La juventud de Gallo no es entonces su problema, son sus ideas, sus prácticas, sus maneras, lo que lo hacen un político viejo, falto de imaginación a falta de independencia, falto de coraje por sus múltiples compromisos electorales…

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Estaremos de acuerdo en que la juventud de nadie es prueba de inexperiencia. El primer ministro canadiense Justin  Tradeau,  de 45 años,  o el recién electo presidente de Francia, Emmanuel Macron, de 39 años, son prueba de que las nuevas ideas pueden y deben gobernar las sociedades humanas. Antes de los 50 años Julio César fue asesinado siendo ya emperador del mundo y Alejandro Magno a sus 33 años ya había conquistado medio mundo antiguo desde Macedonia hasta la India.

Sin embargo, a la juventud a la que me quiero referir es a la del mandatario local, Juan Pablo Gallo, quien con apenas 36 años fue electo alcalde de Pereira en la legislatura pasada, 2015-2019, con la votación más alta de la historia electoral de la ciudad, aproximadamente 130.000 votos. Al inicio de la campaña, nadie daba un peso por su probable alcaldía y se vislumbraba un panorama impreciso cuya dicotomía era votar por Soto o contra Soto, quien apoyó al otrora alcalde Israel Londoño para repetir mandato.

Desde que lo escuché, a Juan Pablo, me pareció estar frente a uno de los muchos muchachos que, año tras año, aspiran a ser personeros de sus colegios, sin ningún tipo de propósito claro, y ser reconocidos porque no pueden hacer nada de lo que prometen. Me parecía un entusiasta, que se estaba haciendo contar y que venía de ser un concejal liberal, ligado indiscutiblemente a casas políticas de la ciudad como la Gaviria y  la patiñista, reconocido por ser el cargaladrillos de Juan Manuel Arango en elecciones anteriores y con muchas falencias en el conocimiento de los graves problemas que aún aquejan a la ciudad y que Gallo no ha sabido cacarear.

Sin embargo, se impuso, o lo impusieron. Gallo no pudo haber logrado el altísimo porcentaje de votos  que obtuvo sin la gestión de sus jefes políticos que hicieron cuanto pacto quisieron con cualquier coalición que quiso apoyarles, desde el conservatismo rancio de Habib Merheg y Samy Merheg,  hasta la izquierda radical de corte chavista como la Unión Patriótica, pasando por partidos cristianos como el MIRA y movimientos “independientes” como Pereira Firme o la Alianza Verde,  todos ellos sucumbieron a las ofertas del liberalismo gavipatiñistahabibista que impulsó al joven alcalde de Pereira.  Eso sin contar colectivos ciudadanos, culturales y sociales, artistas, LGBTI, afros etc, que se volcaron a votar por él.

Consecuencia de esta serie de alianzas tipo aplanadora, en los últimos días de campaña, Soto traicionó a su candidato Aguirre y se quedó sin el brazo burocrático que permitió poner durante doce años alcaldes de su directo resorte; y Gallo  Maya llegó a la alcaldía con muchos compromisos políticos y favores por pagar, que le han costado no solo gobernabilidad, sino verse inmerso en situaciones comprometedoras de corrupción en su administración. 

La juventud de Gallo no es entonces su problema, son sus ideas, sus prácticas, sus maneras, lo que lo hacen un político viejo, falto de imaginación a falta de independencia, falto de coraje por sus múltiples compromisos electorales, inexperto a causa de su rápida ambición de poder, payaso por sus salidas en falso sobre temas que no conoce y cree conocer; títere, por ser la voz ventrílocua de caciques rancios que ocultan sus delitos en las alcaldadas del joven alcalde.

Pereira no votó por un alcalde Joven, votó por un alcalde Niño, y el que con niños se acuesta…