“La verdad os hará libres. La mentira, creyentes”

 

Jorge Beltrán COLPor: Jorge Beltrán

En el momento en que la Constitución del 91 declaró a Colombia como un Estado laico donde se garantizó la libertad de culto, se inició una descontrolada creación de iglesias de todo tipo, claramente cristianas en su mayoría, al menos en Colombia, en donde el Ministerio del Interior certificó para el 2015 un total de 5.209 iglesias registradas; sin exagerar me atrevería a decir que deben haber otras 5.000 sin registrar. ¿Cuántas habrá para este año?

El negocio, independientemente de la religión que promulgue cada iglesia, es redondo; porque las iglesias son catalogadas como entes libres de impuestos, al igual que las ONG. Pero más allá de la evasión de impuestos de estas cofradías que suman un patrimonio de $9,7 billones sólo en Colombia, según la DIAN; es preocupante la cantidad de personas que se involucran en estas empresas de la fe; por status o por temor. Status al sentirse parte de uno de los movimientos y negocios más grandes en el mundo, y temor por sentirse solos en el mundo y a desfallecer ante “la ira divina”, discurso infundado para la desviación de la fe del hombre. Una ira divina que ni siquiera se basa en realidades de nuestra América, referenciando a José Martí, a nuestros ancestros indígenas quienes asociaban como divinidad a la naturaleza ¡No era ningún Jesucristo!

En palabras del filósofo argentino Rodolfo Kush  “Buscamos solo el mundo del hombre y este necesita compensar su debilidad mediante la creación de objetos… con todo esto el hombre pierde la prolongación umbilical”. Es así como crean las iglesias o la imagen de un salvador “Jesucristo” y como se fortalece un sospechoso sentimiento de fe a base de murallas de valores para que todo sea firme y válido, para que se haga la tiranía de la  verdad absoluta disfrazada de religión, además irreconciliable con cualquier otra forma de creer o no creer, de vivir.

Solo bastaba que la clase media siguiera los pasos de la dinámica occidental, basada  en el individuo como fundamento de la sociedad y se abandonara a una doctrina de la economía del desamparo con su mercado de valores para crear la “civilización”. En síntesis, la creación de un mundo imitador de la naturaleza, multiplicador asiduo de cristianos, amantes de la hipocresía, al fin y al cabo una jerarquía. Porque están los que ven el negocio y los que ven la salvación que por lo general son los fieles, los que diezman, los  humildes, los que también pecan y empatan como sus pastores o sacerdotes. Y como también “es más fácil, mucho más fácil obedecer a otro, que gobernarse a sí mismo”, nada tiene de raro que haya tanta oveja en el rebaño. ¿Esto es posible, es leal; es siquiera decente?

El cristianismo en América Latina se reprodujo como plaga teísta hablando de moral y coqueteando con sus genitales y los de los niños por debajo de la sotana, al menos el catolicismo; y aun  así,  se convirtieron en los sostenedores de la ira de Jesús, de la culpa y el castigo. Para Serrat, “los macarras de la moral” se convirtieron en los nuevos paradigmas de una muchedumbre cristiana pseudo salvada, pseudo salvadora. En total, el 84 por ciento de los adultos latinoamericanos manifestaron haber sido criados en el catolicismo, según reveló un estudio del Pew Research Center, de Washington en el 2014, que analizó la afiliación, las creencias y las prácticas religiosas en 18 países de América Latina y el Caribe.

El evangelio que se imparte en las iglesias es tan falso como es falsa toda una comunidad montada sobre la base de una fe que no le pertenece y que se ha creado en el marco de la manipulación y control de una sociedad excluyente, fomentando la discriminación, es decir, el capitalismo. Al menos desde la edad Antigua, Roma ya tenía el dinero para comprarle su discurso a la iglesia católica y para la creación de nuevas iglesias, solo se necesitaba que hubiese un frenesí de interpretaciones muy convencionales que al final siguieron siendo el mismo hueso en diferente piel, roces de una avaricia por el poder, el tener, el llegar a ser hoy alguien.

La fe se administró porque solo los creyentes eran salvados de acuerdo con la conducta de cristo. El cristianismo preparó cómodamente a los humildes de Roma a vivir en la ciudad, perturbando el verdadero camino interior a dios, todo invadido por el miedo, la culpa y el castigo que promovían las sagradas escrituras.

Así es como el cristianismo se convierte en religión para esclavos y en modo de riqueza para los hombres de abolengo, en un discurso que se extiende como “sabiduría del pueblo a través de Cristo”, promulgando la ayuda al prójimo, evangelizando al pobre porque es más efectivo ayudar al humilde que contar con el rico. Nada alejado de las realidades actuales. Como lo afirma Nietzsche en su libro Aurora, ante su explicación de Dante y el dios convertido en oro, “Los medios de que se sirve el deseo de poder se han transformado, pero el mismo volcán sigue hirviendo siempre”

El delirio por el miedo de una humanidad moderna, capitalista, salvaje; de rosario en mano para ahorcar al que piensa y cree diferente porque “Ese que no es de los nuestros”  es el que está vacío, el inferior, el mismo al que llamaron indio los españoles en la conquista de América, lo que termina siendo toda una relación histórica por reflexionar. ¡Más vale que lo sea!

Por lo que parece y por lo que es, en Colombia las Iglesias se seguirán multiplicando como virus. Me pregunto: ¿Qué les espera entonces a nuestros niños en la famosa nación del sagrado corazón donde solo proliferan las iglesias y no las universidades? ¡Amén! Entraríamos a discutir entonces lo que se entiende por educación, pero eso ya sería tinta para otro papel.