Metáforas del mundo

Qué paradoja, tenemos la globalización, instituciones internacionales eficientes, policentrismo, economía especulativa, y las catástrofes  son asuntos locales, ecos de la periferia…

ANDRES CALLE (MAMBRE)Por Andrés Calle Noreña:

He recogido el periódico, la Internet funciona bien. Escucho Symphony No. 3, Op. 36 de Henryk Mikołaj Górecki, un músico polaco, o a Arvo Part, estonio, para abundar en el capital cultural.  He tomado agua tibia, con el estómago vacío, que es la última receta para la salud.  El Whats App puede esperar.  Me dispongo a tener un día de trabajo y abrir los sentidos, a escribir un texto teórico, es la vida que nos merecemos.

Me encuentro con un relato y unas imágenes de un fotógrafo francés que ha estado cerca de los barcos llenos de inmigrantes, de un grupo étnico, el más perseguido y arrinconado, rohingyas de Myanmar, que son musulmanes que viven en un país budista, con dictaduras y comercio de opio.

He visto una nota de televisión española, sobre un trabajo de Ignacio Urquijo, en una universidad holandesa, para buscarles los nombres y reconocer a los inmigrantes africanos muertos, que quedan sepultados en cementerios europeos, sin sus rituales, sin que lo sepan sus parientes y en una desbandada por huir de sus guerras y rasguñar los sueños de los primeros mundos.

Habría que preguntar, qué significan primer, segundo, tercer mundos y submundos. Zygmunt Bauman habla de modernidad líquida y nos encontramos con mares infestados de cadáveres flotando,  y con otros que están vivos, como si fueran cardúmenes en la superficie,   sedientos y hambrientos, que de milagro todavía logran sobreaguar, sin rumbo, sin dónde atracar. Las barcazas están tan sobrepobladas y son tan frágiles, que tienen que lanzarles los bidones de agua y los  alimentos al océano, desde los helicópteros, porque pueden causar una tragedia. Mientras tanto, los gobiernos no quieren recibirlos ni acogerlos y todos se pasan las responsabilidades.

Qué paradoja, tenemos la globalización, instituciones internacionales eficientes, policentrismo, economía especulativa, y las catástrofes  son asuntos locales, ecos de la periferia.

Para nosotros mismos, éstas podrían ser noticias muy ajenas, que despertaran una sensibilidad pasajera. Porque no tenemos ni idea de dónde queda el mar de Andamán, ni la isla paradisíaca de Koh Lipe,  ni Algeciras, Ceuta y Melilla, ni Ruanda, Burundi, el Congo. Podemos confundir ciudades con países, qué problema hay, todo está en Google. Sólo sucede que ahora tenemos más información, pero esto ha pasado desde siempre.  Además, entre esa gente oscura, desde lejos, todos se ven parecidos. Uno se conmueve  y les podrían regalar algo, pero tampoco son para traerlos a comer a la casa.

También  aquí muy cerca, nos enteramos de unos mineros que murieron ahogados, entre un socavón, en Riosucio, Caldas. Ellos están desesperados y el oro siempre tiene valor. Es riesgoso, están trabajando bajo tierra, y debajo del río Cauca. Son minas ilegales, es casi artesanal. Pero qué más hacen, si a los lados hay tantas fincas de ganadería, y no hay trabajo. Y cuál es el alegato, por qué no dan esas minas en concesión y todos contentos y que vengan extranjeros y nos dejen las regalías, los huecos y el mercurio en los ríos. Pero, uno no puede arreglar los problemas de todo el mundo, pase ese canal y ya no nos quedemos dándole vueltas a las miserias de los demás.

Estas imágenes son la metáfora de este tiempo, de lo que hemos hecho del mundo, de la concepción de lo humano. Inmigrantes que no llegan a ninguna parte, trabajadores informales, guerreros, muertos de hambre, viudas y huérfanos.

Todo sigue su rumbo, estamos tan conectados y tan insensibles. La vida no se nos altera sino por momentos y después encontramos distracciones, entretenimiento y a estos pobres náufragos y a estos mineros les tendremos para la semana entrante otros de repuesto.

George Steiner dice: “Debemos enseñar a la gente que somos huéspedes de la vida en este planeta”. No aprendemos. Si estamos cómodos y abastecidos, cómo es de insoportable y de inoportuno ese paisaje de sufrientes. A quién se le ocurre pensar que estos migrantes  y tantos pobres están tocando a la puerta.