Me asusta la paz

Ya están más claros los intereses de Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe Vélez y las FARC en el espectro político colombiano. El plebiscito desenmascaró a más de uno.

 

carlos marinPor: Carlos A. Marín

Debo empezar por aclarar que he sido muy cauto al hablar de los procesos de negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP, por la sencilla razón de que la ‘paz’ es una propaganda de marketing político para asegurar adeptos, y cómo no lograrlo en un país en conflicto por más de cinco décadas.

Desde que un sector de los colombianos decidió no refrendar el Acuerdo Final, mucho se ha ido al traste, menos las insinuaciones públicas de los comandantes de la insurgencia; parece increíble que los únicos que quieren lograr una salida negociada en el país sean los integrantes de esta guerrilla, hasta ahora.

Por el lado del gobierno, Juan Manuel Santos como Presidente de los colombianos optó por declarar que el cese bilateral del fuego irá hasta el 31 de octubre, a modo de presionar a la oposición, representada en gran medida por el Centro Democrático, cuya cabeza es el senador Álvaro Uribe Vélez, a quien no se le escapa nada y deja relucir en sus manifestaciones ante los medios de comunicación, los intereses que tiene para con los suyos.

El que Uribe haya designado como delegados a Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Carlos Holmes, tres precandidatos presidenciales que deberán pujar por ganarse un respaldo dentro del partido, deja mucho que decir acerca de sus objetivos en la ya desprestigiada arena política. Sus palabras en los micrófonos registran una voz apaciguadora pero preparada para lo que viene, un reto mayor en el acercamiento por lo menos sobre el papel que tendrá en La Habana Cuba con los negociadores de las FARC.

Hasta ahora Uribe no ha presentado propuestas de manera oficial. Se sabe a simple vista, gracias a su canal RCN, que está en desacuerdo en los puntos de justicia, participación política y los dineros para el posconflicto; sin embargo, no hay propuestas estructuradas que permitan a los ciudadanos encontrar un grueso sólido en la oposición, hasta la fecha solo han sido entrevistas, comunicados y declaraciones lo que han permitido que el CD y el ‘Uribismo’ se instituya como la fuerza opositora del gobierno.

Juan Manuel Santos por su parte no logra conseguir la personalidad política que necesita, cada vez que abre la boca es para generar más incertidumbre de la que ahora impera en el  plano nacional e internacional. Su hombre de confianza en Cuba, Humberto de la Calle, amagó con abandonar las negociaciones, pero sabe de fondo que también es cuota política para las presidenciales del 2018 y esa decisión afectaría de lleno cualquier otro nombre, pues el recorrido que ha hecho de la Calle no se puede retomar por ningún otro perfil dentro de La Unidad Nacional.

Cualquiera que tenga cinco dedos de frente y haya leído el último mes la prensa, sabe que las negociaciones evocaron un punto más político que social; siempre ha tenido de ambos, pero el inesperado resultado del dos de octubre generó un traspié en el deseo de los colombianos de celebrar el fin del conflicto, desenmascarando las intenciones de cada actor en la búsqueda del fin del conflicto.

Las FARC, en la isla, saben que estas negociaciones son la mejor oferta que tienen, que otros cuatro  años no son posibles, que las garantías que les otorgó este gobierno no volverán si deciden regresar a la selva; por eso estudian, leen e intentan no patrocinar la marea de infortunadas declaraciones, incluso haciendo uso responsable de las redes sociales a través de las cuales juramentan su voluntad de participar con argumentos y no con balas.

Es este un momento de ‘stand by’ donde por fin entendimos que en La Habana no se está negociando ninguna paz, que por el contrario gozaremos del fin de un conflicto, pero que de entrada se están jugando los movimientos políticos más importantes de los próximos años en el país. O una pregunta recurrente, ¿por qué la voz de las víctimas se quedan en notas secundarias de los principales medios nacionales? Ellos son protagonistas.

Así, con la falta de sentido social de las élites políticas en Colombia, cualquiera se asusta, y a mí esta paz ya me tiene nervioso.