El caballo da a la obra la sensación de movimiento; El Bolívar Desnudo podría ser la representación que más se acerca a la idea de motor inmóvil que pensó Aristóteles.

 

Por: Christian Camilo Galeano Benjumea

Ya finalizó la Semana Santa. Algunas personas regresan a la rutina con promesas a un Dios que es crucificado y resucitado cada año; otras con una cierta depresión posvacacional deben enfrentar lo implacable del trabajo. Cada uno realizó peregrinajes diferentes, fuera contemplando estatuas de yeso para poder darle una imagen a esos relatos de dolor, sufrimiento y resurrección, o divagando por piscinas y pueblos cercanos para tratar de olvidar la cotidianidad. En mi caso, este año preferí realizar mi propia peregrinación por algunas esculturas de la ciudad.

Pereira es afortunada, cuenta con varias obras del escultor Rodrigo Arenas Betancourt. Este pequeño individuo que divagó por muchas ciudades del mundo reflexionando alrededor de la libertad y la muerte dejó parte de su obra en esta ciudad.

Estas surgen de un contexto contradictorio como lo es el latinoamericano. Hijos de la colonia y el exterminio construimos ciudades sobre las cenizas de pueblos indígenas. Al mismo tiempo, un mestizaje violento parió hombres y mujeres sin patria envueltos en discursos ajenos. Arenas Betancourt lo sabía, reflexionaba y esculpía. Esto dijo en su momento:

Esta sumisión histórica nos ha dejado una especie de impotencia, de incapacidad y de venalidad crónica. Esta actitud nos incapacita para crear, usar y juzgar nuestros propios valores morales, éticos, espirituales e históricos… defendemos el presente destruyendo el pasado. Discutimos asesinando al contendor, sin pasar por el tormento de confrontar ideas. Hemos podido llegar, paradójicamente, a la filosofía de la venalidad, es decir, a la filosofía de los esclavos y sometidos.

Sujetos a una miseria material y espiritual el escultor se vale de símbolos de libertad y lucha para fundar otras experiencias en los hombres y mujeres de estas tierras. Prometeo y Bolívar son los arquetipos de la libertad de los que se sirve Arenas Betancourt.

Así, al realizar mi peregrinaje solitario y pasar por el parque de los sapos en la U.T.P, me es imposible no detenerme y ver El Prometeo que allí espera. Es el recuerdo del precio que deben pagar los hombres por el conocimiento; el saber está ligado al dolor, la lucha y la libertad. Todo aquel que quiera superar las miserias materiales y culturales podrá utilizar el conocimiento –aquel que nos legó Prometeo– pero debe saber que esta aventura está cargada de riesgos.

La lluvia marca los días de abril, días tristes para algunos y llenos de esperanza para otros. Con un paraguas camino por las calles de la ciudad para llegar a la siguiente estación, el Monumento a los Fundadores. Me encuentro de nuevo con un Prometeo que extiende sus abrazos, pero no logra liberarse; sin embargo, resiste y lucha.

Debajo del titán veo aquellos labriegos que se lanzaron en una aventura por colonizar estas tierras, campesinos que pese a las adversidades emprendieron una aventura hacia lo desconocido. Un can con la piel pegada a los huesos ladra y muestra sus dientes, una mujer lleva en brazos a un niño y uno de los hombres con hacha en mano guía y abre camino. Estos campesinos resisten, son la prueba de la tenacidad, el esfuerzo y el fuego del saber. Rodrigo Arenas sabe que esos hombres, a pesar de estar marcados por la tragedia, son portadores de la esperanza. Por eso no sorprende leer lo que dice el artista en la placa de la obra.

Este hombre-fuego-

Herida-oración,

Es el símbolo

Del ser actual que

En medio de esta patria

Desangrada y entristecida

Crea y anhela

Realizar sus sueños.

 

He llegado al Bolívar Desnudo. La tercera estación de mi peregrinaje, donde muchas personas van de un lado para otro, pero pocas se detienen. Aquí está una obra capital del escultor; irreverente, profundo y mordaz, este Bolívar cabalga detenido en el tiempo.

En su momento la obra despertó rechazo y muchas críticas por parte de la mojigatería académica y moralista. Sin embargo, la idea de Arenas Betancourt sobre Bolívar es revolucionaria y atemporal. Quitar las vestimentas y sabanas militares que cubren normalmente al libertador para hacerlo igual a los demás hombres, permite convertir las ideas de Bolívar en una experiencia que se actualiza permanentemente.

Tampoco El Libertador lleva una espada; por el contrario, una antorcha ilumina su camino. La razón y no solo la fuerza debe guiar las luchas por la libertad. Así, saber y libertad se encarnan en este Bolívar que parece que fuera a liberarse de la base que lo fija.

El caballo da a la obra la sensación de movimiento. El Bolívar Desnudo podría ser la representación que más se acerca a la idea de motor inmóvil que pensó Aristóteles. Porque allí está la obra, quieta ante los transeúntes que pasan; sin embargo, al detenerse y contemplarla, invita al movimiento, a la búsqueda por la libertad.

La lluvia no cesa, pero esta peregrinación termina solo con la certeza de que las obras de Betancourt son un llamado a la libertad y dignidad de aquellos que permanecen del otro lado de la historia. Hombres y mujeres encadenados a la ignorancia y la pobreza –material y cultural-, pueden ver en estas obras la posibilidad de rebelarse ante el mundo como lo hicieron en su momento Prometeo y Bolívar.

*ccgaleano@utp.edu.co