Un descarnado estudio de caso  de cómo se usa la teoría de la fijación,  las redes sociales y la web para escalar un discurso de odio y rabia que lleva al accionar ciudadano.

 

Por / Eliécer Santanilla

Debo empezar diciendo que si algo emociona de la web  son las puertas y ventanas que abren, permitiéndonos hacer catarsis constante de esos malestares que nos aquejan. Cuántos colombianos más no tendrían un cáncer de espalda  de no poder  contrarrestar de post en post  y de trino en trino el peso que llevan consigo cual amanuenses del odio.

Las redes sociales son una medicina necesaria, una medicina que bien administrada cura, pero que autoformulada solo por la ira y el odio no solo enajena, si no que también  mata.

Seguramente también he tenido uno que otro “desatrino” y no dejaré de tenerlos, pero eso  hoy no me impide  llamar a la reflexión a muchos, pensados por sí mismos en la región como  influenciadores de opinión, en especial al  reconocido politólogo e historiador Horacio Duque, para que mesure su  lenguaje, modere los ataques y le baje  fuego a su  cacerola de fakes que hierve bajo el fogoso ímpetu  de una ruidosa facción extrema del estudiantado uniquindiano.

  • ¿Que culpa tiene la universidad acreditada, del paquetazo de Duque?
  • ¿Que culpa tiene un atemorizado rector académico, José Fernando Echeverry Murillo del genocidio nacional o del mismo genocidio de los judíos, o de cualquier genocidio en la historia de la humanidad?
  • ¿Que culpa tiene Echeverry de que el Gobierno haya pretendido pagar las indemnizaciones con recursos de la educación?
  • ¿Que culpa tiene este señor de la existencia del ESMAD?
  • ¿Que culpa tiene el rector de la ilegalidad de los cierres de la vía pública por los estudiantes ?
  • ¿Que culpa tiene el impopular Rector uniquindiano de no tener el afecto de sus estudiantes y de los agravios que le caen en vendaval?

Ninguna… porque  buena parte de esa culpa es suya, señor Horacio Duque.

Usted desconoce un rector comprometido y respetuoso con las decisiones tomadas en las asambleas generales, un líder  que ha rodeado una lucha  legítima por  la educación digna y de calidad,  un docente que también ha marchado al lado del estudiantado, incluso en su sensible condición de rector.

Este rector no merece su ira de protestante desde la casa y el sillón.

El poco oportunista  José Fernando, a diferencia suya, no ha querido hacer de una movilización gestada por el espíritu del estudiantado  un escenario  manipulable para sus pretensiones, no vio él allí la oportunidad de congraciarse con la núbil  masa y su candela. No vio él allí la necesidad de dar  la oportunidad  de acusarlo de vil oportunista, cual rémora, listo  a parasitar de las circunstancias que ya tienen sus  verdaderos protagonistas.

Trascienden, en este caso, los intereses colectivos y prístinos y no secundarios e individuales de muchos de sus artículos, algunos muy destacables e ilustrativos por cierto, pero siempre opacados por la mayoría de ellos, que  no son más que violentas elucubraciones de una marchita cabeza de extrema izquierda…

Acaso no se vela por la integridad de los futuros profesionales al proteger la entereza de su estructura académica, sus espacios locativos, su escenario natural, el campus universitario, una casa pública para todos,  muchas veces usada como  trinchera.

Quiero elevar un clamor que tal vez se quede huérfano, pero no por ello dejará de sonar… Que la legítima lucha del estudiantado  no se vea permeada ni empleada  por el histórico odio hacia la institucionalidad universitaria. Ya  que la intriga malsana es capaz de condimentar hasta la consunción cualquier plato.

Parece que es usted suficientemente cobarde para la selvática topografía nacional, suficientemente megalómano  para  la cacerola y el asfalto; pero si muy extremo para vivir pateando la derecha  y la institucionalidad, mientras vive  abriendo sus fauces para recibir las migajas que arrastra la brisa del banquete estamental.

Sepa señor Duque,  que ese espíritu que alienta la actual movilización nacional tiene más afecto que odio, tiene más propuestas que dictámenes, tiene más juventud que ancianidad… Tiene más esperanza que ira, la movilización desde lo local no requiere a Echeverry  y mucho menos a  este Duque lejano a más no poder del presidente.

Usted ha vivido de tratar al mismísimo Uribe en sus tiempos  de insondable presidente con los calificativos más bajos, al igual que lo hizo con Santos y hace sin miramiento y recato alguno con  el rector de la Universidad acreditada,  y ahora se victimiza, anuncia y denuncia persecuciones e injurias en su contra cuando ve que no pulula el caos aporreador que expele desde sus trincheras virtuales.

Un tenebroso sistema de provocaciones donde participa cada bando atacando a la institucionalidad y a los líderes estudiantiles.

Es válido mi llamado a la reflexión para que dejemos de provocarnos, insultarnos, descalificarnos y ‘matoniarnos’ en redes. Y es un llamado a colegas periodistas, comunicadores, ideólogos, políticos, funcionarios, artistas, a no perder nuestras líneas argumentativas al tenor de desdibujar al otro.

Adjunto enlaces de uno de los Twitter de Horacio Duque