Lo que es la vida

Gloria A los seres humanos nos define, y más al cabo de los años, los actos que realizamos, aquello que hicimos, no lo que recordamos y menos cómo lo recordamos.

Por: Gloria Inés Escobar Toro

Hay frases efectistas, bonitas y seductoras en sí mismas; frases que al oído suenan agradables y poéticas, y si quien las produce es un renombrado y admirado personaje, ellas ganan un valor mayor, se convierten en memorables sin que su sentido sea puesto en cuestión, al contrario, se aceptan, se hacen personales y se repiten de cuando en cuando; hay incluso quienes llegan a incorporarlas a su acervo filosófico.

La frase con la cual abre el libro Vivir para contarla el nobel colombiano Gabriel García Márquez, “La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarla” es sin duda un buen ejemplo de lo anterior. Esta es efectivamente una frase hermosa, literaria, pero engañosa y tremendamente útil.

La vida no es lo que uno recuerda, la vida no es ni siquiera lo que uno dijo, o escribió, o contó, o soñó; la vida es lo que uno hizo, vivió, sufrió, gozó y padeció, contrario a lo afirmado por Gabo. A los seres humanos nos define, y más al cabo de los años, los actos que realizamos, aquello que hicimos, no lo que recordamos y menos cómo lo recordamos.

Nuestros recuerdos casi siempre deformados por el olvido, por la conveniencia o por mecanismos de la mente todavía no totalmente explicados, no son la mejor o por lo menos, fidedigna fuente de información para reconstruir nuestro pasado. Además no olvidemos lo autoindulgentes que podemos llegar a ser cuando de juzgar nuestros actos se trata con las implicaciones que esto tiene a la hora de reconstruir los hechos. En fin, existen uno y mil mecanismos a mano para deformar consciente o inconscientemente la realidad, aquello que ha sucedido y que es en definitiva lo que constituye la historia personal. La vida no es lo que quisimos que fuera o lo que de ella recordamos, la vida es lo que fue, así de simple, así de contundente. 

La frase de marras, definitivamente falaz, resulta también muy cómoda para quienes desean terminar sus días bajo el amparo del olvido de sus actos, o lo que es peor, de la tergiversación de ellos, especialmente de aquellos que causaron daño, cegaron vidas, arruinaron, maltrataron…, amparo que en algunos casos podrá consolarlos y en otros más afortunados, librarlos de pagar o rendir cuentas por aquello que hicieron, pero jamás podrá excusarlos o borrar su pasado.

Fabricar el pasado con recuerdos puede resultar tremendamente cómodo para dictadores y delincuentes de toda laya quienes a punta de nebulosas memorias instauran una realidad falseada en reemplazo de la verdadera. Pero no solo quienes tienen el poder de su lado pueden atrincherarse en su memoria para tratar de borrar de un tajo sus acciones pasadas, muchas personas echan mano de este recurso para obtener perdón, favores o algún tipo de beneficio o simplemente para despertar conmiseración y compasión en aquellos que no conociendo su historia, su pasado, pueden basar todo su juicio en la memoria y recuerdos que se presentan como lo que fue, es decir, cuando quien habla fabrica la realidad a conveniencia, con la ayuda de su memoria, y quien escucha sólo tiene esa información disponible.

Que la vida es lo que fue y no lo que recordamos, tal vez sea parte de la explicación (de la otra parte debe dar cuenta la sociedad que tenemos) de la gran cantidad de ancianos, varones principalmente, que habitan en la calle y que a finales del año pasado llamó la atención de una periodista quien afligida por esto no hallaba cómo entender tal fenómeno. Ella, en su conmoción, no razonó que muchos de esos ancianos fueron, muy seguramente, en su juventud, hombres que abandonaron su compañera e hijos, que no cumplieron con el compromiso que implica engendrar, que maltrataron a su familia, que se dedicaron a hacer de su vida un festín a espaldas de toda responsabilidad, en fin, hombres que en su ayer actuaron de una manera que les determinó un hoy en soledad y abandono. Sí, ver a una persona anciana y desvalida en la calle es triste, pero repito, salvo en casos en los que la sociedad es la que los abandona, muchos de ellos se labraron su futuro y aunque sus memorias hayan desterrado sus acciones pasadas, ellas están ahí definiendo su suerte.

Lo que hacemos, nuestros actos, es realmente lo que nos constituye. Así que es muy posible que si en nuestra vida realizamos acciones responsables, solidarias y afectuosas, la vejez no requerirá de triquiñuelas para vivirse con tranquilidad y los recuerdos serán lo que deben ser, solo memorias hermosas y gratas, que llenarán de brillo y alegría el pasado, pero no pretenderán suplantar la realidad que una vez fue.