Esta semana una noticia como estas captó la atención de quienes nos interesamos por los asuntos el arte contemporáneo. El titular, publicado originalmente en el portal cienciaseminal.com, anunciaba: “Olvida adjuntar archivo y gana concurso de Arte Contemporáneo”.
Por: Margarita Calle
Pocos son los parámetros que permiten valorar la naturaleza de la información que circula en las redes sociales. Cotidianamente nos encontramos con noticias que pasan de lo inverosímil a lo absurdo, con la misma facilidad con la que los usuarios las multiplican entre sus seguidores. Titulares como “’La masturbación es un crimen, una forma de aborto’: Federación Española de Asociaciones Provida”; “Doctora tratará con homeopatía a africanos enfermos de malaria y hará un reality show”; o “Simio logra conversar con científicos: Pide ser tratado como humano”, despiertan el interés suficiente para que, aún sin leer el contenido completo de la información, los internautas las repliquen una y otra vez menguando, con el incremento en su circulación, la duda que cualquier escéptico pueda tener sobre la veracidad de los contenidos.
Esta semana una noticia como estas captó la atención de quienes nos interesamos por los asuntos del arte contemporáneo. El titular, publicado originalmente en el portal cienciaseminal.com, anunciaba: “Olvida adjuntar archivo y gana concurso de Arte Contemporáneo”. En el desarrollo de la noticia se explicaba que el artista cordobés Enrique Ježik había sido declarado como ganador de la décima edición del Premio ArteBA-Petrobras de Artes Visuales en Argentina, a pesar de haberse olvidado de adjuntar, en el correo electrónico de su postulación, la obra que proponía para el concurso. Algunas citas apócrifas del equipo encargado de la selección y curaduría del premio fueron usadas en la redacción de la noticia y sirvieron de gancho para que ésta ganara veracidad y fuerza en las redes sociales, animando, incluso, a algunos portales serios de información, a reproducirla en su totalidad.
Las reacciones de las personas no se hicieron esperar. Con virulencia y mordacidad los detractores de las prácticas artísticas contemporáneas aprovecharon la ocasión para proferir toda suerte de epítetos en contra de los jurados, los artistas y las instituciones que promueven los concursos artísticos. “Mediocridad en estado puro”, señaló un usuario de Facebook, ante la aparente paradoja de la situación, pues como apuntó otro, “…da risa el artista que ni mandar su obra necesita para ganar un concurso”. Fue necesario que el curador del premio, el mexicano Cuauhtemoc Medina, así como la institución organizadora del evento, salieran al alcance de la noticia para desenmascarar la parodia montada por cienciaseminal.com, documentando con registros visuales lo que en realidad había sido el premio.
No obstante, como señaló Medina, “tratar de desmentir una broma es una buena manera de enredarse en la risa: lo mejor es sonreír”. Situaciones como esta son reveladoras “tanto de la posición acrítica de los lectores y repetidores de información en la red, como el deseo generalizado de una parte del público de que el arte sea, en efecto, un mero engaño”. Con la exacerbación de la subjetividad y el pluralismo que promueven las redes, parece imponerse, como lo puntualiza el curador, la “pulsión autoritaria de un orden cultural” empeñado en afianzar posturas que desestiman cualquier posibilidad de producir arte en la época contemporánea.
Más allá del engaño, aquí se combina lo premeditado con lo espontáneo. Quien monta la parodia puede prever, hasta cierto punto, la reacción de los públicos; mientras que quienes la multiplican y difunden de manera compulsiva, actúan más desde la espontaneidad que estimula la inmediatez y la simultaneidad; lo que no permite calcular el alcance de las propias acciones. Esta suerte de excitación virulenta mueve hoy, sobre todo, las redes y todos parecemos sucumbir a ella.
* Directora Maestría en Estética y Creación, Universidad Tecnológica de Pereira

