Ya basta de maquillar la dura vida cotidiana de las mujeres con vestidos, tacones, caras bonitas y sonrientes. Ya basta de ser cenicientas. Estamos mamadas de ser “mujeres Diana” y mujeres maravilla. A Diana hay que borrarla del mapa con toda su ideología patriarcal barata.

 

Por: Gloria Inés Escobar

De la misma manera que no se necesita saber conceptualmente lo que es un verbo o un adjetivo para que cualquier hablante de una lengua nativa lo utilice, no se requiere saber el concepto del patriarcado para que lo vivamos y lo reproduzcamos.

El patriarcado es simplemente algo que se aprende desde la niñez en la casa y se reafirma en todos los espacios sociales a lo largo de la vida. Puede suceder que jamás se haya escuchado la palabra o se ignore su significado, pero en la vida diaria de la mayoría de las mujeres la realidad está construida a partir de su ideología y práctica.

Es claro que no se necesitan discursos teóricos para enseñar lo que es dicha ideología ni se necesita una instrucción formalizada para aprenderla, incluso se pueden elaborar discursos en su contra, como de hecho se hace, pero basta vivir en este planeta para padecer sus rigores, así no seamos conscientes de ello.

Pero como si no fuera suficiente con la instrucción recibida en la casa y en la iglesia, los medios masivos de comunicación, desde los más primarios hasta los más sofisticados, se encargan de reforzar esa ideología que encasilla a hombres y mujeres en férreos moldes de los cuales es muy difícil escapar. La mujer Diana es solo una pequeña pero muy diciente muestra de ello.

Esta publicidad no solo concentra toda la ideología patriarcal, sino que hace apología de ella. Su discurso audiovisual, aunque hace gala de retratar a la mujer moderna al afirmar que “las mujeres ya no somos las mismas de antes”, no hace más que repetir lo que hasta el cansancio se nos ha enseñado, que la casa es nuestro lugar y nuestra función en la vida es hacernos cargo de los demás.

La mujer Diana es una mujer joven, bella, bien vestida, feliz y, sobre todo, orgullosa de ser Mujer, es decir, orgullosa de trabajar como una esclava (“somos las primeras en levantarnos y claro, las últimas en acostarnos”; “además de trabajar en casa también trabajamos fuera”); feliz de llevar de llevar sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar de todos (“cuidamos de los niños y también de los grandes pues solo nosotras conocemos el corazón de nuestras familias”); y orgullosa además de ser la única responsable de que existan mejores familias (“y aunque a veces estemos cansadas, ser mamá, esposa, trabajadora y amiga, es un orgullo. Diana sabe que por mujeres como tú existen mejores familias”).

En resumen, la mujer Diana es la mujer perfecta: siempre linda, sonriente, feliz, trabajadora y sacrificada por los demás. La reina del hogar.

Por ser mujeres como Diana, es que seguimos encadenadas a un modelo que no exige de nosotras más que sumisión, limitaciones y sacrificio.

Ya basta de maquillar la dura vida cotidiana de las mujeres con vestidos, tacones, caras bonitas y sonrientes. Ya basta de ser cenicientas. Estamos mamadas de ser “mujeres Diana” y mujeres maravilla. A Diana hay que borrarla del mapa con toda su ideología patriarcal barata.