Veinte años después, volvió Trainspotting

Las sustancias psicoactivas pueden ser un estilo de vidaTrainspotting deja ver cómo además del consumo, el craving, o el estilo de vida y los rituales, más las prácticas del consumo, quizás no hayan sido tan estudiadas, sino que la preocupación fundamental será si es adicto o no.

Por: John Harold Giraldo Herrera*

La historia vuelve veinte años después, como si no hubiera pasado nada con el consumo y sí con las vidas. Quienes disfrutan del cine de Boyle, saben que este director pone a los espectadores en ambientes fuertes y con giros que hacen que los ojos salten de las cuencas de la cara y se posen sobre aspectos de fuerza narrativa. Ganó una estatuilla por la obra de Slumndog Millionaire (2008) y ha contado la tremenda 127 horas (2010), La playa (2002), Steve Jobs (2015), entre otras, y es el que se alzó al hombro una película de culto sobre los consumidores de la hache ¨h¨, que ha sido gloriosa, por haber puesto en un lenguaje muy cercano a una serie de personas que son adictas y reflejan las particularidades producidas por una de las sustancias más fuertes por ser de efecto mixto (depresora, alucinógena y al tiempo estimulante), con alto nivel de adicción y difícil superación, Veinte años después pareciera como si ellos no se hubieran transformado ni la hache menos.

Su estilo de vida se mantiene, sus ideas un poco más dispersas, y como grupo atomizados. La esencia intacta, que se evoca en diversos aspectos de sus vidas, algunos especialistas, llaman a esos pasados presentes craving, que, sin ser propia del todo de los consumidores, es parte de una serie de rituales que traen consigo las sustancias, a veces se supera el consumo, más no el estilo. Para mí la película habla en un idioma donde se logra una identificación del caos y la dilución de ese parche. De todos los cuatro de la bandola, que los une más el craving, Spud es el más sabio, y más coherente, aunque en apariencia viva en un viaje más largo, o sea el que puede llegar más bajo. Y es al contrario.

Spud, con su modo de ser, puede observar el derrumbe de los otros, mientras él en su genuina manera de actuar, no sólo loga contar y anclar la historia, sino que puede entregar un amor más cercano y diáfano a su hija, de algún modo, comprender qué es lo que pasa, salirse del centro del consumo y avivar sus sentidos, aunque los tenga cercenados. Mientras que los demás, sólo viven su viaje. Trainspotting dos, es la película de oda a la heroína, algunos piensan que si la muestran logran prevenir, y es contradictorio, porque funciona más como un motor de impulso y de deseo, por un estilo de vida, que aunque decadente, puede y es parte de lo hecho por cientos de miles en el mundo.

Se convierte en un himno, una proclama, una elección soberana. La estrategia de la narración, y de la historia de estos cuatro individuos, funciona como un boomerang: cuestionan al capitalismo, le hacen una ofensiva contra lo trivial de la vida y las relaciones que se ostentan, se van lanza en ristre contra el consumismo, en últimas atacan esas banalidades y afrentas y todas se manifiestan con plenitud en ellos. No es que me esté volviendo conservador y ponga en duda la efectividad de una película. Danny Boyle supo condensar un universo: el de la hache, y puede haber muchas maneras de asumir la película, colocando además de gustos y disgustos, una serie de hechos por debatir: ¿son los consumidores de la hache unos desleales?, ¿es una sustancia imposible de ser drenada del cuerpo?, ¿un heroinómano no puede ser funcional y dependerá toda la vida de esa sustancia?

Trainspotting deja ver cómo además del consumo, el craving, o el estilo de vida y los rituales, más las prácticas del consumo, quizás no hayan sido tan estudiadas, sino que la preocupación fundamental será si es adicto o no. Danny Boyle ha hecho una retoma de actores, parece que hubiera pasado un pestañeo, desde cuando adaptó una novela de Irvine Welsh, y ahora, con quizás más de reunir un elenco y darle una puesta en escena de continuación a un fenómeno creciente, eligió varias rutas: una, darle un papel protagónico a Spud, qué maravilla de personaje; dos, mostrar ese mundo tan complejo de los adictos y sus rituales; tres, sacudirnos con una película que estimula por su narración y lo que nos cuenta; y cuatro, con menos lenguaje fuerte, nos repite la historia con ciertos virajes.

Los que disfrutamos del celuloide, quedamos viviendo un viaje, uno donde haber elegido ver la película, nos sacude. Es una historia emblemática, que surte efectos: nos entretiene, y va cercando los horizontes de sentido, ante una ficción tangible de los consumidores de la hache. Elegir, es la cuestión, es la prueba de que después de una decisión, vienen consigo los desenlaces de esa toma.

Ficha técnica

País, año, duración Reino Unido, 2017, 117 minutos
Director Danny Boyle
Guion John Hodge (Novela: Irvine Welsh)
Música Rick Smith
Fotografía Anthony Dod Mantle
Actores Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner,Kelly Macdonald, Shirley Henderson, Steven Robertson, Anjela Nedyalkova,Irvine Welsh
Productora Film4 / TriStar Pictures / Sony Pictures Entertainment
Género Drama | Amistad. Drogas. Comedia dramática. Secuela

 

*John.giraldo.herrera@gmail.com

Docente Universidad Tecnológica de Pereira