Sin duda la equidad es una de las guerras más importantes que debemos batallar: con nosotros mismos, con nuestro sistema económico y, por supuesto, con nuestro gobierno. 

 

DIANA CAROLINA GOMEZPor: Diana Carolina Gómez Aguilar

Este momento histórico, tan cercano al pos acuerdo, pero que los colombianos nombramos de diferentes maneras -según nuestras ideologías, sentimientos y motivaciones- está cargado de alegría y, sobre todas las cosas, de responsabilidades que como personas y sujetos políticos tenemos, ya que son muchas las nuevas guerras que de ahora en adelante debemos batallar como sociedad.

Y no porque en el pasado no lo hayamos tenido que hacer, sino porque es la oportunidad para ponernos la camiseta de Colombia y demostrar que no somos solo un país que se une en torno al fútbol, que el amor por nuestra patria es más grande y nos alcanza para convertirnos en sujetos que actúan y que no se quedan únicamente cantando esos maravillosos goles con los que nuestra selección Colombia nos regala tantas alegría. Es la oportunidad para demostrar que de verdad “para nosotros es creer en uno mismo y en el otro”. Y no hablo de enfrentar nuevas guerras armadas, hablo de la construcción de sociedad con nuevas características: de justicia, de tolerancia, de paz.

Sin duda la equidad es una de las guerras más importantes que debemos batallar: con nosotros mismos, con nuestro sistema económico y, por supuesto, con nuestro gobierno. Sin embargo, es esta una categoría amplia con un montón de temas circundantes que entre sus aristas contiene la equidad de género, que sigue siendo un tema bastante amplio y con numerosos formas de tratar.

Por eso, algunos hablamos de equidad de género para la mujer, porque así se focaliza un poco más la cuestión. Empero, soy consciente de que esta forma de llamarlo genera ruido para muchos y es comprensible, siente uno que es contradictorio mencionarlo de esa manera.

Se percibe así sobre todo porque hablar de equidad de género para un solo género pareciera incoherente, pero deja de serlo cuando se mira en retroceso a la humanidad y se aclara en la mente esa deuda histórica de nuestra especie con el género femenino. Es esa carga generacional lo que hace que hablar de equidad de género para la mujer se convierta en una necesidad de nombrar el problema, para que sea atendido.

Tristemente, la inequidad de género para la mujer no se queda en los años anteriores, es una realidad que se refleja en las experiencias actuales de las víctimas, las historias, las cifras de feminicidios en nuestro país; se refleja cuando vemos que la Defensoría del Pueblo dice que estáAlerta por 1.658 mujeres en riesgo de feminicidio”.

Es por esto que las formas de decir las cosas no tienen un significado meramente gramatical o ceñido a la respetadísima Real Academia de la Lengua Española, sino que son formas de señalar los fenómenos sociales con toda la carga problemática que generan. Es por esto también que se hace urgente, apremiante, necesario, trabajar como colombianos para extinguir, o por lo menos reducir significativamente la inequidad de género. Únicamente de esa manera no tendríamos que nombrarla así, con la forma que a algunos molesta tanto, tal vez los mismos que acosan a las mujeres en la calle gritándoles ‘como está de rica mami’, sin ser conscientes que de que eso también es violencia.

Una cosa que deberíamos aclararnos todos de una vez por todas es que el hecho de que un grupo se preocupe por un tema en particular y se ponga en la tarea de trabajar para mejorar, no quiere decir que este grupo esté desconociendo otras realidades y otros problemas. Quitémonos esa manía de decir que no trabajamos por algo o que no apoyamos un proyecto porque hay cosas más importantes.

Dejemos de minimizar los esfuerzos de los otros porque organizarse no es fácil, porque ponerse en la tarea de pensar la realidad y buscar soluciones de manera pacífica y organizada es una tarea lenta y exigente. Qué bueno sería que nos convirtiéramos en sujetos más conscientes de que cuando un grupo de personas se reúne a proponer nuevas formas de ver y actuar en el mundo, está poniendo su corazón, su intelecto, su tiempo, su pasión y sus ganas en la construcción de algo. Que mejor que criticar destructivamente, deberíamos unirnos siempre a las buenas causas y hacer aportes de verdad.