Te invito, una vez más, a que te quejes menos por los problemas de la ciudad y, en vez de eso, a que disfrutes del calor, de la lluvia repentina, del Pereirita y hasta del Megabús.

 

maria-victoria-velascoPor: Victoria Velasco M.

Nací en Valledupar hace 25 años y hace casi cuatro vivo en Pereira. No viajo mucho, pero conozco un par de ciudades y debo decir, sin temor a equivocarme, que ésta ciudad es un paraíso. Permíteme contarte por qué:

Crecí en una ciudad en donde la temperatura no baja de 30°, cuando estamos de suerte y llueve. En cuanto al sistema de transporte público, cuando salí de Valledupar el más usado era el mototaxismo (desempleados que usan sus motos para hacer carreras a quienes lo necesiten), en esa época costaba $1.000 la carrera, hoy está alrededor de $2.000 dependiendo de la distancia que recorra. No puedo hablar de buses, porque realmente lo que circulaba eran unas latas oxidadas sin aire acondicionado, en las que debías gritar ¡paradaaaaa!, para que pudieras bajarte.

Había 3 clínicas y un hospital; si mi EPS no le había pagado a la clínica, el vigilante no me dejaba entrar ni siquiera a triaje a menos que demostrara que me estaba muriendo, como por ejemplo, mostrándole el corazón en la mano o algo por el estilo. Hoy hay más clínicas, pero la situación, como se lo imaginarán, es peor.

En un día normal, puedes ver más de 50 motos en un semáforo, el nivel de accidentalidad es absurdo; allá sí que se va a arruinar el Soat.

Crecí con la costumbre de mis abuelos de verlos sentarse en la terraza de su casa a partir de las 5:00 pm; yo salía a jugar en la calle con los amigos cuando era niña y una vez llegada la adolescencia también me sentaba en la terraza de mi casa a hablar con mis amigos, muchas veces nos sentábamos en sus casas. Era una costumbre que heredamos de nuestros padres y ellos de los suyos. Eso ya no se puede hacer. Nos colocaron una cárcel de máxima seguridad, se desmovilizaron las AUC, aumentó el mototaxismo y no hay trabajo; se podrá imaginar los niveles de delincuencia de mi amada ciudad.

Cuando llegué a Pereira, me encontré con que cuando aquí hace calor, la temperatura no pasa de 27°, ¡el paraíso! Aquí llueve cuando menos lo esperas y la temperatura baja. Para nosotros, la lluvia es la esperanza de una tarde fresca, y no llueve tan seguido como aquí.

Aprendí a usar Megabús y las busetas normales, y por cierto, hay muchas. El tema del transporte aquí no es caótico, incluso, los taxis son económicos. Por otra parte, la atención médica no es muy diferente, así que ese aspecto no puedo alabarlo ni aquí, ni en ninguna otra ciudad del país. En la mayoría de los barrios puedo caminar sin esa incertidumbre horrible de que me vayan a robar (obvio no me olvido de aquello de “no dar papaya”).

Podría quedarme dándote muchas más razones por las que me encanta esta ciudad, y quiero aclarar que no se trata de hablar mal de la mía, por el contrario, siento un dolor profundo de ver en lo que se ha convertido; quiero invitarte a que vea más positivamente tu ciudad, que la ames y procures quejarte menos de ella; de veras que es un paraíso.

Escucho a muchos pereiranos quejarse y pienso que no siempre tienen la razón porque tengo en mi mente la situación de mi ciudad y, créeme, aquí las cosas son mucho mejores.

Esta es una invitación para que ames lo que tienes y, en especial, para que lo cuides; es una invitación a que luches por lo que es bueno, a que vayas a el estadio cuando juegue el Deportivo Pereira, a que le pidas al alcalde que no suprima los programas de cultura, a que asistas a los conciertos en el Lucy Tejada, a que apoyes el comercio y la empresa pereirana. Te lo digo como una pereirana adoptiva, esta ciudad es bella y buena, tiene sus defectos, pero créeme, son más los aspectos positivos que los negativos.

Te invito, una vez más, a que te quejes menos por los problemas de la ciudad y, en vez de eso, a que disfrutes del calor, de la lluvia repentina, del Pereirita y hasta del Megabus.

Twitter: @Victoria_VeM