Nuevo ciclo de la universidad corporativa: “Hasta cuando alcance la plata”

Es el momento en que tanto el Consejo Académico como el Consejo Superior asuman la voluntad y la directriz académica de poner las condiciones económicas a servicio de la academia, de lo contrario le sucederá aquello que le está ocurriendo al gobierno si no cambia su actual respuesta…


Por / León Felipe Cubillos Q.

Así como no se podría hacer una lectura aislada del actual paro social en Colombia frente al estallido social que se está presentando en diferentes partes del mundo (Francia, Barcelona,
Líbano, Hong Kong, Iraq, etc.), como de Latinoamérica (Ecuador, Chile, Panamá, Bolivia); del mismo modo, no se podría leer la actual situación de la culminación del segundo semestre del año 2019 en la Universidad Tecnológica de Pereira, sin tener en cuenta este, el más largo paro nacional en la historia de Colombia.

Ambos tienen, entre otros, un fundamental aspecto en común: el papel del Estado en los tiempos del desarrollo con enfoque neoliberal.

Me explico:

En ambos, la dirección general del Estado –como las políticas de educación superior– está
enmarcada en un mismo propósito: la reducción del Estado y la apertura a mayores mercados que reemplacen las otroras políticas sociales de los Estados de Bienestar.

En el primero de los casos, para las políticas de Gobierno con enfoque neoliberal, el Estado eficiente está representado por una silueta muy estrecha que pierde su papel regulador de la economía y –como todos saben– sus políticas sociales de educación, salud, empleo, y el futuro de las pensiones, entre otros aspectos.

El Estado Fuerte solo se reivindica en los órganos especializados de coacción social, como diría Talcott Parsons. La respuesta, cuando se excluye a los otros de la dirección política democrática, será la opción de la fuerza y la represión para contener “los excluidos”, “los que sobran” o las “multitudes”, haciendo gala y tomando buen ejemplo de la época de la securitización de la sociedad; una seguridad que privilegia el mantenimiento del orden antes que orientarse hacia los verdaderos rasgos de una seguridad social integral e, incluso, territorial.

En el segundo de los casos, frente a las políticas de Estado en la Educación Superior, será el autoemprendimiento de las nuevas direcciones universitarias, aprovechando la apertura de los nuevos mercados, quienes aseguren su funcionamiento y visiones institucionales –siempre positivas– con el eufemismo de la consecución de los recursos propios que, en el caso de la
Universidad Tecnológica de Pereira, para el próximo año serán de $84.940.571.910 frente a los $209.614.181.950, de los cuales los recursos de la nación corresponden a $124.673.610.040, de acuerdo al informe presentado ayer por el representante de los profesores ante el Consejo Superior, Juan Carlos Burbano.

En resumidas cuentas tenemos dos estados de indefensión frente al otrora Estado de Bienestar en la época de la nueva vulgata planetaria del neoliberalismo, en términos de Bourdieu:
frente a la no sustentabilidad del Estado de Derecho, en la primera, frente a la no sostenibilidad de la Educación Pública, en la segunda.

La respuesta del Gobierno se da a partir de dos reduccionismos: el Estado Fuerte a partir de la represión en las calles, ante la no sustentabilidad del Estado de Derecho. La consecución de los recursos propios, la autogestión institucional, frente a la no sostenibilidad de la Educación Superior.

Mientras en el Ejecutivo y en el legislativo se observa el desinterés por asumir la discusión de las trece reclamaciones del Comité de Paro, la presencia del Estado se resume en la seguridad y en la aquiescencia de los medios de comunicación oficiales; mientras los estudiantes y algunos profesores estamos en las calles reclamando nuestros derechos como universitarios y profesores, la Universidad Corporativa continúa sus proyectos de investigación y consultoría, sus rondas de negocios, sus héroes fest, sus reuniones en el Movich, sus noticias asépticas en su Campus Informa (los éxitos de Sociedad en Movimiento, la celebración del día de las luces, la bienvenida a la Navidad –papayera incluida–, la nueva gestión y promoción de la Universidad etc. Según la última edición 5 de diciembre de 2019) y sobre todo, el nuevo condicionamiento de la continuidad de su misión institucional: ¡Hasta cuando alcance la plata!

