Menstrua Sapiens

 

Pequeñas gotas salen, se desprenden de la oscura cavidad interior y se mojan, aún más, en los labios cálidos y latentes que las abren al mundo. Caen.

Foto GeraldinePor:  Gerital Martínez González*

MENGUANTE

Viene la luna a instalarse en mi selva. Los pelos, cual amanecer en hojas frescas, escurren rocío olor a carne, a placer pleno. Llega la luna y girando se vacía, escurriendo savias rojas e hilos brillantes entre mis muslos carnosos.

Pequeñas gotas salen, se desprenden de la oscura cavidad interior y se mojan, aún más, en los labios cálidos y latentes que las abren al mundo. Caen. Despacio dibujan sobre la piel porosa estrechos ríos, caminos rojos, serpientes solitarias. Pintan el suelo, lleno de gotas aplastadas y redondas que secas dejan huella.

NUEVA

El dolor me recuerda el sueño. Aquel sueño en el que parí, con placer, más no lejos de dolor. ¿Qué tan cerca que hasta se tocan? Como cuando de tanto correr te duelen los músculos más masajeas para seguir sintiendo el cuerpo vivo. Ese mismo dolor que excita, placer que inflama, al mismo tiempo eleva, calienta.

En la misma posición descanso, cuclillas la sangre fluye, vulva se abre, el resto del cuerpo se relaja…

LLENA

No con ello digo que quiera parir, ni que sucumba a la compulsión irresponsable del reproducir, a perder el poder menstrual que una disposición anatómica y anclada socialmente me impone. Poder que por el contrario siento mío cada ciclo que sangre infecunda chorrea por mis piernas, me moja las manos. Amo el poder menstruante de no parir, por decisión, convicción o conciencia. Amo la sangre que escurre y no es feto ni humano, simplemente sangre que chorrea. ¿Qué sería de mí si jamás hubiese sido fecunda la sangre, si hubiese escurrido? Borraríamos el “mí” y tan sólo chorrearía o explotaría de un cuerpo y otro.

Sangre que niega reproducirse, ser humano, social, ir a la escuela para luego trabajar y así. Niega ser todo eso. Niega ser. Mantiene anónima, roja, vino tinto, deviene arte, pintura, foto, manchas, escritura, gotas disueltas. Niega ser fecunda y colonizada, se mantiene roja y sangre, no intenta reproducirse sólo se diluye.

CRECIENTE

No me escondo y exploto. Ni enferma, ni pobre, ni impotente. El desprecio y condescendencia social signos de la latente misoginia me muestran, al contrario, la potencia de la menstrua, de la que no hago ni siento debilidad más sí poder y fortaleza.

(*) Geraldine Martínez González (1988) es Licenciada en Filosofía por la Universidad Tecnológica de Pereira. Ha realizado diversos talleres en formación corporal, técnicas orientales de meditación, poéticas del cuerpo, composición instantánea; trazando puentes entre investigación, narrativas y cuerpo.