llevaran puestas los miembros del antiguo secretariado de las Farc y empezar a mirar las cosas de forma distinta; sin duda,el más beneficiado con todo lo que ha venido sucediendo en el orden público en el país es el uribismo, en consecuencia, cada acción en Tumaco, el  Catatumbo o lo sucedido en Ecuador, justifica su ideología. No ver esto y  no mantenerse en la línea de respetar los acuerdos a cualquier costo, es terminar cantando quizás, quizás, quizás

A propósito de polvo, esperemos que único que dé de qué hablar sea el de Peñalosa, único culpable de la contaminación de Bogotá, según él…