Claro es para todos que durante el presente semestre se perdieron entre tres y cuatro semanas; en mi caso, tomo como ejemplo mi curso de Práctica Ambiental Interdisciplinaria III, con un horario de cuatro horas semanales los jueves de 2:00 a 6:00 de la tarde, en el que perdí cinco sesiones (20 horas) debido a los ceses de actividades demandados por el movimiento estudiantil, la interrupción de las clases por eventos institucionales, los permisos individuales y grupales a
estudiantes, el paro nacional.

Por primera vez, en mis veinte y cinco años de trabajo en la Universidad Tecnológica de Pereira, se puede generar el pésimo antecedente de culminar un semestre sin aplazar y compensar con un nuevo calendario las clases faltantes, con la excusa de la insolvencia económica. Así como el Estado de Derecho se está reduciendo en la práctica a Estado de Seguridad, la educación pública está dejando de lado la academia y dependiendo su continuidad de la existencia de la plata.

Así como a vox po0puli se ha difundido la idea en los últimos tiempos de este desmadre de la institución debido a las políticas de cobertura y no retención, también, está cada vez más presente el parecer de que las grandes decisiones de la política de nuestra Universidad dependen cada vez más de la Vicerrectoría Administrativa, aún con nombre propio.

En ambos casos, el País y nuestra Universidad, las decisiones son tecnocráticas y dependen de los expertos en seguridad y en economía. Lo sustantivo del Estado de Derecho o de la Universidad Pública con su academia, está siendo supeditado e instrumentalizado por las fuerzas especializadas de coacción o el conocimiento de los expertos en finanzas, a los demás solo nos quedará exigir nuestros derechos en las calles o en las asambleas.

Es el momento en que tanto el Consejo Académico como el Consejo Superior asuman la voluntad y la directriz académica de poner las condiciones económicas a servicio de la academia, de lo contrario le sucederá aquello que le está ocurriendo al gobierno si no cambia su actual respuesta: ningún Estado puede respaldarse solo en la represión, ninguna Universidad puede sustentar sus decisiones solo en lo económico…

“Hasta cuando alcance la plata” no puede ser la condición para dejar de garantizar un mínimo de las responsabilidades académicas, máxime cuando ayer se discutía el presupuesto para el año entrante; con un poco de voluntad y el juicioso análisis de los expertos de la Vicerrectoría Administrativa y los del campo del derecho, seguramente será posible aplazar para el próximo año el final responsable de las actividades académicas del semestre, por sobre los contratos de once
meses, por sobre el lema “hora dictada hora pagada” de las procuradurías y las contralorías, de lo contrario, la austosostenibilidad financiera le tendrá que decir, definitivamente, a la academia: “hasta cuando la plata nos separe”… con la injusticia social que representa una fila de profesores que esperan unas formas más altruistas y seguras de contratación.

Al Vicerrector Académico y al Rector de la Universidad Tecnológica de Pereira, como a sus entes administrativos y tomadores de decisiones, les debemos recordar una frase de nuestro desaparecido consejero Samuel Ospina Marín: Ser Responsable es Capacidad de Respuesta, y esta no puede basarse únicamente en lo económico; si bien las decisiones en la administración son “plata”, estas se deben supeditar a un fin sustantivo comprometido con la formación de las nuevas generaciones de la región y del país.

No cometan el error de generar un antecedente que termina de colocar la estocada final de la Universidad Corporativa sobre su responsabilidad pública a una ciudadanía y a un estudiantado y
profesorado que reclaman sus derechos…

…El académico eres tú…