Es por esto que hago un llamado a los sindicatos para que no se equivoquen. Estas marchas, aún convocadas por ellos, no son en su apoyo. Ni que se equivoquen los políticos oportunistas, a ninguno se le está haciendo campaña con esto.

 

Por: Camilo Andrés Delgado Gómez

Es evidente, con todo el movimiento social que hemos visto en las últimas semanas en Colombia, que el país nacional ha sufrido cambios. Cambios que el país político no ha sabido interpretar y que, especialmente desde el establecimiento, se han considerado como simples ofensivas contra la estabilidad del país. Nada más lejos de la realidad.

Lo cierto es que esta agitación social tiene claramente un objetivo determinado: profundizar la democracia y transformarla, de una representativa, a una democracia participativa en la que todos seamos ciudadanos iguales y, consecuentemente, tengamos los mismos derechos y posibilidades de realización en la vida.

Un buen símbolo de lo anterior son las constantes reivindicaciones que en las marchas de todo el país se dan a favor del M-19; incluida la del individuo a caballo que se vio el 4D en las calles de Cali. Recordemos que, a diferencia del comunismo de las FARC y el ELN, los objetivos del Movimiento 19 de Abril estaban más acordes a ideales liberales, como la apertura democrática y la garantía de derechos sociales. Ideales que legalmente se concretaron con la constitución de 1991, pero que hasta hoy en día no se ha interiorizado en la mente de los colombianos.

Sin embargo, esta lucha, estrictamente hablando, no es nueva. Lo que sí es nuevo es el medio de la lucha, pues parece que hemos entendido que las reivindicaciones mediante el uso de la violencia solo nos han traído 200 años de guerras. En este sentido, las luchas actuales han sido pacíficas y con un fuerte componente artístico. Sin embargo, no hay que olvidar que los bellos performances no funcionan solos, deben ser respaldados por manifestaciones serias y reales con un contenido político coherente y unas demandas claras.

Aun asi, tiene razon la historiadora Diana Uribe cuando dice que estamos encontrando una nueva forma de narrarnos, pero también hemos visto que han aparecido nuevas voces para construir estas nuevas narraciones y voces viejas, que históricamente se han invisibilizado, ahora se están escuchando.

Es por esto que hago un llamado a los sindicatos para que no se equivoquen. Estas marchas, aún convocadas por ellos, no son en su apoyo. Ni que se equivoquen los políticos oportunistas, a ninguno se le está haciendo campaña con esto. Lo que está sucediendo es una lucha por y para la sociedad civil, y serán de esta los eventuales logros que luchando se alcancen.

Lo triste es que ante este grito por más y mejor democracia, lo que se recibe del gobierno, por medio de la ministra del Interior, la más incapaz del gabinete, es desprecio, ignorancia, represión e injusticia. Desconociendo elementos básicos de la Nueva Colombia, como que el Acuerdo de Paz no es solo un acuerdo jurídico, sino que se ha convertido en un contrato social que es aceptado por la mayoría de colombianos y al que el gobierno, y una parte de las fuerzas armadas, parece no querer adherirse.

En últimas, Duque ha evidenciado lo peor del colombiano, desde su terquedad y negativa a escuchar, hasta su tendencia, si es que el chisme es verdadero, a buscar compañías extramatrimoniales. Chisme que, por cierto, se filtró de los círculos más internos de la presidencia, posiblemente por quien fuera la sucesora en caso de renuncia ¿será que ni allí ya lo quieren? ¿Será que hay un complot interno para sacarlo del cargo? Cualquiera que sea la razón, es preocupante, y pone en relieve la necesidad de que el presidente tome el mando y cambie de rumbo del país que, como va, puede caer a un abismo.

Adenda. Aunque parezca, por todo lo que está pasando en el mundo, aún no ha llegado el fin del capitalismo. No, al menos, si los capitalistas no quieren. Si ellos están dispuestos a reformar el sistema, este, como ha sucedido otras veces, se mantendrá en sus lógicas generales, aunque cambie algunas específicas. Pero si estas reformas no se adelantan, tal vez estemos ante una crisis sin precedentes.