CARLOS MARÍNEl Torneo de Ascenso puede ser el hotel donde se hospede el equipo este año y el siguiente,  sí se sigue ignorando que lo económico recae sobre lo deportivo, y lo deportivo recae sobre lo anímico. En ese orden de ideas,  a lo primero que se debe apuntar desde la tribuna es a la administración.

 

Por: Carlos Marín

El inicio del equipo Deportivo Pereira en esta campaña tiene furibundo a más de uno, en las tribunas insultos van insultos vienen y nadie en el terreno de juego sale ileso cuando el marcador es desfavorable. El cuadro ‘rojiamarillo’ en la cuarta fecha no ha despegado, sólo tiene 1 punto de 12 posibles y las opciones para sumar pasan de largo; sin embargo goza con al menos 700 hinchas cuando juega de local.

El Deportivo Pereira ha recibido todos los diagnósticos posibles; el escaso compromiso de los jugadores, los incentivos económicos, la administración, el tema del cuerpo técnico y hay quienes dicen que sirve como negocio para lucrar a quienes lo manejan. De todo ello, se puede recoger el tema administrativo, pues es la génesis de todos los males que hoy padece; pero el seguidor en la tribuna responde, y no directamente a la administración.

El gesto de ir al estadio se ha convertido en un momento tosco y desagradable, el hincha en general es muy exigente, desea reciprocidad y atención en lo futbolístico, desea que su boleta le entregue un buen espectáculo y cuando eso no sucede explota dejando a los jugadores heridos por partida doble.

Un jugador herido porque ha perdido un encuentro tiene que soportar el silbido del hincha, el regaño en el camerino y, como si fuera poco, la arremetida de los periodistas que terminan siendo indolentes ante la situación misma.

“¿Con este fútbol llegaremos a primera?, ¿le parece que jugando así vamos a llegar a la primera división, con ese fútbol tan pobre?”

Fotografía por Pablo Bohórquez

Fotografía por Pablo Bohórquez

En el encuentro entre Deportivo Pereira y Cúcuta Deportivo, que terminó 1-1 en la noche del jueves 6 de febrero, esas fueron las preguntas de un colega, quien abordó a uno de los jugadores mientras éste salía del camerino algo cabizbajo. El jugador miraba a la cámara atónito, sin nada qué responder; de inmediato el comunicador, bastante profesional en su ejercicio, cambió la pregunta para no dejar con baches la entrevista.

Al hincha le sucede lo mismo, se ha olvidado que el jugador es un ser humano más, que lo atlético no lo vuelve de metal y que cuando vive la derrota su estado de ánimo cae, porque en el fútbol no se juega para perder a menos que la administración lo ordene o ello sea consecuencia directa de pactos económicos.

De todas las enfermedades del Deportivo Pereira la más preocupante es su administración, y la solución es que desde la tribuna se les reclame a los dirigentes y se reduzca la agresión al jugador.

Llenar el estadio como lo hace el América de Cali, también equipo de segunda división, no tiene ningún sentido si el dinero se va a extraviar, o se va en contrataciones dudosas. Esos 700, dos mil o tres mil hinchas que frecuentan las tribunas del Hernán Ramírez Villegas, después de pagar la boleta, deben evitar lesionar a sus jugadores anímicamente.