Pedir menos y dar más

Ahora, si me preguntan si es necesario hacer una reforma tributaria, debo decir que sí. Que independientemente de los usos que se le den a los recursos públicos, el país sigue necesitando inversión, atención especial a las poblaciones menos favorecidas y más olvidadas.

 

maria-victoria-velascoPor: Victoria Velasco Mora

Éste año tuve la posibilidad de ir a las exóticas playas de Barú, muy frecuentadas por colombianos y extranjeros; son casi un paraíso terrenal. Durante la visita se me acercó una pareja de canadienses pidiéndome el favor de tomarles una foto, a lo que accedí con mucho gusto; ahí empezó una efímera amistad. Hablamos de nuestros trabajos, nuestras familias, nuestros países, de las marcadas diferencias en los sistemas de salud, educación y, llegamos al punto más álgido: los impuestos.

Mis amigos me contaron que en Canadá, una persona natural tributa más del 40% de sus ingresos salariales al año y me pareció una grosería; pero luego, analizando su calidad de vida entendí que no era algo descabellado. El sistema de salud en dicho país es gratuito y presta un excelente servicio, me contaron que no les niegan un examen que el médico considere necesario realizar y que en caso de requerir cirugías, se las realizan sin chistar (igual que aquí en Colombia). Además me contaron que el sistema educativo es igualmente gratuito, que ellos estudiaron en universidades públicas muy bien calificadas no solo en su país sino en el resto del mundo; lo mejor del cuento, es que no pagaron por eso (igual que aquí en Colombia). Me hablaron de las carreteras, de la seguridad, de los desarrollos tecnológicos y sociales, y fue ahí cuando casi entro en depresión en la mitad de mis vacaciones.

No necesito hablar de las mayúsculas y grotescas fallas que tienen nuestros sistemas educativos y de salud, así como tampoco de la inequidad y corrupción; de eso estamos saturados. Pero la charla con mis amigos me hizo pensar en la necesidad de cubrir realmente las necesidades de los colombianos. El Estado ha tenido una política de asistencialismo que no viene del gobierno actual, recuerde el “maravilloso” plan de Acción Social gestado por el expresidente Uribe; política seguida por el presidente Santos, con su política de las 100 mil viviendas. Esos dos programas me hablan de un inmenso y sostenido gasto público, necesario en cierta medida.

El principal ingreso del estado colombiano proviene del petróleo; hace 6 años, al inicio del gobierno Santos, el precio del barril del petróleo estaba en USD $76, ascendió a USD $124 en marzo de 2012 y a partir de allí, empezó a caer. El 21 de enero de éste año estaba en USD$27 y, hoy está alrededor de los USD$48. Como lo puede ver, el ingreso del Estado está seriamente afectado. Sumado a ello está el aumento en el precio del dólar, lo que ha golpeado fuertemente a las empresas que importan, pues todo lo deben pagar más costoso. El Ministerio de Hacienda informó ésta situación unos días antes de presentar el proyecto de Reforma Tributaria ante el Congreso.

En una fila en un banco, escuché a una persona hablar con mucho disgusto respecto de lo costosos que están los servicios públicos, que no era justo que una persona de estrato 1, 2 y 3 tuviera que pagar tanto dinero, que el Gobierno debería incrementar los subsidios porque ya no les quedaba ni para viajar. Luego la escuché decir que era un descaro que se incrementaran los impuestos, que el Gobierno era muy corrupto, que los políticos son muy ladrones, que…

El punto es el siguiente: muchos colombianos no quieren que les cobren más impuestos, pero sí exigen que se les den más subsidios. La lógica es simple: ¿con qué plata? Ella decía algo a lo que le doy parcialmente la razón: nuestra clase dirigente se está beneficiando horrorosamente con el presupuesto del Estado, ejemplos de ello son los salarios de nuestros congresistas o el esquema de seguridad del exprocurador Ordóñez. Es algo vulgar, pero eso será otro tema a tratar.

Volviendo al asunto que nos atañe, la gente quiere casas gratis, servicios públicos gratis, educación y salud gratis (éstas dos deberían ser gratuitas y de excelente calidad); la ciudadanía demanda mercados gratis, viajes gratis, esposos gratis y todo cuanto no implique pagar para obtenerlo. Pero, VOTAR es gratis y la gente no sale a votar; se quejan de los políticos y sus decisiones corruptas pero eligen a los mismos; a la gran mayoría de colombianos no les importan sus deberes ciudadanos pero ¡ay de quien les violente sus derechos! Eso sí que es grave.

Mis amigos canadienses me decían que no les dolía aportar sus impuestos porque disfrutan mucho de lo que con esos fondos se realiza a favor de ellos mismos. A mí, a diferencia de ellos, sí me duelen los impuestos que estamos pagando y que van a aumentar, porque: tengo la impotencia de saber que con ellos, otros se van a hacer más ricos; tengo la impotencia de saber que no se van a invertir en hospitales, colegios y universidades de la forma como debería ser; tengo la impotencia de saber que el mejoramiento de las vías en el país no va a ser efectivo, duradero y en el corto o mediano plazo.

Ahora, si me preguntan si es necesario hacer una reforma tributaria, debo decir que sí. Que independientemente de los usos que se le den a los recursos públicos, el país sigue necesitando inversión, atención especial a las poblaciones menos favorecidas y más olvidadas; se requiere que los sistemas educativo y de salud no se permitan dar un paso atrás, pues si actualmente no es suficiente, imagínese el caos si se disminuyera su accionar a favor de la sociedad.

Todos los colombianos necesitamos más conciencia, pensar en aportarle al país más de lo que pensamos en que se nos beneficie con subsidios, ser mejores elementos para la sociedad. Gestar desde nuestras casas un pensamiento de crecimiento personal que no incluya tener que pasar por encima de nadie; meditar en que no es necesario partir todas las papayas que se nos pongan en frente, porque a veces aprovechar esas “oportunidades” significa tener que afectar a familias enteras. Necesitamos pensar más en los demás y menos en nuestros propios beneficios. En conclusión, pedir menos y dar más.

@Victoria_VeM