En los zapatos de Matador

DIEGO FIRMIANOY aunque la eutanasia no es un invento de la modernidad, sí lo es el debate social que esgrime razones en contra, apelando a lo ético-moral (mayormente religioso y de conciencia) y a favor, desde el aspecto legal y de libertad individual.

Por: Diego Firmiano

Morirse no es cosa de viejos ni de enfermos:

Desde el primer momento en que empezamos a vivir,

Ya estamos listos para morirnos

Fernando Savater

Las preguntas de la vida

En Colombia hay remedios para todo mal, menos para la muerte, la última libertad real de los hombres, y como dijo Julio César Gpnzález -nombre real del caricaturista Matador-, que lo oyó del tanatólogo doctor Quintana: “La eutanasia es un acto de amor”. Esta una frase del conversatorio sobre eutanasia “Partiendo con Dignidad” en la Alianza Francesa de Pereira, como parte del programa Diálogos de ciudad.  En él participaron Matador y la abogada Adriana González, con la moderación del comunicador Abelardo Gómez Molina.

La charla duró algo más de una hora y media y se dejó claro el aspecto legal del derecho a morir dignamente; la lucha de la familia González contra el procurador Ordóñez y el sistema sanitario que intentó vulnerar los derechos de don Ovidio González (papá de Matador), y que hoy es el primer caso de eutanasia legal en Latinoamérica; y las futuras propuestas para concientizar a un país sobre un derecho fundamental, como lo es el de decidir morir con dignidad.

Abordar la eutanasia no es un tema fácil en un país donde la conciencia de la muerte está ligada a mitos y miedos, y no a la madurez como persona. El mero hecho de mencionar la palabra hace que la gente se santigüe y mire de soslayo. Porque la muerte produce dolor cuando se trata de alguien ajeno, y miedo cuando pensamos en nosotros.

Y aunque la eutanasia no es un invento de la modernidad, sí lo es el debate social que esgrime razones en contra, apelando a lo ético-moral (mayormente religioso y de conciencia) y a favor, desde el aspecto legal y de libertad individual. Debates beligerantes que aún no encuentran un consenso de opinión, dejando de lado la realidad humana del dolor, la enfermedad y la tragedia.

Como acertó la abogada pro derechos humanos Adriana González Correa: “Colombia como sociedad está entre dos contradicciones. La contradicción de los que busca avanzar en conseguir derechos esenciales. Y otra parte que la encarna la institucionalidad en la figura del procurador Alejandro Ordóñez.” Personaje que, como sabemos, representa al sector más ortodoxo y religioso del país.  Aunque Matador con su arte cómico supo des-sacralizarlo y así reivindicar el derecho eutanásico para su padre y luego para cualquier ciudadano consiente. El humor terminó ganándole la partida a la seriedad política.

La renuencia social sobre el tema, entre otras cosas, proviene también del desconocimiento del proceso terapéutico como tal (que puede ser solucionado con educación) y el aspecto ético-religioso (que está siendo remplazado por aspectos jurídico-legales).

Lo que desconcierta de la psicología social es porqué la eutanasia suscita tanta oposición en un país donde llevamos estampada la cultura de la muerte por más de 70 años. La verdad debe ser dicha: aquí muere cualquiera en la guerra, por la delincuencia o por los malos sistemas de salud, pero pocos dignamente.

Al final del conversatorio, el moderador hizo una pregunta clave a los oyentes: ¿Quiénes de ustedes saben que ya hay legislación para el derecho a morir legalmente en Colombia? Todos negamos, quizá por timidez o desconocimiento. Hoy ya es posible acceder a tal derecho amparado por la resolución 1216 del 20 de abril de 2015 del Ministerio de Salud.

Entérese. En nuestro país, en donde ya pasamos la friolera suma de 45 millones de habitantes, solo se han practicado legalmente siete eutanasias desde que esta se aprobó en el marco legal y constitucional de la nación.

Los zapatos del expresidente Uribe son los crocs; los de Matador, los de la comprensión ante el dolor y la tragedia humana. Quizá esta lucha de la muerte digna, que hoy tiene como emblema a don Ovidio González, sea ardua, fiera, peligrosa, de crítica, pero vale la pena.