KEVIN MARÍNRichard Dawkins defiende la libertad de los niños en cuestiones religiosas: “ (…) el propio sonido de la frase ‘niño cristiano’ o ‘niño musulmán’ nos debería dar tanta dentera como las uñas arañando una pizarra.”

 

Por: Kevin Marín

La semana pasada se publicó en el diario El País de España una notica bastante polémica sobre la libertad de cátedra, en vista de que una profesora de la Universidad Cardenal Herrera –CEU de Valencia, Gloria Casanova, impartiera en su clase de Doctrina Social de la Iglesia variadas opiniones que sacaron de quicio a casi todos sus estudiantes.

El clímax de la admisibilidad llegó hasta aquí: “De una terrible violación sacas algo bueno: un hijo, un don de Dios”, los estudiantes abandonaron la clase y no regresaron después. Quizá el mínimo acto que pudieron hacer ante esta visible perversidad y depravación.  Otras frases de la profesora Casanova fueron: “Aunque tu marido te sea infiel, la verdadera prueba de amor es seguir amándole con lágrimas en los ojos, como Jesús lloraba en la cruz”, “las mujeres maltratadas no deben separarse porque eso es amor”.

Estoy a favor de la libertad de cátedra, pero no alcanzo a comprender cómo aquellos maestros pueden llegar hasta extremos que rebosan el índice de aceptación, donde no converge ningún tipo de respeto por el estudiante y el pluralismo estudiantil. Después de las abusivas palabras de la profesora Casanova, como es lógico, no dudó en manifestarse una campaña en contra del adoctrinamiento en las clases, encabezada por los jóvenes del Partido Popular de la provincia de Castellón.

Todo el asunto me recordó los tiempos en que pagué servicio social en uno de los tres núcleos de la institución educativa a la que pertenezco, imágenes tan desastrosas como ver a casi doscientos estudiantes de primaria, que no superaban los diez años, bajo el calor insoportable del medio día, rezando, aplaudiendo, cantando, al mismo tiempo que  una profesora delante de ellos daba las instrucciones. ¡Y pobre aquel que no lo hiciera, se distrajera o hablara, mientras  ella imponía sus reglas! Los niños, por el simple hecho de serlo, no están en la capacidad de decidir lo que quieren hacer en cuestiones religiosas y es aquí donde el adoctrinamiento llega; niños y niñas siguiendo las creencias de sus padres o sus maestros, casi como una cuestión de suerte: tiempo y lugar. El aleccionamiento religioso en niños no es asunto de tolerancia; con el tiempo llegaremos a tener adultos fanáticos y, como un círculo vicioso, impondrán la misma condena a sus propios hijos.

Richard Dawkins defiende la libertad de los niños en cuestiones religiosas: “ (…) el propio sonido de la frase ‘niño cristiano’ o ‘niño musulmán’ nos debería dar tanta dentera como las uñas arañando una pizarra.”

La libertad de cátedra se debe manejar desde la prudencia, no es cierto que se puedan llevar hasta las últimas consecuencias las opiniones o ideologías. Lo ideal es abrir un espacio para la diversidad y el debate entre educadores y educandos, fomentando el pensamiento crítico y la propia conclusión de ideales, combatiendo con fuerza los argumentos, pero no degradando la integridad personal; no podemos aceptar algo que no nos parece, por eso estamos en la obligación de combatir con convicción, fundamentos o argumentos, y de igual manera con la responsabilidad de no lastimar a las personas con las cuales discutimos. No solo los maestros deben tener acceso a la libertad académica, también es incumbencia de los estudiantes pertenecer a ella.