En el país tenemos la mala costumbre de tragar entero y dejar que las cosas pasen y simplemente adecuarnos. No se ponga, es la respuesta más común en Colombia. No se ponga que pa’ qué.

 Por: Miguel Angel López

 No pretendo profundizar en los hechos ocurridos en la ciudad de Medellín tras una futura reforma para la ciudadanía, mas sí sobre el hecho mismo de la protesta. En los últimos años las protestas de los estudiantes de las universidades públicas han sido minimizadas y más estigmatizadas en los encapuchados que, en representación de una minoría, manchan el nombre de los movimientos estudiantiles en el país.

Si bien no estoy de acuerdo con usar una capucha en el momento de protestar y mi desacuerdo es mayor cuando sus actos trasgreden los límites y rayan con el vandalismo y la violencia, sí les reconozco el papel protagónico en las manifestaciones que ha tenido Colombia y que sin ellos, probablemente, el resto no tocaríamos las calles en señal de protesta.

No hay sociedad perfecta y siempre, siempre, habrá inconformes. Encuéntrese en un país capitalista como Colombia o en un país socialista como Cuba, siempre encontraremos algún ciudadano que quiera algo distinto. El pasto siempre es más verde en el otro lado, inclusive al cambiar de jardín, y son estas personas las encargadas de presentar una resistencia frente a su inconformidad.

Los gobiernos y sus ciudadanos deben estar en una relación de iguales, ninguno es mayor que el otro, porque ninguno puede subsistir sin el otro. Por lo tanto, si los dos se encuentran en la misma escalera, tienen la obligación de subir tomados de la mano, como pares, para ello debe haber una armonía y un consenso constante.

En el país tenemos la mala costumbre de tragar entero y dejar que las cosas pasen y simplemente adecuarnos. No se ponga, es la respuesta más común en Colombia. No se ponga que pa’ qué. En Colombia suceden cosas y la gran costumbre es dejar las pasar. Así terminamos conservando unos zapatos que al final no quisimos comprar, o pagando por parquear en la calle sin que nos aseguren seguridad. De esa forma es que nos cobran cuotas de manejo en las tarjetas débito cuando le prestamos dinero al banco o nos quitan recursos y el colombiano no se pone, cuando la voz del ciudadano debería tener más fuerza.

Entonces es importante que los ciudadanos, y quiero decir cualquier ciudadano, expresen cada vez que no estén de acuerdo con algo y he allí la importancia de las manifestaciones vividas a principios de octubre en Medellín. No fueron los de la de Antioquia o los de la Nacional, fueron mujeres madres de familia y hombres trabajadores quienes salieron a la calle a hacerse escuchar. Que si hubo infiltrados, que si todo fue movido bajo una falsa premisa, que la marcha llegó a ciertos límites; son puntos aparte en este instante, ya que lo primordial es que alguien más se atrevió a decir no.

De igual manera marchar no es la única manera de protestar y causar impacto en los demás. Está el ejemplo de Pussy Riotbanda femenina de punk rusa, quienes hacían protesta política en el escenario y dos de sus integrantes fueron enjuiciadas por ello, pero ha movilizado en su apoyo a gente alrededor del mundo.

O el famoso video de Kony que invitó a todo el planeta a mirar a un país que pasa por momentos difíciles. Inclusive,  las personas no solo tienen que levantarse frente a coyunturas políticas, simplemente exponer sus pensamientos frente a cualquier cosa y ser un miembro activo en la sociedad, como los integrantes de Fuck for forest, quienes decidieron iniciar algo que denominan “ecoporn” para hacerle un llamado de atención a la sociedad.

La sociedad tiene que hablar, gritar, marchar, expresar; de lo contrario los gobiernos van a seguir haciendo lo que les plazca, como en Colombia, porque de igual manera la gente no va a hacer nada al respecto.