Esto porque, en el vecindario y en el sector del agua potable, han ocurrido hechos que no queremos que se repitan impunemente en nuestra empresa: la limitación a su expansión que, según la revista “Semana”, se autoimpuso la Empresa de Acueducto de Santa Rosa de Cabal, “EMPOCABAL”, para beneficio de la recién aparecida “Serviaraucarias S.A.S.” y las multas a las que se sometieron “Serviciudad” de Dosquebradas y quien era su gerente, por impedir que un acueducto privado, antiguo, pudiera optimizar su servicio.

 

Por: Corporación Vigía Cívica

Antiguas leyendas europeas dicen que a los niños que se han portado mal durante el año, la víspera del Día de Reyes solo les dejan un dulce de carbón, lo que les produce una gran desilusión.

Los pereiranos debemos preguntarnos por nuestro comportamiento del año anterior, pues, como regalo de Reyes, recibimos no una, sino dos sorpresas desilusionantes: la transformación de “Aguas y Aguas de Pereira” de Sociedad Anónima, S.A., en Sociedad por Acciones Simplificada, S.A.S. y el saber que la Empresa de Energía de Pereira, E.E.P., es desde 2015, socia de “Aguas y Aguas”, lo que también desconocía la ciudadanía.

Las Sociedades por Acciones Simplificadas, S.A.S., fueron introducidas en la legislación colombiana para tener mecanismos ágiles de administración en las empresas, acordes con la velocidad de los tiempos actuales.

Su objetivo, según la exposición de motivos hecha en el Congreso de Colombia para aprobarlas, fue ser “instrumento idóneo para legalizar las pequeñas y medianas empresas, a través de la simplificación de la normatividad que regula el quehacer social”, lo que no es compatible con “Aguas y Aguas”.

Tememos que esa simplicidad de regulación, que deja el manejo de la sociedad al libre albedrio de las personas que forman sus órganos de gobierno, da pie a situaciones inconvenientes en una empresa de propiedad oficial, que es prestadora de servicios públicos esenciales y que además es la única E.S.P. que nos queda a los pereiranos.

La legislación colombiana, si en los respectivos estatutos no se estipula al contrario, permite que las SS.AA.SS. funcionen sin Junta Directiva, que el objeto social sea indeterminado, que se pacte un poder de votación mayor a la participación en el capital social de un determinado socio, que sus empleados y otras personas que les presten servicios se paguen con acciones de la sociedad y que las divergencias con sus socios no las diriman los Jueces, sino la Superintendencia de Sociedades; entre otras novedades, cuya aplicación en una empresa de propiedad pública no parece conveniente.

Aunque debemos admitir que también contiene dos normas que nos atraen: la posibilidad de ser una sociedad de un solo socio, que, en este caso y nuestro concepto, debió ser solo el Municipio de Pereira.

Y la “responsabilidad extendida”, que cobija no solo a los administradores, sino también a: “otras personas que igualmente realicen actividades que afecten a la sociedad de manera positiva o negativa, sin tener cargos formales en la empresa.”

Esto porque, en el vecindario y en el sector del agua potable, han ocurrido hechos que no queremos que se repitan impunemente en nuestra empresa: la limitación a su expansión que, según la revista “Semana”, se autoimpuso la Empresa de Acueducto de Santa Rosa de Cabal, “EMPOCABAL”, para beneficio de la recién aparecida “Serviaraucarias S.A.S.” y las multas a las que se sometieron “Serviciudad” de Dosquebradas y quien era su gerente, por impedir que un acueducto privado, antiguo, pudiera optimizar su servicio.

A lo anterior sumamos la dolorosa experiencia de Barranquilla, donde un socio minoritario fue apoderándose, lentamente, de su empresa de acueducto, “Triple A”, hasta quedar dominándola, a ciencia y paciencia de sus administradores.

Esas experiencias y los riesgos que vemos para nuestra empresa convertida en S.A.S, nos dejan un sabor a dulces de carbón.