alvaro ramirezComo me pareció de difuso y malo el gobierno de Tamayo, debo decir que me gustó el mandato de Botero. Decidí entonces desde mi columna hacerle un reconocimiento al saliente Gobernador Carlos Botero que de paso entrega una Gobernación más ordenada y con mayor capacidad de inversión…

 
Por: Alvaro Ramírez González 
 
Cuando todavía está caliente el clima político, debo decir que esta mi calificación, es totalmente distante de cualquier consideración partidista. Tampoco soy amigo personal de Carlos Botero. Tengo una cordial y respetuosa relación con él. No visito oficinas públicas, no ando pidiendo favores y mucho menos negocios con el Estado; les huyo. Pero como Administrador de Empresas, y ciudadano preocupado, miro con mucho cuidado, actuaciones, declaraciones, decisiones, y resultados en la gestión de los hombres que nos gobiernan.
Me gustó el mandato de Carlos Botero como Gobernador de Risaralda. Cuando camino por la carretera que va de Cachipay a Balboa, por la vía Pereira-Alcalá, la vía Pereira-Marsella o la vía Belén-Mistraó y veo que han sido completamente rehabilitadas, después de estar en estado lamentable, veo también la mano de un Gobernador aplicado, comprometido. Botero me ha parecido juicioso, metódico, tacañón, ordenado exigente, regañón y jodido. Pero me decía mi profesor gringo de Administración, que gobernar era el arte de decir que no. También intervino muchos kilómetros de vías terciarias que estaban intransitables.
Recibió Botero unas finanzas en muy malas condiciones. En mi opinión, no pudo ejecutar más porque le tocó pagar una buena parte de la desproporcionada deuda que le dejó Tamayo. Las regalías le dieron una buena mano a su plan de inversiones. Para mi gusto, politiquerito y le gusta mucho ejercer desde su cargo como jefe y actor político. Yo lo veo como un defecto, que desenfoca la administración. Esa faceta no me gustó.
No entraré en detalles de sus ejecutorias pero me gustó mucho de Botero, también, su preocupación por el Orden Público, sobre todo en zonas complicadas como Mistrató, Pueblo Rico y Santa Cecilia. No se descuidó ni un segundo con este crítico asunto. Eso es gobernar; ejercer soberanía.
El manejo hospitalario que desde su despacho dirigió Carlos Botero, que es médico, fue muy juicioso. Carlos Botero es la antítesis de Tamayo; su excesivo asistencialismo solo construye miseria, politiquería, populismo y mendicidad. Risaralda, sus pueblos y campos necesitan infraestructura, orientación económica, y condiciones para trabajar.
Como me pareció de difuso y malo el gobierno de Tamayo, debo decir que me gustó el mandato de Botero. Decidí entonces desde mi columna hacerle un reconocimiento al saliente Gobernador Carlos Botero que de paso entrega una Gobernación más ordenada y con mayor capacidad de inversión, como quiera que pagó con sangre más del 60% de la pesada deuda pública que recibió. ¡¡Felicitaciones Botero!!