En este orden de ideas, a la rajada inicial de los gremios de los ingenieros al proyecto, cada día le aparecen más razones para ponerlo en tela de juicio.

 

Por: Duberney Galvis

La respuesta de la alcaldía de Pereira a las denuncias sobre la inexistencia de los estudios del Megacable consistió en exhibir un prototipo de cabina en la plaza, para que el pueblo “se tome las fotos”. Recuerda esto la frase de la entonces reina María Antonieta: “si no tienen pan, que coman pasteles”, quien respondió así cuando supo que el pueblo raso no tenía pan para comer.

Para no maltratar más la historia francesa, manos a la obra. Primero, hay que reenganchar hechos de agosto del 2017, cuando la alcaldía de Pereira y el gerente del proyecto del Megacable manifestaron su molestia porque los gremios de la ingeniería de Risaralda llegaron a ironizar que éste “se hizo con base en Google Maps”.

Para entonces, el gerente del Megacable, Juan Guillermo Ángel, remarcó ante el diario El Tiempo: “cuenta con todos y cada uno de los estudios que un proyecto de su envergadura demanda”. Y tras posterior exclamación, agregó que lo contrario “sería un delito”.

Un año después, tras reciente rueda de prensa del concejal de Pereira, Carlos Afredo Crosthwaite, en la que él denunció que el cable no tiene los diseños requeridos, Ángel aceptó, en cadena de radio local, que “los diseños definitivos no están listos”, y despacha el tema explicando que eso pasa porque las empresas de cables no aceptan estudios realizados por terceros.

Hay aquí entonces una contradicción enorme del ingeniero Ángel, que ha de ‘dolerle’ porque va a fundir más la sarcástica comparación de los ingenieros con Google Maps.

Primero, que contaba con todos y cada uno de los estudios, y ahora, que está de acuerdo en que no existen los diseños definitivos. Luego corresponderá a las autoridades establecer si la carencia de estos “sería un delito”, como lo describiera hace un año el ingeniero Ángel.

Lo ahora cierto es que un transporte de estas características no cuenta con los diseños definitivos. Y no estamos hablando de un pedazo de vía, una acera, o un carril del Megabús, sino de un teleférico, un sistema de transporte aéreo que requiere estudios de alta precisión técnica.

Y aunque este particularmente no vaya para una zona montañosa con extensas laderas urbanas como suele ser en el mundo, o su recorrido sea de los más cortos, debe incluir desde luego las dimensiones sociales, ambientales y económicas, pero también las de resorte específico de la ingeniería, que son de importancia superlativa. No sobra advertir que estamos en un país con recientes tragedias en estas áreas.

También preocupa que no se conoce la opinión de la interventoría del proyecto. Más aún, siendo que la firma interventora del cable es la misma del caído puente de Chirajara.

En este orden de ideas, a la rajada inicial de los gremios de los ingenieros al proyecto, cada día le aparecen más razones para ponerlo en tela de juicio. Igual de sesudas resultan los diversos análisis que han advertido sobre que este teleférico no resuelve el problema de movilidad del sector de Villasantana y la comuna universitaria, asuntos que consideran sí tendrían solución con el rediseño del transporte urbano y sus vías, invirtiendo menos recursos incluso. Análisis que podrían los vendedores del Megacable intentar rebatirles, el problema es que sin estudios cualquier defensa se vuelve una peñalosada.

Y así, ante esta sarta de problemas sobre los que se reclama explicación, aparece en la plaza Bolívar la respuesta de alcalde de la ciudad, Juan Pablo Gallo.