Abro el morral y saco mi ejemplar del libro Ganas de viajar, del poeta y cronista Alejandro Buitrago. Por supuesto, su nombre no está en la lista de “los que valen la pena” y creo que a él le importa un rábano: abomina del aura sacerdotal de tantos escritores. Pero qué digo libro: es una obra de artesanía y, como tal, confeccionada a mano.

GUSTAVO COLORADO IZQPor: Gustavo Colorado Grisales

Que el sistema posee una capacidad inagotable para convertir en mercancía a sus más agudos contradictores es una verdad palmaria. Para comprobarla basta con evocar la imagen del “Che” Guevara estampada en gorras y camisetas o a los septuagenarios Rolling Stones engordando sus arcas en interminables giras para fanáticos VIP de la tercera edad. Eso para no hablar de los militantes de la “izquierda exquisita” devenidos arribistas de primera línea y renegados de toda utopía.

Por eso resulta tan saludable para el cuerpo y el alma darse una vuelta por los arrabales donde la furia limpia de lo marginal oxigena las ganas de vivir. Allí alientan, por ejemplo, esos futbolistas sin botines ni balón que inventan gambetas imposibles, hasta que llega un forajido… perdón, un empresario Fifa, y se lo traga para vomitarlo después convertido en un extraño cruce entre atleta, modelo y figura de la farándula, dedicada a vender calzoncillos, lociones, relojes, teléfonos y cuanta chuchería se inventan para distraer la inexorable soledad humana.

“Aquí en esta bolsa me cabe la vida/ con ella a la espalda/ soy libre otra vez” cantaba el baladista Emmanuel en una bella tonada de los años setentas. De modo que continúo mi excursión mental y me topo con esos músicos de blues varados en las tabernas surgidas como hijas del agua a orillas del Mississippi. Pensando en la infinita dosis de dolor con la que compusieron sus canciones, no puedo evitar preguntarme como Rafael Alberti: “¿Qué cantan los poetas de ahora?”. Hasta el mismísimo Tom Waits es ya una estrella entre los yuppies y los chicos cool. No podía ser de otra manera cuando la rebelión recibe premios MTV y los más contestatarios no resisten la tentación de atender entrevistas para revistas de farándula: ahora el jet set seduce más que andar por las orillas.

“El Hay Festival es lo más in. Allí está todo lo que vale la pena”, le escuché decir a un aspirante a gloria literaria en los pasillos de la universidad. Mientras lo decía, encandilaba a sus amigos con fotografías tomadas al lado de las estrellas de turno en la edición 2016 de ese evento. Y tiene toda la razón: allí se conjugan todas las ambiciones, las vanidades, las filias, las fobias y los juegos de poder del mundo literario, en una puesta en escena que resume en sí misma la razón última del quehacer intelectual en estos tiempos: la glorificación del yo, con toda su carga de bisutería. Recuerdo entonces a César Vallejo, a Roberto Arlt, a Porfirio Barba Jacob, a Joaquín Pasos y los pulmones se me llenan del aire limpio respirado por quienes transitaban esas cornisas, convencidos de que la literatura era -apenas y además- su manera de estar vivos.

Abro el morral y saco mi ejemplar del libro Ganas de viajar, del poeta y cronista Alejandro Buitrago. Por supuesto, su nombre no está en la lista de “los que valen la pena” y creo que a él le importa un rábano: abomina del aura sacerdotal de tantos escritores. Pero qué digo libro: es una obra de artesanía y, como tal, confeccionada a mano. En sus páginas adquiere consistencia la idea de que la forma y el fondo son una y la misma cosa. Allí están, transfiguradas, las visiones de sus viajes por América del Sur, que le han dejado, entre otras recompensas, una mujer peruana y tres hijos. Por allí cruza la algarabía de sus pies al coronar cerros imposibles y suenan los acordes de todas esas músicas que narran lo que somos y lo que no pudimos o no quisimos ser.

Esos viajes le han dejado libros como hojas al viento que va regando por ahí a la espera de un lector. Alejandro Buitrago sabe de orillas y laberintos. Por  eso no desconfía de la vida, que llega cada día con su pan mañanero y su puñado de besos y versos. A su modo, va cantando una melodía de arrabal que nos redime a ratos de tantas ilusiones vendidas.

PDT : les comparto enlace a la -ineludible- banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=b0rqyl5TYGE