Al final me pregunto: ¿Y por qué será que, ante tanta fiebre de cambios, muy poquito nos preocupamos por modificar la organización económica, social, política y cultural de la sociedad?

Libardo-García gallegoPor: Libardo García Gallego*
Por pertenecer el suscrito a la bautizada pomposamente “tercera edad” o “años dorados” es lógico que extrañe las inocentes canciones infantiles de mediados del siglo XX, las poesías de Pombo, los tangos, bambucos, pasillos, boleros; a cantantes como Garzón y Collazos, Olimpo Cárdenas, Julio Jaramillo,  Armando Moreno, Leo Marini, Lucho Gatica, Alfredo Sadel, Alfonso Ortiz Tirado, Carlos Gardel, Agustín Magaldi, Los Panchos y tantos otros que nos inspiraban y hacían suspirar de emoción. Todo en castellano raso, montañero; acompañados con guitarras, tiples, acordeones, bandoneones.
Ahora la cosa es in english, con bulliciosas orquestas y letras que solo reconocen los jóvenes y niños. No sé si las traducirán. En todo caso el estadio El Campín recientemente se atiborró con los fans de los Rolling Stones y de  Coldplay; de paso fueron vitoreados Juanes y Carlos Vives por sus novedosos arreglos musicales, afines al rock. Es difícil por no decir imposible encontrar hoy un público tan juvenil y fanático como para colmar auditorios a los cuales convoquen artistas ya fallecidos como los mencionados o Los Tolimenses, el Dueto de antaño, Obdulio y Julián. Y para qué hablar de Carlos Puebla, Mercedes Sossa, Víctor Jara, Alí Primera, Facundo Cabral, Silvio Rodríguez, ilustres cantores sociales tirados a la basura por la juventud inconsciente y gritona de hoy. Los fanáticos del rock y del regaeton protestarán o por lo menos exclamarán: “Huy, qué ritmos tan jartos, tan monótonos, tan lentos, tan aburridos!”.
Obviamente, generalizar no es objetivo, no es científico, pero los cambios son notables en el ámbito musical. Al respecto saltan interrogantes: ¿Obedece esto a la inevitable evolución humana? ¿Los jóvenes actuales desean diferenciarse de los de hace 50 o más años? ¿Qué es lo que motiva a los jóvenes de cada nueva generación a romper con las modas y las costumbres de sus ancestros? ¿Es verdad que no existe lucha de clases sino de generaciones? ¿Esto ha sido lo normal a través de la historia humana? o ¿Será que los sabios invisibles que gobiernan el mundo se han inventado ritmos musicales y otras temáticas artísticas y culturales con el fin de alejar a los niños y jóvenes de aquellos ambientes “dañinos”, críticos, de rebeldía política. Pareciera que la protesta fuese contra las generaciones anteriores, mas no contra sus ideas sino contra sus modas y comportamientos sociales.
Confieso mi ignorancia total en cuanto a este tema de reflexión. Lo real es la evidente barrera de incomprensión general entre los gustos musicales de hace medio siglo y los de hoy. Quizás sea similar al rechazo de muchos viejos actuales en relación con las tunas, los valses y la música clásica de hace un siglo.
Inquietudes similares aflorarán en todas las demás artes: teatro, cine, danza, pintura, escultura, arquitectura, literatura, etc. Y en el deporte, en relación con el cual mi memoria no me dice nada acerca de las “barras bravas” de mi niñez, si existían, cómo eran?; yo ni siquiera iba a los estadios. ¿Se matarían por el color de una camiseta? ¿Son peores, iguales o mejores los fanáticos actuales que los de antaño? Y por qué preferirán los adolescentes del S. XXI enfrentarse a los máximos riesgos en los deportes extremos?
Al final me pregunto: ¿Y por qué será que, ante tanta fiebre de cambios, muy poquito nos preocupamos por modificar la organización económica, social, política y cultural de la sociedad? ¿O por qué cada nuevo día se quiere construir una sociedad más excluyente, más elitista, más competitiva, más corrupta? ¿No será que nos manejan las sociedades secretas, en especial desde la Comisión Tripartita, integrada por cerebros megainteligentes, para que consumamos el exceso de mercancías producidas en el capitalismo? Como se vive se piensa.
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