LEANDRO TOROPereira es más que una postal, es más que un imaginario de “Querendona, Trasnochadora y Morena”. Pereira tiene más por mostrar y grita por ser atendida.

Por: Leandro Toro Valencia.

La “Querendona, Trasnochadora y Morena” puede ser fácilmente identificada por los turistas por el equino con un humano desnudo de Arenas Betancourt, o por un gran puente de dos columnas en formas de “A”. Pero la ciudad no se reduce a sus íconos, hay más ciudad por ver, o quizás por ocultar. Este es el caso de la zona de la Avenida Ferrocarril entre las carreras 7 y 12, específicamente la zona bajo los puentes de las carreras 10 y 11 con calle 12. Una zona terriblemente afectada socialmente por muchos problemas, pero el peor es el de la indiferencia.

Pereira es una ciudad muy atractiva. Con un clima variado, la calidez de su gente y una zona privilegiada para los negocios que atrae cientos de inversionistas y turistas a estas tierras cafeteras. Pero poco se mencionan ciertos sectores que no son precisamente el orgullo de los pereiranos. Una de estas zonas son los puentes de la calle 12, un sitio que con los años se ha convertido en una auténtica “olla” de expendio de droga, centro de prostitución, vandalismo y lugar de descanso de las personas en situación de indigencia.

En abril de 2013 la policía metropolitana hizo una gigantesca toma a este sector. Incautaron más de 3.000 dosis de estupefacientes, capturados por porte ilegal de armas, se recogieron colchones, almohadas y cobijas, así como basura y algunos elementos presuntamente robados que vendían allí. La secretaría de Gobierno hizo presencia junto con la policía y realizó las labores respectivas. Pero, ¿qué otro tipo de intervención se hace en esta zona?

Eso de ir la policía, mucha policía, con carabineros y personal de la alcaldía está muy bien; pero solo fue por esa semana de abril de 2013, luego la zona volvió a su cotidianidad, como cualquiera de nosotros puede constatarlo si visita la zona, claro, si es que es valiente y visita la zona.

Esta zona de la capital risaraldense padece flagelos como el expendio de drogas, vandalismo, venta de artículos robados, prostitución de menores, entre otros; pero el peor flagelo que puede sufrir es la indiferencia de los mismos pereiranos que ven este sector vedado para su tránsito, para hacer negocios o para pensar un espacio público.

La ciudad son los parques Victoria, Banderas, Bolívar o La Libertad, la ciudad son sus monumentos y obras de arte, la ciudad son sus orgullosos deportistas y empresarios. Pero la ciudad no puede permitirse ser estas zonas marginadas, la ciudad no puede ser los puentes de la calle 12, la ciudad no pueden ser algunos barrios de la ciudadela Cuba, la ciudad se niega a sí misma y es un círculo vicioso que sólo hace que perdamos nuestra identidad.

Pereira es más que una postal, es más que un imaginario de “Querendona, Trasnochadora y Morena”. Pereira tiene más por mostrar y grita por ser atendida.