En clave ética el Alcalde deberá probarle a los ciudadanos si su lealtad es con la ciudad y lo que eso implica, o por el contrario si su lealtad es con los avaladores que  le llevaron a ese cargo.

Por: Carlos Victoria

En el transcurso de la semana el alcalde de Pereira se encontró con varias cuentas en una cabina de radio. Todas preocupantes para el patrimonio público de la ciudad. A lo sumo la empresa de energía y la de aseo le entregan pingües utilidades al tesoro local. La empresa de salud no levanta cabeza. Megabus, paradigma de la movilidad urbana, colapsó financieramente. Estoy repitiendo las palabras del burgomaestre: “colapsó”, dijo. El inventario incluye, por supuesto, la herencia que recibió Vásquez de Londoño.

La lista sigue. Las políticas de manejo del espacio público fracasaron. “El centro de la ciudad está en poder de las mafias”, afirmó en Todelar el profesor  Samuel Guzmán de la UTP. No pasa nada. La designación del nuevo gerente de la ESE Salud Pereira está embolatada a pesar que una universidad caleña ganara la convocatoria para su selección. ¿Por qué?  El alcalde Vásquez dice que en esa entidad– inexplicablemente- no publicaron el contrato para filtrar los candidatos. ¿No le hacen caso?

Allí no escampa. Tampoco en Aguas  y Aguas. No fue suficiente que  la gerencia anterior hiciera y deshiciera, según denunció hasta la saciedad la Asociación de Ingenieros de Risaralda. El agua cristalina que  suministra la empresa no se compadece ni con la costosa pecera que hizo instalar la señora Noreña junto a su  despacho, ni con la trasparencia que pregonó con los “ríos de agua pura”. Una pecera repleta de concejales, intermediarios y allegados, alimentó el ego de esta especie de soberana del agua. Su nuevo gerente se subió el sueldo a $ 16 millones mensuales. El mantenimiento de la pecera también cuesta un billete.

El alcalde actual presume que los ciudadanos son bondadosos. A 100 días de su mandato, se nota que no sabe qué hacer y lo peor: ¿para dónde va? Como gobernante dista mucho del que aparecía en la foto de campaña. Tanto que su gestión tiene la marca del siglo pasado: “le he llevado cuatro proyectos al Presidente”, dice. Es lo que  nos merecemos. Es el resultado de un sistema político que premia la escasez de virtud. Sin embargo ahí están los usuarios haciendo penosas filas en Multiservicios para renegociar sus facturas de pago. El año pasado las hacían pero para votar.

Fajardo puso de moda el libro blanco en Antioquia. No le vamos a pedir a Vásquez que copie la idea. Simplemente que su silencio no es la mejor señal. El informe de Planeación Nacional sobre el colapso de Megabus, revelado por un periodista, deja entrever que el Alcalde todavía no se ha posesionado: no ha tomado posesión de los graves problemas que experimenta la ciudad. ¿A quien escucha? Al  jefe de planeación, que es un tipo inteligente, parece que no. ¿A sus amigos de la casa de la democracia? Alcalde: hay muchos motivos para estar preocupados. Si es inteligente y honesto de un viraje, de lo contrario la ciudad seguirá de mal en peor.

En el libro blanco deben aparecer los agujeros negros de la AlcaldíaEn clave ética el Alcalde deberá probarle a los ciudadanos si su lealtad es con la ciudad y lo que eso implica, o por el contrario si su lealtad es con los avaladores que  le llevaron a ese cargo. La democratización, como argumenta Hobsbawm (1998), no debe confundirse con la electorización, asunto este que hizo estragos desde finales del sigo XIX.  El problema es que cuando los intereses del Estado dependen de la participación ciudadana, y  no exclusivamente de la voluntad del mandatario, se requiere que resuene la voz popular. Los murmullos y voces aisladas no son suficientes.